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  • Ciudadano Toriello

El setenta por ciento

“Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no le alumbre” – refrán popular guatemalteco que al recomendar prudencia con candelas y veladoras, de paso sabiamente aconseja alejarse de posturas extremas y buscar la moderación.


Amigos conservadores moderados, que los hay, me indicaron que en mi columna de la semana pasada “se me fue la mano” al decir que “... (a)...los conservadores le debemos que se haya roto el hilo constitucional durante la Presidencia de Árbenz y que de ahí se hayan derivado setenta años de confrontación”. Señalan, con propiedad, que Árbenz había roto previamente ese “hilo constitucional” al orquestar la defenestración, a través del Congreso (1953), de varios magistrados de la Corte Suprema de Justicia (entre ellos al recordado patriota don Arturo Herbruger Asturias), por, para utilizar el léxico hoy en boga, “amparar” a unos finqueros que alegaban excesos ilegales en la aplicación de la Ley de la Reforma Agraria (Decreto 900). Es más, puede alegarse que “el hilo constitucional” se había roto aún antes, cuando Arévalo orquestó que una oscura “comisión del Congreso” fuera a “arrestar preventivamente” a Francisco Javier Arana, para enjuiciarlo “por sedicioso” in absentia, dando lugar a los trágicos sucesos del “Puente de la Gloria” (1949). Por supuesto, “la derecha” dice que el incidente fue un asesinato premeditado para dejarlos sin su candidato vencedor para las elecciones de 1950 y “la izquierda” dice que Arana estaba preparando un golpe, rompiendo aún antes que Arévalo el “hilo constitucional”... Así de vieja es esta confrontación entre la “izquierda” y la “derecha” en Guatemala y así de intensas las pasiones políticas que le dieron lugar. Lo que quise decir, sin embargo, es que habiendo pasado lo ya pasado, si el pensamiento conservador local, que contó con el auxilio material de nada menos que de la Presidencia de los EEUU y sus más allegados colaboradores (los hermanos Dulles y Henry Cabot Lodge), blandiendo las “variadas armas” de la poderosa CIA, no hubiese derrocado al gobierno a la fuerza en 1954, “otro gallo nos cantara”. Especulo que un candidato “de derecha” habría ganado las siguientes elecciones, moderando, pero no destruyendo, dentro del cauce constitucional (el de la Constitución de 1945), la Reforma Agraria arbencista (volviendo a sus beneficiarios pequeños propietarios capitalistas, como hizo MacArthur en Taiwán, Corea y Japón), y que de ahí habría surgido una amplia clase media que habría transformado en otra, muy distinta, la Historia reciente de nuestro hoy aún atribulado país...


Es más: insisto en que el pensamiento conservador guatemalteco ha logrado aquí prevalecer, siempre, por astucia o por la fuerza, sobre todos los demás movimientos políticos renovadores de nuestra Historia y que por eso, Guatemala sigue estando tan atrasada. Lo repito: (i) en 1839, tras recuperarse de su vergonzoso y entreguista papel durante la Independencia y Anexión al “primer” Imperio Mexicano, propiciaron, para que un puñado de “aristócratas” conservara el monopolio del comercio exterior, una guerra civil, ostensiblemente encabezada por “el indio” Carrera, aherrojándonos así a “la noche de los treinta años”; (ii) cuando su miopía y descrédito ya no pudo contener los impulsos renovadores de la Reforma Liberal iniciada en la región por Benito Juárez, el pensamiento conservador astutamente infiltró y corrompió a los nuevos gobiernos “liberales”; dándonos, en la práctica, un “capitalismo de plantación” -que preservó los rasgos feudales de nuestra sociedad- dirigido por hipócritas dictaduras de lenguaje liberal, y que se impuso hasta la Revolución de 1944; y finalmente, (iii) en 1954, el pensamiento conservador impidió que siguieramos el rumbo de los futuros “tigres asiáticos” y en vez de eso, logró hacernos regresar a esa sociedad semi-feudal, provinciana y retrógrada que a algunos tanto agrada, pero que es un infierno para la mayoría. Recientemente, ese mismo tozudo, pertinaz y miope pensamiento conservador, abortó la lucha contra la corrupción sistémica que ha ahogado al país desde 1985, al lograr, pese a la tímida pero subyacente oposición mayoritaria, expulsar a la CICIG. Ese mismo pensamiento conservador, a través de sus güizaches, tinterillos y corifeos, insiste en romper de nuevo “el hilo constitucional”, inventándose un inexistente “crimen” cometido por una CC que si bien no está exenta de errores y excesos, es el árbitro supremo que contempla nuestra Ley Máxima; acusan a los magistrados respondones de “autoampararse”, en realidad, porque integran una Corte “chaira” y porque se atrevieron a cuestionar la pretensión del régimen de poner a una sarta de “manejables” ladrones a sueldo en los Tribunales de Amparo y en nuestra Corte Suprema de Justicia. No les importa que desaparezca uno de los últimos contrapesos que incide en el precario equilibrio de nuestro andamiaje institucional...


