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El orden mundial desconcertado…


“La leyenda fundadora del gobierno moderno es (la) ciudad amurallada, protegida por poderosos gobernantes… de un enemigo externo. Los pensadores de la Ilustración reformularon este concepto, argumentando que el propósito del ‘Estado Legítimo’ es satisfacer las necesidades fundamentales de …seguridad, orden, bienestar económico y justicia… (que) las personas no pueden asegurarse …por sí mismas. La pandemia ha provocado un anacronismo(: el) renacimiento de(l concepto de) la ciudad amurallada, en una época en que la prosperidad depende del comercio mundial y el movimiento de las personas.


Un retroceso mundial (no compensado) del equilibrio entre el poder y la legitimidad (como el que puede provocar el retorno de ‘la ciudad amurallada’) hará que el contrato social se desintegre tanto a nivel nacional como internacional…” – Henry A. Kissinger, una de las pocas luces que le quedan al Partido Republicano en esta era de la imbecilidad axiomática “por twiter”; a sus 96 años, en su columna de opinión ‘La pandemia del Corona Virus alterará el orden mundial para siempre’, en el ‘Wall Street Journal’ del 3 de abril pasado.


Richard M. Nixon, en 1971, desvinculó la emisión monetaria norteamericana del oro (antes, el dólar era un ‘vale’ impreso por el gobierno estadounidense, liquidable a tasa fija, por oro puro, a razón de $35.00 por ‘onza troy’ - 31.1034768 gramos). No obstante, entonces se tenía plena conciencia de que previas experiencias de impresión de ‘dinero sin respaldo’ se habían traducido en hiperinflación y la consecuente devaluación internacional de la moneda; como ocurrió en la alemana “república de Weimar”, al finalizar la primera Guerra Mundial, cuando el marco alemán, desligado del oro, pasó de uno a un trillón (un millón de millones) por cada marco-oro, entre el 1 de enero de 1918 y el 30 de noviembre de 1923, por la desenfrenada impresión de papel-moneda. Por eso, aunque en 1971 se buscaba “independizar” la emisión monetaria norteamericana de la errática producción de metales preciosos, simultáneamente se adoptaron ciertos axiomas de prudencia financiera, en los que se daba por hecho que un gobierno no puede gastar sistemáticamente más de lo que le ingresa, pues (i) las deudas algún día las tendrá que pagar (so pena de perder el crédito de la Nación) o (ii) si simplemente “imprime más dinero”, como la experiencia de la Alemania “Weimar” demostraba, “el castigo” por tal ‘comportamiento manirroto’ era la destrucción del poder adquisitivo de la moneda de su nación; la cual, los ciudadanos de a pie, tras mucho sufrimiento, terminaban rechazando. El respaldo real del dólar, se dijo entonces, era la enorme capacidad productiva de la economía estadounidense y una emisión monetaria proporcionada a dicha capacidad productiva…


Paradójicamente, ‘los guardianes’ de tal prudencia financiera en los EEUU han sido, desde 1929, los republicanos y los ‘manirrotos’, los demócratas, a quienes los primeros siempre han hostigado con el abultado ‘déficit fiscal’ que tiende a generar la tradicional preocupación demócrata por los desposeídos, desde la Gran Depresión. Contradictoriamente, hoy, Donald Trump, quien pisotea sin rubor todos los principios del Partido de Abraham Lincoln, empezando por el libre comercio, la separación de poderes del Estado, el respeto a los ciudadanos de color y otras “pequeñeces” similares, se está disparando una emisión monetaria sin respaldo del orden de los ¡OCHO TRILLONES de dólares! Ni tardos ni perezosos, también los ingleses, el pasado 9 de abril, anunciaron que el otrora conservador y ortodoxo Banco de Londres “financiará directamente” (es decir, imprimirá los billetes que hagan falta para cubrir) el “gasto extra” que ocasione la emergencia sanitaria del Corona Virus. A falta de una vacuna o de un antídoto para la nueva enfermedad, las naciones del mundo han optado por un onerosísimo “distanciamiento social” cuyos efectos económicos devastadores se pretende compensar a través de restituir el poder de compra de los trabajadores sin trabajo y sin ingresos…con emisión monetaria “inorgánica” (otra elegante manera de decirlo). Demás está decir que si los gringos y los ingleses lo están haciendo, la “coartada” que necesitaban los políticos que en en resto del mundo quisieran recurrir a este irresistible expediente, está servida…


