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  • Ciudadano Toriello

¿Hay futuro en Guatemala?

“Salía Diógenes, el griego, de la vieja ánfora de barro que le servía de improvisado dormitorio y siendo ya de día, encendía su lámpara. La gente del mercado de Atenas, asombrada, le preguntaba por qué lo hacía y él respondía: ‘busco a un hombre honesto’…” – según cuenta el biógrafo romano Diogenes Laertius. Si aún viviera, no cabe duda que Diógenes seguiría encendiendo su lámpara, dos milenios y pico después, en la Guatemala de Giammattei...



Con extemporáneo “bombo y platillo” y tras dos décadas de construcción, el saliente y cuestionado gobierno de Juan Orlando Hernández, anunció “la exitosa culminación” de “el Canal Seco Hondureño”, al haber completado el último tramo de una carretera de cuatro carriles que atraviesa Honduras desde las inmediaciones del Golfo de Fonseca hasta Puerto Cortés, en el Mar Caribe. En contraste con Guatemala, que cuenta desde hace muchos años con una cadena de carreteras asfaltadas entre el ahora llamado Puerto Quetzal, en el Pacífico, y el Puerto Santo Tomás de Castilla, en el Atlántico, la carretera hondureña, sobre un derecho de vía estatal de unos 40 mts. de ancho, es más corta y tiene un diseño más moderno y menos obstáculos; por lo que el paso vehicular entre uno y otro océano puede hacerse, “de punta a punta”, en esa desconectada ubicación catracha, en aproximadamente un tercio del tiempo que toma un paso equivalente, actualmente, en territorio chapín. En el caso hondureño, sin embargo, su “canal seco” aún no cuenta con un puerto operativo en el Pacífico, por lo que la idea es, adicionalmente, construir uno nuevo en Amapala o eventualmente hacer la conexión con el reciente y relativamente desocupado puerto de La Unión, en El Salvador. El proyecto fue concebido por sus financistas, principalmente el BCIE, para transportar “volúmenes de carga menor”, fundamentalmente locales (algo que ya demostró Henry Posner, de la “Railroad Development Corporation” (RDC), no es gran negocio, al fracasar con “la privatización” de FEGUA, a través de Ferrovías de Guatemala). ¿Otro “elefante blanco”, que realmente no cambia nada, pero que deja jugosas “mordidas”? Ambas “conexiones interoceánicas”, la chapina y la catracha, palidecen al compararse con el proyecto actualmente en ejecución en el istmo de Tehuantepec, en México, donde el gobierno está re-acondicionando y renovando el antiguo trazo interoceánico del Porfiriato, para contar, antes de que finalice el período de AMLO, con un Corredor Interoceánico multimodal (ferrocarril, poliductos y carretera). Concebido para insertarse en el comercio marítimo mundial, el proyecto mexicano tendrá una capacidad anual de trasiego de 1.4 millones de TEU´s (un “TEU”, Twenty-foot Equivalent Unit, es una unidad equivalente a un contenedor estándar de 20 pies de largo), entre los puertos de Salina Cruz, en las costas del Estado de Oaxaca y el de Coatzacoalcos, en el Estado de Veracruz.


Guatemala, no obstante, cuenta con una competitiva alternativa potencial. Contra la persistente acción de varios enemigos y detractores locales y extranjeros, un grupo de visionarios empresarios no-tradicionales guatemalteco logró integrar un inmueble interoceánico privado de 140 mts. de ancho, concebido para desarrollarse como una conexión multi-modal internacional con tecnología de punta, entre dos nuevos puertos de gran calado en cada océano, con una capacidad inicial de trasiego de 10 millones de TEU´s anuales. En relación a Tehuantepec, este proyecto tiene dos ventajas principales: (i) una ventaja “topográfica” que incide en el costo energético del trasiego: aquí hay que remontar una altura que es menos de la mitad de la que hay que remontar en la sierra oaxaqueña; y (ii) aquí se trata de un proyecto privado, que conforme a la legislación guatemalteca, si el proyecto se llega a materializar, será menos vulnerable a los obstáculos burocráticos y a la endémica corrupción que caracteriza a este tipo de proyectos, cuando son de naturaleza estatal. Por esas y otras razones de naturaleza tanto técnica como geopolítica, el Corredor Interoceánico de Guatemala (CIG) ha despertado desde hace años el interés de varios actores internacionales de mucho peso en el mundo de la logística internacional. Las dimensiones del inmueble interoceánico guatemalteco (integrado por aproximadamente 3,800 pequeñas propiedades de más de nueve mil familias del agro oriental chapín) permiten desarrollar un proyecto auténticamente futurista, diseñado desde el inicio para incidir en la estructura de los flujos marítimos del comercio mundial, que tienden a la consolidación de rutas regulares transoceánicas en buques cada vez más grandes y no sólo a cavar “un nicho” en la dinámica de los flujos actuales. Este proyecto, además, tiene el potencial de transformar de raíz la estructura socio-económica guatemalteca, no sólo porque se podría constituir en un novedoso “motor productivo” para nuestra macro-economía, sino porque la amplitud de su estructura de propiedad y su carácter de alianza público-privada desde lo local, alteraría significativamente la correlación tradicional de nuestras fuerzas sociales, propiciando una efectiva movilidad social ascendente y prosperidad ampliamente distribuida. Conforme a lo que indican estudios técnicos ejecutados por especialistas internacionales en la materia, Guatemala podría constituirse en un pujante eslabón logístico de talla internacional e iniciar un inusitado desarrollo en el marco de un capitalismo incluyente y socialmente responsable. Eso, por supuesto, si las fuerzas oscuras que conspiran para adueñarse de ésta y otras potenciales fuentes de riqueza en nuestra tierra, no logran prevalecer...