Ese astuto y hasta ahora históricamente vencedor pensamiento conservador guatemalteco, sin embargo, está destinado a ser finalmente desplazado del poder real muy pronto. Lo intuye y por eso, ignorando imperdonablemente los crímenes de sus impresentables aliados de ocasión, se atrinchera en posiciones de intransigencia, rodeado por Alí Babá y sus cuarenta ladrones. Su problema, es que el tinglado montado con su anuencia -y la de la izquierda neomarxista- en 1985, se derrumba. Crearon un sistema en el que la opinión mayoritaria no tiene expresión en los partidos políticos. De hecho, los conservadores exaltados, así como los radicales de izquierda, ambos rechazados por la mayoría, no creen en la democracia. Son apenas un 15% en cada extremo y ambos prefieren disponer de esos “vehículos electorales” diseñados para aparentar democracia, mientras impiden realmente que surjan liderazgos que auténticamente representen la opinión mayoritaria. Por eso hemos tenido partidos que no son partidos, entidades legalistas pero sin ideología, sin partidarios, sin foros de discusión, sin elecciones internas de sus plataformas y candidatos, en suma, sólo convenientes plataformas para los “liderazgos de alquiler”. Los consevadores han consentido eso, que no le cuenten cuentos, porque se han sentido muy seguros con políticos sobornables y con el tinglado corporativo que han propiciado que se arme en torno al poder: sus representantes en los órganos que realmente deciden las políticas socio-económicas del país siguen ahí (en la Junta Monetaria, en el IGSS y en todas las entidades relevantes), quede quien quede. Cualquier aire renovador que los asuste (que son casi todos) es fácilmente ahogado y cuando se sale de cauce, pues para eso tienen a una que otra vetusta y supuestamente venerable entidad que a través de sus sicofantes pontifique por televisión y en sus canales subordinados “la verdad oficial”. Pero en 2015 se inició un proceso que no ha terminado y que empezó a destruirles su cultivado sistema (el PP, LÍDER... FCN...y a medios chiles, sigue también la UNE). Ya es evidente que “el genio se salió de la botella” y por eso hoy se defienden “como gato panza arriba”... Vaticino que en las próximas elecciones las cosas van a ser muy distintas...


Mientras tanto, ciudadano, sepa que todos los estudios de opinión señalan que los guatemaltecos mayoritariamente se separan de los extremos. En ese centro de la opinión chapina no sólo hay liberales auténticos. Hay, también, conservadores moderados, liberales moderados, social-demócratas moderados y hasta “panzistas” moderados. Moderado es la palabra clave porque así es Juan Chapín. Somos “el setenta por ciento” y si por nuestra opinión hubiese sido, aquí habría seguido la CICIG. No queremos a una versión local de Maduro u Ortega, ni tampoco a un Tacho Somoza. Querer que haya un Ministerio Público fuerte, una policía eficaz, Tribunales que sí hagan justicia y que metan al bote a los corruptos, no quiere decir que seamos “comunistas”. Ni tener sensibilidad social quiere decir que apoyemos que fusilen a los empresarios, sin los cuales, un país próspero no se puede materializar. Nos ha fallado, hasta ahora, “la clase política”. Pero usted ya lo sabe y debe empezar a manifestarlo. Hoy por hoy, lo exhorto a decir conmigo: NÓ AL GOLPE. Respeten a la Corte. Respeten la Constitución...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 28 de Julio de 2020"

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