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  • Ciudadano Toriello

El tren mexicano de Giammattei

“Mal avenido a su poder / con lo que se le escapa de la mano / es como el chucho del hortelano / que ni come ni deja comer.” – Refrán popular referido a cómo expresa su envidia, o su impotencia, el coyunturalmente poderoso.


Guatemala tiene una posición planetaria privilegiada, “en el centro del mundo”. Dada la peculiar geografía de las penínsulas de Yucatán y la Florida y la posición de Cuba, un paso interoceánico en el costado oriental de su territorio representaría la ruta náutica más corta entre Nueva York y Shanghai de todo el istmo mesoamericano, desde Tehuantepec hasta Panamá. También la topografía le favorece, pues mientras en Tehuantepec hay que remontar 2,400 mts de altura, en el Oriente guatemalteco, sólo 1,050, factor crucial. Además, en una de las zonas rurales más abandonadas por los gobiernos del país, un inusitado fenómeno histórico de colaboración social ha permitido la increíble integración de un inmueble interoceánico privado constituido por un mosaico de aproximadamente 3,800 pequeñas propiedades, asunto que ha merecido reconocimientos internacionales por su singularidad comunitaria y que despierta el interés del capital internacional, por la potencial ausencia de los usuales obstáculos burocráticos -y de corrupción- de los proyectos estatales. La actual crisis de la cadena de suministros mundial -que ha más que triplicado el precio de los fletes marítimos- evidencia más allá de toda duda razonable la saturación de las rutas existentes y la viabilidad comercial de al menos un nuevo paso interoceánico en el istmo. De hecho, no hace falta ser Nostradamus para comprender que todos los pasos interoceánicos mesoamericanos -Tehuantecpec, Guatemala, Nicaragua, Costa Rica, Panamá y Colombia- se habilitarán algún día, el asunto no es “si”, sino cuándo y en qué orden; y en ese sentido, el paso por Guatemala es el que por sus ventajas naturales tiene la mejor relación de costo/beneficio, para la coyuntura mundial actual. Si a todo ello añadimos que éste es el único proyecto en el horizonte guatemalteco con potencial de “cambiar la matriz” socio-económica, proveernos de un nuevo “motor económico” y lanzar al país -y al Trifinio centroamericano- por la senda de una prosperidad auténticamente integrada al comercio mundial, la pregunta es ¿por qué no está toda la “inteligencia” de nuestras instituciones volcada a hacer de ésto una próxima realidad? El Corredor Interoceánico es para Guatemala, lo que los analistas de EEUU denominan un “no-brainer” (no hay ni que pensarlo). No obstante, gracias a los propios gobiernos guatemaltecos y a otros interesados detractores locales, la rehabilitación del viejo corredor de Porfirio Díaz, en Tehuantepec, saldrá al mercado mucho antes que el proyecto chapín. Planificado para 1,400,000 TEU´s anuales, el proyecto de AMLO representa un séptimo de la capacidad planificada aquí para la primera etapa del CIG. Esto es, como tanto de lo que pasa en nuestro suelo, una historia de traiciones, mezquindades y crímenes...


Desafiando aquel cruel axioma de que “nadie es profeta en su tierra”, un grupo de quijotes encabezado por el piloto aviador retirado de nuestra Fuerza Aérea, Guillermo Catalán España, tras veinte años de lucha contra viento y marea, persuadió a las comunidades de la zona de influencia del proyecto, de la viabilidad de este sueño. En un sostenido esfuerzo de aproximaciones sucesivas y al amparo de nuestras garantías constitucionales, se llevó a cabo un largo proceso que incluyó análisis de fotografías aéreas, geo-posicionamiento satelital, estudios topográficos de campo e investigación catastral. Con el auxilio de connotados expertos internacionales, se definió una ruta específica que luego se negoció con las más de nueve mil familias directamente involucradas, así como con otras entidades comunitarias, para integrar la franja interoceánica. Pero cuando se hizo evidente que pese a los infaltables agoreros del fracaso, aquella visionaria iniciativa era efectivamente viable y financieramente atractiva, se despertaron las ambiciones y las envidias. Así, un grupo de “administradores de fondos” vinculado al capital tradicional local, se acercó al grupo promotor original. Ostensiblemente, la oferta era apoyar la capitalización inicial necesaria para lanzar el Proyecto a los mercados financieros internacionales, aunque eventualmente se evidenció que el interés, en realidad, era tomar el control de la promisoria iniciativa, mediante un -a la Hollywood- “hostile take-over”.


