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  • Ciudadano Toriello

Lecciones del 2015

“La Verdad no se encuentra ni en la tesis ni en su antítesis, sino en la síntesis que emerge al reconciliar ambas.”- Jorge Guillermo Federico Hegel (1779-1831).



Desde que hace más de dos mil años los romanos sentaron las bases del Estado moderno, pueblos de todas las épocas y de todas las latitudes han aceptado la carga de mantener un gobierno, en la expectativa de recibir, a cambio, cinco bienes públicos esenciales: (1) salud y (2) educación; (3) infraestructura básica (drenajes, agua potable, caminos y comunicaciones); y (4) seguridad y (5) justicia.



En Guatemala, no obstante, el ciudadano observa incrédulo cómo los pacientes se mueren en los pasillos de los hospitales nacionales (“por falta de camas”), atendidos por personal médico insuficiente, mal pagado y mal proveído; mientras el doctor Timo Chenko, “amigo de los rusos” y de las alfombras persas, decide comprar la peor vacuna del mercado (al doble de precio, eso sí), que además, no se sabe si llegará a territorio nacional antes de que se extinga, de muerte natural, la pandemia que nos aqueja. Seguimos, a estas alturas del siglo XXI, con una inaceptablemente gruesa proporción de analfabetas y a muchos niños de las áreas rurales aún les “enseñan” sentados en el suelo y utilizando un cajón como pupitre; mientras la mayoría de los fondos asignados se va en componendas con sindicatos corruptos, sin dejar espacio para la adquisición de elementales materiales didácticos. Todas las cuencas del país se han convertido en cloacas, pues las autoridades no toman en serio ni la disposición de las aguas negras y servidas, ni el tratamiento de nuestros desechos sólidos; todo lo cual nos mantiene en perpetua búqueda de antisépticos y desparasitantes, mientras oscuros y descarados alcaldes se vuelven millonarios con las “transferencias constitucionales” del presupuesto nacional. En plena ciudad capital, conseguir agua dulce (no necesariamente potable) es un calvario diario para muchos habitantes, como si aún viviéramos en la Edad Media. Nuestros escasos, destrozados e inseguros caminos, nos permiten desplazarnos sólo un poco más rápido de lo que conseguíamos en la era del caballo y la carreta de bueyes y ni hablar de infraestructuras más ambiciosas en este país que ya ni siquiera cuenta con un pedestre servicio de correos. La población sobrevive “a salto de mata” porque asaltan en los buses, en la esquina del barrio o en la tienda; mientras la policía no llega o mira para otro lado (lo cual a veces es preferible porque hay “agentes del orden” que son más peligrosos que los “verdaderos” delincuentes). Y todo mientras observa el pueblo, impotente, cómo criminales de toda laya son tratados con lenidad y deferencia por jueces venales; en particular, cuando se trata de procesar a Alí Babá o a sus cuarenta ladrones, los que hoy, en cada vez más instituciones cooptadas, nos gobiernan...



Cualquier somero análisis de la situación nacional llega a la inescapable conclusión de que aquí el Estado no cumple sus funciones, pero es uno en el que los gobernantes y sus allegados pasan, en cuatro años, “de pelados a millonarios”, siempre que le pasen su cuota “al capo”. Con evidencia “filtrada” por la inteligencia norteamericana en nuestro país, la CICIG empezó a documentar el grosero y sistemático latrocinio hace un lustro y pico; y en consecuencia, la ciudadanía, al comprobar, indignada, sus sospechas, reaccionó. Las tomas de los parques y sobre todo las concurridas manifestaciones en “la Plaza” de la capital, fue una masiva expresión de insatisfacción - de la mayoría consciente del país- hacia un Estado que no cumple con sus funciones básicas. Se hizo evidente, además, la conexión entre el robo al erario, el financiamiento de las elecciones y la perpetuación de nuestro atraso. Y por un efímero momento, la protesta ciudadana, extasiada, sintió que había triunfado. Pérez Molina, la Baldetti y su combo de ladrones fueron a parar al bote, a la espera de ser procesados judicialmente...