Este fenómeno del (aparentemente súbito) abandono de la prudencia en la emisión monetaria no está ocurriendo en un vacío teórico. La doctora Stephanie Kelton, controversial profesora de la Universidad Estatal de Nueva York en Stony Brook, viene argumentando desde hace rato que los sostenidos déficits gubernamentales del Japón a partir de la última década del siglo pasado, demuestran la desvinculación entre la ortodoxia monetaria y la realidad. Dice la Dra. Kelton, a la vanguardia de la nueva “Teoría Monetaria Moderna” (MMT, por sus siglas en inglés) que siempre que un gobierno pueda “pagar” (aunque sea con nueva emisión monetaria) los intereses y amortizaciones pactadas de su deuda interna, el tamaño de su déficit “no importa”. Eso ha hecho el Japón por los últimos 35 años y no tiene inflación y su moneda sigue siendo considerada “dura” por el mundo – dice Ms. Kelton. La consistente demanda plurinacional de dólares, de manera aún más dramática, hacen que la MMT sea todavía más atractiva para los norteamericanos, quienes tienen hoy por hoy, una virtual maquinita de “imprimir oro”, pues la gente común, en todo el mundo, “cree” en el dólar como resguardo de valor, como antes “creían” en el metal amarillo. Y mientras crean, “no hay clavo”. Aunque como dice un respetado gurú de “la tribu Bitcoin” de la zona cuatro, “el sistema funciona, hasta que ya no funciona” (o sea, “yo que usted compraba oro o bitcoin cuanto antes, porque más tarde o más temprano, viene la debacle”). “Y si no lo cree, mire qué le ha pasado a los ‘bolívares’ en la Venezuela de Maduro…” Los republicanos en el poder de la Nación del Norte, adicionalmente a romper el paradigma que “resguardaban”, están desperdiciando la oportunidad de hacer durante esta crisis la auténtica transformación de fondo que propuso el demócrata Andrew Yang (porque el “desempleo estructural” en los EEUU, provocado por la creciente automatización, antecede a la crisis y continuará creciendo después de ella): colocar “cash” directamente en manos de todos los ciudadanos (ingreso básico universal – UBI, siglas en inglés), en vez de colocarlo indirectamente, a través de instituciones intermedias (bancos, burócratas, programas “sociales”). Es más, para reforzar la paradoja, Yang proponía financiar dicho “UBI” con un nuevo impuesto (como aconsejaba Milton Friedmann, para no presionar sobre el déficit fiscal), mientras que Trump, sin llegar directamente a todos los ciudadanos, sólo “pondrá a funcionar la maquinita”. La MMT, por otra parte, tiene la innegable virtud de permitirle a los gobiernos, aunque no sepamos durante cuánto tiempo, una inusitada y fugaz flexibilidad para atender “las necesidades de los desposeídos”. Eso, en manos de políticos oportunistas, como los que abundan en el trópico, aumenta la capacidad de “hacer chanchullo” y sólo “sobornar” con maña al electorado, para perpetuar así, un control mafioso del poder…


Lo cual nos trae directamente a las medidas que nuestro flamante nuevo Congreso ha tomado para “enfrentar el costo socio-económico de la crisis sanitaria en Guatemala”. Como “no somos copiones”, en cuestión de un par de meses, nuestro presupuesto nacional está pasando de 92 millardos (un millardo son mil millones) de quetzales, a “poray” de Q114 millardos. El aumento de 22 millardos es de 5, por “ajuste ordinario”; 11, “por la crisis”; y otros 6, aún pendientes de aprobación congresil, ordenado “por resolución de la CC” (para la USAC y otros menesteres). Parte del incremento del presupuesto se pagará con un aumento de la deuda externa, pero una buena parte, con vil y vulgar emisión monetaria sin respaldo (elegantemente, “comprando una emisión de Bonos del Tesoro de Guatemala por ONCE millardos de quetzales”). Como, además, seguimos teniendo un Estado secuestrado por las mafias, nuestro Congreso tiene diputados que en general no representan al electorado (el “fraude estructural” lleva a gruesas listas de maleantes desconocidos a las curules) y consiguientemente, “la danza de los millones” no sólo puede engordar los bolsillos de la cleptocracia que no nos hemos logrado sacudir, sino que contribuye a que con prácticas clientelistas, se afiance el control mafioso sobre el poder…


La cosa “se pone peluda” y si no “nos ponemos las pilas” el control ciudadano sobre el poder se erosionará más, sobretodo, en países como éste. El mundo, ciertamente, no será el mismo, tras la la pandemia del Corona Virus…


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 14 de Abril de 2020"

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