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  • Ciudadano Toriello

Guatemala en la encrucijada del bicentenario


“Mi País...más que mi Patria, mi raíz; más que mi suelo, la matriz... (en la que) los sueños los prohibía el Presidente... Como quisiera saber que tu gente vive más feliz... que algunos falsos hijos no te siguen pintando de gris... mi Patria, mi raíz...” – Ricardo Arjona, cantautor guatemalteco (SIN PERMISO DEL INGUAT).



Ahí andan dando de brincos, jubilosos y envalentonados, porque la CC dizque “ya no es la Corte Celestial” (es decir, ya no podrá ser el único contrapeso institucional a los desmanes del régimen), sino que ahora, aunque sea efímeramente, pretenden convertirla en la Corte de los Compinches. No les importa, como a “mi general Reyes” en tiempos de Estrada Cabrera, que además del Pueblo, “todo el cuerpo diplomático” manifieste su sorpresa y desagrado, porque no están conscientes de su patética debilidad y de que son, apenas, “flor de un día, amor de un rato” y que más temprano que tarde, el escurridizo poder que hoy detentan, se les irá de las manos. Por eso Guatemala, por ejemplo, es el único país del mundo en el que un Banco le puede cambiar a usted, unilateralmente, la tasa de interés en sus préstamos (porque a su banquero “se le hincha” y qué) y donde la apaleada clase media, pagando tasas de usura en sus tarjetas de crédito subsidia groseramente a los prestamistas corporativos - a eso le llaman algunos trasnochados “libertad de mercado” y para eso, por ejemplo, es que necesitan una CC que proteja su peculiar versión del “estado de Derecho”, sin “excesivas -y socializantes (¡!)- regulaciones”. Sí, “certeza jurídica” para seguir clavándose al débil, mientras “le meten miedo” a los despistados con aquello de que cualquier intento de proteger al ciudadano de a pie, quiere decir que “ahí vienen los comunistas... ¡ay! vienen los comunistas”. Si no tuviese consecuencias trágicas esta forma de pensar, por primitiva y miope, llamaría a risa...


Nos acercamos al bicentenario del predominio del pensamiento conservador en Guatemala y en dos siglos se va a quedar, porque la Resistencia Ciudadana está viva y ya viene el gran cambio. Mientras haya ciudadanos como Chepe Zamora, Alfonso Carrillo o Juan Francisco Sandoval, por ejemplo, habrá esperanza en que aquí es posible una República de todos los ciudadanos; la ciudadanía está despertando y como “ya se están alineando los astros”, al final del cuento, prevalecerá. Pese a su centenar de mercenarios blogueros y twiteros a sueldo, a los apologistas de la cleptocracia conservadora se les acabaron los argumentos y ya sólo les quedan los insultos y las calumnias. Y sus desesperadas medidas de hecho, como nombrar “a puro tubo” a “su” CC. El asunto viene de lejos: (1) en 1821, dieron el “golpe independentista” (conservando al frente del régimen ¡al mismo gobernador del Estado español!) para unirnos al absolutista “imperio de Iturbide”, porque “chís, esas novedades republicanas, nó”; (2) después, tras la debacle iturbidista y por no haber podido impedir el nacimiento de la República Federal, en 1825, con dinero bajo la mesa, hicieron fraude electoral, para seguir gobernando tras bambalinas, hasta que Morazán (aunque para nuestro infortunio sólo temporalmente, por no fusilarlos), los echó; (3) para preservar su monopolio sobre el comercio exterior, desde el exilio, propiciaron la guerra civil que nos redujo a la quinta parte de lo que algún día fuimos, lo que a continuación les permitió seguir gobernándonos a través de una ridícula monarquía aldeana (1839-1871), sin Constitución; (4) cuando, tras 1871, el avance institucional republicano ya no se pudo evitar, se disfrazaron de liberales y corrompieron la privatización del agro guatemalteco, para afianzar un bipolar Capitalismo de Plantación, cuyas secuelas aún sufrimos; (5) cuando la Revolución del 44 quiso ingenuamente ampliar la base republicana con la Reforma Agraria arbencista, en vez de adecuarla dentro del cauce institucional para hacerla similar a lo que Douglas McArthur hacía en Corea y Taiwán, buscaron el apoyo de la UFCO, para echar hacia atrás (1954) las agujas del reloj, con rompimiento constitucional; lo que a la postre resultó en el Conflicto Armado Interno; (6) temerosos porque la CICIG ponía en entredicho la legitimidad de su falsa democracia, a pesar de que siete de cada diez ciudadanos se oponían, echaron del país (2019) al intrumento más eficaz que hemos tenido para combatir la corrupción; y (7) como resultado de la regresión política que propició Mr. Trump en estos trópicos calientes, ahora, en el 2021, absurda y extemporáneamente envalentonados, pretenden cooptar completamente a la CC y con ello, al resto de Cortes...


