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  • Ciudadano Toriello

Sopa de letras

“Sandra y Zury son lo mismo / Sury, Zandra... ¡ya, Mattei! / son el puro Continuismo / pa´que nó triunfe la Ley”. El 70% ya sabe por quienes nó hay que votar en las próximas elecciones. Lo que la mayoría de la gente aún no tiene claro es por quien sí convendría votar. Aprovechándose, la estrategia del régimen es multiplicar las opciones hasta el absurdo, para que el conocimiento previo de sus candidatas por el público, cobre mayor peso relativo. Por eso, esa “sopa de letras” de “partidos” que no lo son y su patética cohorte de candidatos “mudos”. Por eso, también, algunos ciudadanos rebeldes están en proceso de consolidar una agenda política básica de amplio espectro, en torno a la cual se pueda aglutinar una efectiva oposición real.


La capital de Guatemala está conectada con el resto del país por sólo cuatro caminos dignos de tal nombre. Si estuviéramos en guerra, un solo avión, con cuatro bombas, en cuestión de minutos dejaría incomunicada a la cabeza del resto del cuerpo nacional. Aún sin estar en guerra, nuestros incapaces gobernantes ya han logrado ilustrar el asunto: Villalobos interrumpido durante semanas por “un hueco” surgido de malos drenajes; la salida a Occidente, durante largas horas, por derrumbes previsibles; el puente Belice en grave riesgo, por falta de mantenimiento y planificación; y ahora, el potencial desplome de una sección vital de la Carretera a El Salvador amenaza al público con otro gran dolor de cabeza más. Eso sin mencionar el resto de carreteras, la vergonzosa contaminación del río Motagua, el deplorable estado de los sistemas de salud y de educación, nuestra asquerosa administración de justicia, la indefensión contra el crimen y un largo etcétera. Mientras tanto, la mayoría de los funcionarios, enfocados sólo en cómo lograr impunidad, para robar más. Así que tenemos que organizarnos para defenestrarlos por las buenas, ciudadano, o aquí va a darse otra revolución…


Empecemos por analizar el sistema político. En el electorado guatemalteco hay cinco corrientes de opinión que -si fuéramos una democracia funcional y no la farsa que aún somos- serían cinco partidos políticos estables, entre los que podría usted escoger, directamente. Esas corrientes son:


(i) La de los ultra-conservadores, que pretenden que las cosas no cambien en lo fundamental, pues ello podría resultar en “grave peligro” para la estabilidad de las prácticas sociales y económicas de la que sus intereses dependen. Aunque son aproximadamente sólo un 15% del electorado, sus partidarios provienen, mayoritariamente, de los grupos sociales con mayor acceso a la educación, a la información, al crédito y al control del aparato productivo, por lo que, de facto, gobiernan y han gobernado, directa o indirectamente, el 90% del tiempo, durante los últimos dos siglos. Se resisten al cambio y han permeado la cultura guatemalteca a tal punto, que consideran que sus intereses y los intereses de la Nación “son lo mismo”; hasta el extremo de “mirar hacia otro lado” cuando la acción política se torna inmoral o violenta. Se definen no por una afirmación de sus verdaderas creencias (su disimulada fe en fórmulas autocráticas), sino por aquello contra lo que están, son nuestros furibundos “anti-comunistas”; aunque a veces esgriman, del diente al labio, postulados supuestamente “liberales”. Para la siguiente elección, y pese a su supuesta fidelidad a “los valores cristianos tradicionales”, probablemente apoyarán a la candidata que ya va por el quinto marido...


(ii) La de los neo-leninistas, surgidos aquí en los 1960’s de una aguda frustración con la terca prevalencia de nuestro régimen ultraconservador, al que consideran -sin equivocarse mucho- el origen de todos nuestros males. Inspirados por la Revolución Cubana de 1959, se alzaron en armas contra el Estado y fueron derrotados. Desde entonces, mutatis mutandis, “continúan la guerra por otros medios”, habiéndose insertado eficazmente en varios cuerpos sociales, en los que actúan como “durmientes”, a la espera del momento propicio (cuando “se den las condiciones objetivas y subjetivas”) para imponer sus fracasadas y despóticas “soluciones”. Pese a la abrumadora evidencia histórica de que sus fórmulas no sirven, son guiados por intelectuales amargados que se nutren de la amplia insatisfacción social de los sectores desposeídos que están más conscientes de su predicamento. No creen en las instituciones republicanas ni en “la democracia burguesa”, son “anti-sistema”. Su profundo resentimiento les impide flexibilidad, pero aún así, aglutinan a otro 15% del electorado. Muchos de este grupo, por otra parte, también se han corrompido hasta el tuétano, de manera que ya no son genuinos. Otros, disimulan. Para la siguiente elección, probablemente, se dividirán entre Sandra y Thelma. Al destacar, le hacen el juego a los ultraconservadores, al concitar amplio rechazo en “la segunda vuelta”.


