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  • Ciudadano Toriello

El derrumbe…

Los revolucionarios europeos del siglo XIX hablaban con mucho celo de la forma en que se imponía “un orden nuevo” de cosas. Un genuino proceso de transformación social, decían, tenía “fases”. La primera fase era “la insuficiencia del orden anterior”. Esa insuficiencia se manifestaba de dos maneras: (i) con la “pre-consciencia de las masas” (esa vaga pero generalizada sensación de que “las cosas no andan bien”, de que en realidad, “las cosas andan muy mal”); y (ii) con el surgimiento de la “consciencia ciudadana”, expresada a través de un “diagnóstico social” y de una “propuesta política”. Existiendo tal diagnóstico y tal propuesta, se entraba a la segunda fase, la fase “política”, en la que el liderazgo intelectual de la sociedad persuadía a las masas de la necesidad de imponer el “orden nuevo” de cosas. Una vez las masas, mediante el exitoso avance del proceso político, llegaban a manifestar “el deseo de cambio”, la toma del poder (tercera fase), devenía inevitable. Si se superaba la reacción al cambio (cuarta fase), se llegaba a la consolidación del “orden nuevo” y a su expansión (quinta fase)…

Obviamente, a partir de Abril de 2,015, existe en Guatemala la “pre-consciencia de las masas”. Es la que ha llevado a la gente a las plazas, lo que hay detrás de las protestas y de la generalizada inconformidad ciudadana. Y no es frivolidad: a menos de tres años de cumplir dos siglos de vida independiente, la sociedad guatemalteca, como las de casi todo el istmo centroamericano, ha sido incapaz de construir una República que efectivamente incluya en su benéfica institucionalidad a la mayoría de sus Ciudadanos, y por eso no ha contado hasta hoy con una esperanza ampliamente compartida de que es posible un futuro mejor. La mayoría de sus más de diecisiete millones de habitantes, tres de los cuales han preferido escapar allende nuestras fronteras, está aherrojada a una vida de persistentes carencias y difícilmente puede considerarse socia del proyecto nacional. Las abismales disparidades en patrimonio e ingreso entre una mayoría que se debate en esa desesperanzada pobreza y una minoría crecientemente próspera pero permanentemente atemorizada por la posibilidad de un desborde del resentimiento social, hacen de ésta una sociedad inherentemente inestable, susceptible de sucumbir a los cantos de sirena de las “soluciones” despóticas, proclive al conflicto y alejada de los consensos sociales mínimos que se requieren para un verdadero progreso, en el marco de la convivencia pacífica.

Pero esta trágica situación ni fue inevitable ni es incorregible. Partiendo del análisis histórico, se evidencia que nuestra actual postración social es fruto de tres grandes derrotas republicanas: (i) la trágica desintegración de nuestro territorio original; (ii) la equivocada adopción de un “capitalismo de plantación” a fines del siglo XIX; y (iii) la terca y larga discordia entre quienes quieren conservar el sistema “como está” y quienes quieren “refundar” la República con recetas jacobinas, que invariablemente destruyen los incentivos que están detrás de la auténtica prosperidad y que sólo pueden imponerse, realmente, mediante un despotismo violento. Para romper ese impasse histórico, es necesaria una Propuesta Política tripartita: (1) La puesta en marcha de una Reforma Patrimonial, que utilizando una inteligente mecánica de privatización de activos de la República, conduzca a una “república de propietarios”; (2) La puesta en marcha de una Profundización Democrática, que mediante la utilización de la moderna tecnología de telecomunicaciones, permita controlar mejor a los que hacen gobierno; para reducir, así, el corrosivo efecto de una cada vez más evidente corrupción gubernamental generalizada; y (3) La puesta en marcha de un proceso de Restauración, por vías legales de persuasión democrática y de acción política, de la antigua República Federal de Centroamérica. Éste es el Movimiento Político que está en gestación, para constituirse en el instrumento que haga factible producir, en ésta y la siguiente generación, el “milagro económico y social” que las sociedades centroamericanas necesitan y pueden hacer realidad: el de un Capitalismo Centroamericano moderno, democrático e incluyente, que en el contexto istmeño actual, es equivalente a un subversivo “nuevo orden de cosas”.

Así que ¡ánimo ciudadano! Se avecina un “nuevo orden de cosas”. Sí; en Guatemala, en esta peculiar coyuntura histórica, el viejo sistema político se derrumba. Mediante la exposición pública de su extendida corrupción y la concomitante indignación ciudadana al respecto, la capacidad de manejo de la voluntad pública de nuestros antiguos opresores se ha erosionado fatalmente y consiguientemente se presenta una oportunidad para que la “estructura informal de liderazgo” de la sociedad, se exprese con efectividad en las próximas elecciones generales del 2,019. Ya no funcionarán como antes las cancioncitas, los “vales por lámina” o “por fertilizante” de los mercaderes que venden “liderazgos de alquiler”. Por eso el pataleo de los viejos caciques, por eso el arrebato de los renglones del Presupuesto Nacional y por eso los llamados a proteger “la soberanía nacional”. No importan sus berrinches: CICIG o nó CICIG, tienen los días contados…

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