Pero esta vez, la cuerda se les acabó. No se han dado cuenta, pero estamos arribando al fin del largo ciclo oligárquico-conservador. Ya no es fácil acallar a la opinión pública, hoy existe la internet. El mundo ya no tiene paciencia con los cuentos de las sociedades extractivas y excluyentes (como las serias advertencias de los países amigos evidencian) y Guatemala ya tiene más población que Bélgica o que tres países escandinavos juntos, por lo que su dinámica socio-económica es indetenible y la demanda por un capitalismo incluyente y una auténtica democracia los ha empezado a rebasar. Algunos temen que como pasó en Rusia, hace un siglo, la estupidez ultraconservadora le sirva en bandeja de plata el poder a los socialistas radicales, pero no será así: Guatemala no observa indiferente el fracaso de Cuba (ahora, tras más de “sesenta años de revolución”, a punto de entrar a un nuevo y eufemístico “período económico especial”), o el de Venezuela (muriéndose de hambre sobre un océano de petróleo); nuestra gente no “vota con los pies” yéndose a Nicaragua, o haciendo balsas para irse “al paraíso socialista cubano”... Pero tampoco está contenta con este remedo de democracia, con estos nuestros partidos que no son partidos, con nuestros “diputados desconocidos”, con la corrupción endémica, con nuestro fraude electoral estructural. Los guatemaltecos ya no tolerarán estar secuestrados por las güizachadas de ese 15% que no quiere que las cosas cambien o por el temor “al petate del muerto” de ese otro 15% que nos quiere dizque “reformar con el reparto de lo ajeno”. No desmaye, ciudadano. Vienen tiempos mejores. Bajo la superficie, grandes movimientos socio-económicos se están incubando y “cambiarán a este país desde su raíz”. Cuando despierte el 70%, será la hora de un auténtico liberalismo, del capitalismo moderno e incluyente, de la República de todos los ciudadanos. Aunque aún no sea obvio, nos espera un esperanzador horizonte en el próximo futuro: esta sociedad empezará de veras a hablar de política y estos corruptos ineptos ya no ganarán elecciones fácilmente. La dinámica demográfica, más grandes proyectos de infraestructura que sólo han estado esperando el momento propicio, empezarán a cambiar profundamente a nuestra hasta ahora abismalmente desigual estructura socioeconómica. No queda espacio ya para ahondar sobre el tema en esta columna, pero que el cambio viene, viene. Por ahora que rían los ensoberbecidos incautos de la grotesca y decadente cleptocracia. Al fin y al cabo, quien ríe de último, ríe mejor...



MIENTRAS TANTO, EN LA HAYA: Gracias a la ignorancia, la estulticia, el dolo (o todo lo anterior) de nuestros recién pasados y actuales gobernantes, el Tribunal que conoce el diferendo entre Guatemala y Belice está integrado, entre otros (cuatro de los quince magistrados), por jueces de Estados asociados a Belice en la Mancomunidad Británica de Naciones (la jueza Julia Sebutinde, de Uganda; el Juez Dalveer Bhandari, de India; el Juez Patrick Lipton Robinson, de Jamaica; y el Juez James Richard Crawford, de Australia), comprometiendo la imparcialidad y la legitimidad de una futura sentencia de irrevocables consecuencias para nuestra Patria. Este obvio sesgo antiguatemalteco en el caso pudo haber sido evitado invocando el Artlo. 26.2 y 26.3 del Estatuto de la CIJ en el “Acuerdo Especial” consumado por nuestros ineptos o dolosos diplomáticos y gobernantes (como nuestro reciente Canciller, el “cuasi beliceño” ex candidato Vicepresidencial, Carlos Raúl Morales). Además, tampoco se invocó el Artlo. 38.2, para exigir, como lo había hecho ya desde 1946 el Presidente Juan José Arévalo, la utilización del Criterio Procesal “ex aequo et bono” (conforme a lo equitativo y lo bueno), dejándonos a merced de aquel principio de piratas y bucaneros que siempre han promovido los británicos, el “Utis Possidetis” (que dice que el que conserva por la fuerza lo arrebatado después de un conflicto, se queda legalmente con lo arrebatado). Por eso, con la colaboración de elPeriódico, un grupo de ciudadanos indignados estamos preparando un “recurso de Amicus Curiae” ante la CIJ. Porque quienes por obligación debieran defender los intereses de la Patria, o aquellos que para otros fines son vociferantes “defensores de la Soberanía”, NO PARECEN ESTARLA DEFENDIENDO...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 20 de Abril de 2021"

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