(iii) La de los social demócratas. Dentro del 70% de los electores que realmente no se sienten cómodos con ninguno de los grupos anteriores, una amplia gama de ellos cree que respetando las fórmulas republicanas (incluyendo, en particular, las elecciones democráticas) y sin abandonar completamente el sistema de economía de mercado, es necesario que el Estado tome un papel preponderante en la conducción económica del aparato productivo. En una democracia sana, políticamente estable a largo plazo, con sus diversas facciones cobrando relevancia según sea su peso del momento dentro de las volubles preferencias del electorado, esta corriente de opinión debería usualmente alternarse en el poder con el siguiente grupo. Como sabemos, en Guatemala el 90% del tiempo no ha sido así. A falta de información estadística confiable, digamos que son la mitad de los “moderados”, es decir un 30/35% del actual electorado guatemalteco. A este grupo, por supuesto, los ultraconservadores “los meten en el mismo saco” que a los neo-leninistas, los califican de “ultra-chairos” y tratan de ridiculizarlos e invisibilizarlos. Para la siguiente elección, en primera vuelta, aunque pareciera aún no encuentran un interlocutor que realmente los entusiasme, están insatisfechos, buscándolo; y aunque son susceptibles de “darle el beneficio de la duda” a gente más radical, podrían terminar decantándose por un partido relativamente reciente, como los que ya han empezado a surgir. En la segunda vuelta, si triunfa la trampa del régimen, los dos primeros grupos tratarán de seducirlos, apelando al “miedo al comunismo”, el primero; y apelando al hartazgo con el régimen y a una supuesta moderación recién descubierta, el segundo.


(iv) La de los del “Centro-derecha”. Son otro amplio arco que incluye desde conservadores inteligentes y moderados, hasta libertarios, pasando por distintas versiones del pensamiento liberal clásico. A diferencia del grupo anterior, esta corriente de pensamiento considera que el rol del Estado en la Economía -y en la sociedad- debe ser visto con mucha cautela, pues generalmente, pese a las buenas intenciones, su acción termina siendo ineficiente y proclive a la corrupción. A diferencia de los ultra-conservadores, están dispuestos a convivir, en incómodo equilibrio, con los social-demócratas gobernando, si tal suceso se da en el marco del respeto a las instituciones republicanas; en particular, si triunfan electoralmente en un proceso eleccionario legítimo. Son vistos por los ultraconservadores como “tontos útiles”, ingenuos, “chairos de closet” o “socialistas Gucci” y son frecuentemente ridiculizados y “boicoteados” en los círculos sociales (la pequeña burguesía, en términos marxistas) de donde mayoritariamente provienen. Como son, fundamentalmente, moderados, actúan con prudencia, pero ejercen su voto secreto conscientemente y son, digamos, el otro 30/35% del mayoritariamente moderado electorado chapín. También están insatisfechos con la oferta política que hoy ven y están a la espera de que surja algo que valga la pena. Si no surge algo decente, terminarán votando a regañadientes, en la segunda vuelta, “por el menos pior”...


(v) No puede dejar de mencionarse a los “pancistas”, los que sólo se mueven para saciar las urgencias de “su panza”. No son un grupo estadísticamente significativo (un 5%, quizá), pero tienen una incidencia desproporcionada a sus números en la conducta política de nuestro cuerpo social. Son los cínicos operadores reales de nuestro mundillo político, los “listos”, con puntos de vista acomodaticios; los habilitadores -y beneficiarios- de una práctica política crecientemente transaccional. Siempre se suben al carro ganador, lo que usualmente implica el de los ultra-conservadores. Son quienes han hecho que funcione el “pacto de corruptos”...


El reto de Guatemala es echar, con nuestra votación mayoritaria, a las dos primeras formas de pensar, y a la última, al basurero de la Historia. Como ya lo demostró la experiencia salvadoreña, eso puede lograrse si se logra una gran convergencia del 70%, que es moderado. A ese efecto, en la Alianza por la Auténtica República Democrática (ARDE), continuaremos escudriñando la oferta política nacional, dialogando y evaluando. Tratando de identificar lo que haya de genuino en “la sopa de letras”, para alertar a la estructura informal de liderazgo de la Nación. Buscando a quienes se puedan comprometer a una agenda de auténtico rescate republicano, para gestar una convergencia política masiva -entre derechas e izquierdas moderadas y democráticas- en el momento eleccionario oportuno. Para crear el “tsunami de votos” que se necesita. Con su auxilio, ciudadano, lo lograremos. La batalla entre la inteligencia y el dinero malhabido viene...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 27 de Septiembre de 2022"


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