Se recomendó primero un acercamiento al gobierno de turno (en tiempos de Pérez Molina), el cual nombró “personeros del más alto nivel” que estuvieron a punto de embarrar al proyecto con el “capital negro” internacional y asociándolo con estafadores sancionados “oficialmente”, lo cual habría desacreditado irremisiblemente al grupo promotor original (¿la verdadera intención?). Posteriormente, tratando de hacer valer burdas güizachadas en entidades “offshore”, se pretendió “darle golpe” al grupo promotor original del proyecto, sin éxito. Al constatar su fracaso y frente a un cambio de estrategia de la dirigencia original, se optó por sabotear el proyecto por diversos medios. Se sobornó a una pequeña parte del personal que hizo la negociación original, con el propósito de robarse la información y convencer a la población de la franja a renegar de sus acuerdos previos y a re-negociar, mejor, “con los del pisto”. Cuando aquello también fracasó, se pasó de las coimas a las amenazas; resultando aquello en dos muertos, fieles colaboradores del proyecto, padre e hijo... crímenes deleznables, hasta la fecha impunes, pese a la presentación de las denuncias correspondientes. En un nuevo y lento proceso para rescatar al proyecto, sus líderes naturales pasaron del original esquema de ofertas mutuas de compra venta, a aportaciones de terreno a cambio de acciones. Ello despertó renovada oposición de los empecinados en resucitar el frustrado “take-over”. Se recurrió a las acciones legales espurias que lamentablemente son posibles en Guatemala (para tratar de ”empantanar” en los tribunales al proyecto) y a una “campaña negra” en la que cínicamente la violencia de que fueron víctimas los adherentes al grupo original, se esgrimió como “prueba” de que el proyecto está “en manos de narcos”, que no merece confianza. A mediados de 2019, otro incidente violento en el que un grupo de procuradores, topógrafos y negociadores del proyecto fue secuestrado, tuvo por resultado otros tres asesinatos, también hoy todavía impunes. El mensaje subliminal era claro: con el grupo promotor original, el proyecto no iría a ningún lado... No obstante lo anterior, las comunidades del área de influencia del proyecto reaccionaron repudiando decididamente los crímenes y reafirmando su apoyo al proyecto, a través de una Plataforma Social y Política en la que participan 44 municipalidades, 9 mancomunidades, 224 entidades agrícolas, 3 comunidades indígenas y aproximadamente, 1200 comités locales, como lo evidenciaron los socios del proyecto, en una multitudinaria Asamblea, en las afueras de Chiquimula, en Noviembre del mismo 2019...


Mientras tanto, y pese a que existe una declaración “legalmente firme” del Estado de Guatemala declarando al Corredor Interoceánico un proyecto “de utilidad pública e interés nacional” (AG No. 270-2013), el gobierno de Jimmy Morales, primero, y el del Alejandro Giammattei, luego, se han unido, de facto, al sabotaje del proyecto, a favor de sus propias maquinaciones. Al margen de una estudiada “indiferencia oficial”, existe evidencia circunstancial que indica, por ejemplo, que el gobierno de Morales logró que la anterior simpatía del gobierno norteamericano por el proyecto, “se enfriara” durante la Administración de Mr. Trump. “Casualmente”, tras tal enfriamiento, el entonces candidato Giammattei salió con su fantasioso plan del “tren rápido de Guatemala”, cuyo único eslabón rentable, era un redefinido Corredor Interoceánico. Asfixiar financieramente al grupo promotor original era la consecuencia lógica, seguida de un “rescate” por grupos cercanos al poder real, en un trazo que en el norte, pareciera “casualmente coincidir” con el del proyecto original. Pero pese a lo que aún creen algunos despistados, Mr. Trump perdió las elecciones en el país del Norte y con ello las expectativas de financiamiento norteño para muchas “grandes obras de infraestructura” quedaron truncadas... Lo cierto es que un proyecto de raigambre popular, con “reconocimiento oficial” e indudable potencial, es deliberadamente ignorado por el Gobierno de la República, cuyas instituciones de “promoción de inversiones en suelo nacional”, lejos de promoverlo, actúan como sus detractores. Durante la visita de Kamala Harris, por ejemplo, los esfuerzos del proyecto para acercarse a una misión que venía “en busca de fórmulas para inhibir la migración, por razones fundamentalmente económicas, a los EEUU”, fueron saboteados por nuestras propias autoridades. Eso sí, tenemos un gobierno que se apresura a firmar conexiones ferroviarias con los mexicanos para alimentar al Corredor Interoceánico de AMLO -el verdadero tren de Giammattei- y que deja el terreno abonado para enterrar un gasoducto en la vieja ruta de Justo Rufino Barrios, con los usuales mecanismos que sólo hacen millonarios a pequeños grupúsculos. “Cosas veredes, Sancho amigo”. Aunque no es de extrañar, viniendo de un gobierno que ha hecho posible el descarado escándalo de “la trama rusa”, que ignora que uno de los diputados que los apoya en el Congreso sigue votando en el hemiciclo a pesar de haber sido “cachado” por el MP dando un “cajonazo” de Q30 millones, y que persigue a fiscales, periodistas y jueces que les resultan críticos...


No podemos seguir así, ciudadano. Si queremos que el país se desarrolle, la cleptocracia que nos desgobierna debe ser defenestrada por el voto popular, pues ya están organizando una sucesión que les garantice impunidad y permanencia. En las próximas elecciones Guatemala se juega su destino. Esté atento. Es hora de echar a los mercaderes del Templo...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 18 de Enero de 2022"

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