Pero después elegimos a aquél que hipócritamente nos dijo que no era “ni corrupto, ni ladrón”. Por las prisas y las trampas del sistema, no pudimos conocerlo mejor “antes de comprarlo”. Así que el diseño de nuestro perverso sistema político de nuevo funcionó y de aquél momentáneo triunfo pasamos a una fortalecida regresión. Pese a que la mayoría ciudadana siempre ha querido que “se termine la limpia” que empezó la CICIG, el régimen, apelando a errores, exageraciones y hasta ocasionales abusos, la echó. Y luego se aseguró de que de nuevo escogiéramos “al menos peor” y la regresión continuó. Hoy, los corifeos del régimen han llegado hasta al extremo ridículo de tildar a Joe Biden y a su gobierno de ¡comunistas! por mostrar su preocupación con la perversión de nuestra administración de justicia. Y apelando a una supuesta defensa de la soberanía (¿dónde estaban cuándo míster Trump nos llamó públicamente “hoyo de mierda”?) pretenden justificar el hacer exactamente lo contrario de lo que la mayoría quiere. La lección es que la protesta ciudadana, si nó se articula políticamente, es insuficiente...



Es insuficiente porque el sistema político actual de Guatemala no responde a las demandas ciudadanas, es más, las desprecia. Ha dejado abundante evidencia, además, de que no se reformará a sí mismo, porque a sus actuales dueños no les conviene. Está estructurado para amordazar la auténtica discusión política y darnos a escoger, realmente, sólo entre opciones inocuas, con candidatos “mudos”, cuyas ideas y propuestas no conocemos (ni conoceremos jamás, porque no existen), sólo identificados vagamente, como “de derecha” o “de izquierda”. Y a estas últimas sólo se les permite participar en calidad de “espanta-pájaros”, utilizando la ya difundida -y lógica- desconfianza de nuestro pueblo hacia el neo-marxismo radical, para asustar al electorado “con el petate del muerto”. En la “primera vuelta”, entre codazos, empujones y mucho “juego sucio”, quedarán seleccionados las “finalistas”, pero el juego ya es “lotería cantada”. Ahora mismo se está preparando el próximo espectáculo que enfrentará a “la candidata de CODECA” contra “la hija del general”. No se necesita ser Nostradamus para pronosticar el mensaje subliminal: “los salvaremos ‘del comunismo’ y después, si tienen paciencia, con ‘la inversión internacional’, vendrá ‘el derrame de prosperidad’”. Y vuelta la burra al trigo, más de lo mismo: más “millonarios instantáneos” y más problemas sociales sin resolver. Y así, seguiremos atrapados en esa absurda y ya casi centenaria trampa de tener que escoger entre “los que no quieren que las cosas cambien” y “los amigos de repartir lo ajeno”...



Urge, entonces, despertar de nuevo un amplio movimiento ciudadano. El sistema no permite fácilmente crear un nuevo partido político ad-hoc, pero docena y pico de “vehículos electorales” están “por entrar a la palestra”. La mayoría son ensambles transaccionales, sin ideología, sin democracia interna, con dueños que buscan “venderse al mejor postor”. Parte de la estrategia del sistema es, precisamente, que se atomice la competencia, para fortalecer a “la preferida”, por “confiablemente conservadora”, porta-estandarte del sistema. Eso es lo que hay que vencer. Para ello, hay que buscar dónde “se coló” un poco de idealismo entre tanta miasma. El movimiento ciudadano debe decir: BUSCO UN PARTIDO que nos convenza de (1) que “terminará la limpia” que empezó la CICIG; y (2) que iniciará nuestro camino hacia una República de todos los ciudadanos, alejándonos de la república bi-polar.



A los que defiendan a este corrupto sistema cleptocrático hay que enviarles claras manifestaciones del REPUDIO CIUDADANO. QUE SEPAN QUE NO VOTAREMOS POR CANDIDATOS QUE NOS QUIERAN IMPONER MAS DE LO MISMO. SIETE DE CADA DIEZ guatemaltecos quieren que las cosas cambien. Habrá un 15% de gente que nos llamará “chairos”; y otro tanto que como siguen siendo neo-marxistas recalcitrantes, también nos considerarán enemigos. Pero la verdad es que la mayoría no queremos ni un extremo ni el otro. La mayoría sabemos que Guatemala tiene un destino promisorio, que puede ser una democracia real con un capitalismo incluyente, que será un emporio comercial entre dos mares, un ejemplo para nuestros hermanos hispano-americanos y un sorprendente enigma para el resto del mundo. Sólo hace falta que esa talentosa, abnegada y ya harta mayoría ciudadana, cobre consciencia de sí misma, le recuerde a los políticos que su misión es servir al pueblo y no al revés, y tome así , en sus propias manos, las riendas de su destino...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 28 de Septiembre de 2021"

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