He ahí el problema de fondo, ciudadano. Guatemala padece, desde hace muchos años, de una enfermedad que se agudiza cada vez más: vivimos bajo un régimen en el que la mayoría de quienes llegan al poder consideran que toda provisión de bienes y servicios a cargo del erario nacional, son abierta fuente de enriquecimiento personal accesible a los temporales dueños de “la piñata”. Prácticamente ya no se adquiere nada en el Estado (ni bienes, como digamos vacunas o libros; ni servicios, “vendidos” por corruptos sindicatos), sin sobreprecio y trampa. Eso, a su vez, incentiva que todo negocio importante se trate de incorporar, de alguna manera, al dominio de las mafias, en la co-optada esfera estatal. Lenta pero inexorablemente, el país ha ido cayendo en manos de una amorfa coalición de seudo-empresarios y funcionarios corruptos en los tres poderes del Estado, que impiden cualquier actividad sobre la que puedan incidir, si no reciben “su tajada”. Cualquier interés nacional, consecuentemente, se subordina a la obsesión por el rápido enriquecimiento personal de los funcionarios de turno, aunque el país se caiga en pedazos. Carreteras destruidas, infraestructura de salud y educación precaria, inseguridad generalizada. Escándalo tras escándalo, además, nuestros cínicos gobernantes progresan en su campaña para ahogar a la prensa independiente, perseguir a fiscales y jueces no-alineados y orquestar las condiciones que les permitan asegurar la permanencia de su régimen en el poder, para luego vivir impunes. Así, una corrupta pero disciplinada minoría impone su voluntad a la mayoría del electorado: en el interior, con sus fortunas malhabidas, hacen una eficaz combinación de política burdamente transaccional con solapada o abierta coerción; y en los ambientes más urbanos, asustan “con el petate del muerto” del “comunismo internacional” a las cada vez menos despistadas, pero aún ingenuas clases medias. Por burdo que parezca, hasta ahora, el sistema ha funcionado: el actual presidente Giammattei, por ejemplo, “pasó a segunda vuelta” con poco más de 600 mil votos, en un país en el que hay 10 millones de ciudadanos con derecho a DPI, de los que sólo la mitad votaron. En la segunda vuelta, tres de cada cinco votantes (que fueron, apenas, 3.5 millones) decidieron que él era “de los males, el menos”. Y con ese “mandato popular” el actual gobierno ha venido agudizando la regresión en la administración de justicia que tiene a las mafias firmemente enraizadas en las estructuras del poder. Con esa “autoridad moral” enciende “en patrio ardimiento” cuando la comunidad internacional que cuenta, expresa su preocupación con nuestro evidente deterioro institucional; acusando “al G-13” de “injerencia”, mientras, por otro lado, acude bochornosamente a las dádivas de la tristemente acorralada Taiwán, para que le pague su torpe cabildeo en los abominables círculos trompistas de la capital imperial...


Pero aún tenemos libertad de expresión, ciudadano. Aún contamos con la garantía del voto secreto (si logramos impedir la ilegal aunque creciente práctica de “pedir prueba fotográfica en el celular”, en las ubicaciones donde por pobreza e ignorancia, todavía es posible “comprar” el voto). La estructura informal de liderazgo de nuestra sociedad ya probó una vez su poder de persuasión cuando con su influencia en la opinión pública impidió que Baldizón, con todo y sus millones malhabidos, alcanzara el poder. Lástima que entonces nos engañó aquel que dijo que no era “ni corrupto, ni ladrón”, pero la lección quedó aprendida. La ciudadanía consciente debe prepararse para impedir que de nuevo los extremos del espectro político nos obliguen a escoger “entre el cáncer y el sida”. Ello requerirá de un ejercicio de gran madurez política que permita la construcción de una gran alianza en la que actores que “no se llevan” deberán estar dispuestos a hacer concesiones que nos permitan “cambiar de régimen” pacífica y democráticamente. Una “gran carpa” en la que quepan desde conservadores moderados hasta social-demócratas, pasando por distintas expresiones del liberalismo. Con discrepancias, pero todos demócratas y creyentes en el Estado de Derecho, dispuestos a acatar el sentimiento de la mayoría del electorado. Para darle fundada esperanza a la ciudadanía. Para rescatar nuestro futuro. Sí; esté atento ciudadano. Si jugamos nuestro rol cívico, los ladrones del erario irán a parar “al bote”. Si nos involucramos como corresponde a ciudadanos plenos, la mayoría silenciosa, finalmente, rugirá. Sólo así tendremos la posibilidad de rescatar nuestro futuro...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 25 de Enero de 2022"

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