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  • Ciudadano Toriello

Crisis de Oferta...

“(Hace falta)...que nosotros aquí determinemos que estos muertos no hayan muerto en vano... y que (así) el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, no perezca sobre la faz de la tierra.” – Abraham Lincoln, en su discurso de Gettysburg, el 19 de noviembre de 1863, al dedicar ese Cementerio a aquellos que en sangrienta batalla en ese mismo lugar, ofrendaron su máximo y último sacrificio “...a la proposición de que todos los hombres han sido creados iguales.”


Inversionistas extranjeros que ya llevan enterrado en nuestro suelo una pequeña fortuna, me hicieron llegar hace unos días una copia de un caro y sesudo estudio de opinión sobre las próximas elecciones guatemaltecas; análisis que comisionaron a una empresa extranjera especializada, como resultado de su creciente preocupación acerca del futuro de sus inversiones en nuestra nación. La conclusión del estudio es lapidaria: la inmensa mayoría de los encuestados (en el centro del país) repudia al sistema, “no votaría por ninguno” de los que hasta ahora han aparecido en el horizonte y ciertamente expresa un frustrado deseo de cambiar el errado rumbo del país a través de una opción política diferente, que hasta el momento no encuentra. La opción “puntera” en ese estudio (Sury) tiene algo así como uno de cada seis votos potenciales, seguida, con cifras menores en apenas un poco más del margen de error estadístico, de una aún más deslucida “segundona” (Zandra). El “ungido” del abismalmente impopular (2/3 de repudio abierto) Presidente actual (Meme, “el Negro Conde”) ni siquiera aparece en el radar, aunque gracias a la trampa estructural “de la primera casilla” de nuestro “sistema” político de “lista nacional”, “Suguelito” (el dizque “Jefe de Jefes”, seguro de impunidad del patético Ogro que persigue a jueces, fiscales y periodistas) de todas maneras entraría al Congreso, aunque con poderes muy disminuidos. Por eso, dicen las malas lenguas, un desesperado Timo Chenko, canalizando ríos de dineros mal habidos, a lo más que podría aspirar, es a un forzado tercer lugar. Que es lo que lo ha tenido tentado “a volarse” a Zury (lo que según algunos “ya es un hecho”), re-editando la sentencia de prohibición constitucional que nuestra voluble Corte de (in) Constitucionalidad emitió hace cuatro años, al margen de los supuestos acuerdos “amistosos” con la Corte Interamericana de los DDHH (CIDH), que así se constituiría en una víctima más de nuestro cínico y “cuerudo” pragmatismo político tropical, muy “soberano”. Sandra, por otra parte, es necesaria para beneficiarse del “antivoto” en la segunda vuelta y además, para contrarrestar el creciente empuje electoral de la Thelma de CODECA, en la primera. Además, pese a las apariencias, Sandra es más “manejable” para el Ogro, que Zury, porque tiene más que ofrecer (“amigos” en el TSE y en otras instancias) y también, más que perder (la libertad “de locomoción”, por ejemplo)...


Sacando a Zury de la carrera, el ungido de Timo Chenko tendría “cosido” teóricamente “el pase” a la “segunda vuelta” (aunque fuera con un ridículo porcentaje de un dígito), lo que sumado al antivoto de Sandrix... ¡jaque mate! ¿o nó? Bueno, siempre que no se “cuele” un “cisne negro”... Así que puede uno imaginar las cábalas de “los estrategas” del régimen: “... hay que ‘atomizar’ al resto de la oposición, muchá; haciendo que proliferen los candidatos desconocidos y sembrando la discordia entre ellos a través de los ‘net-centers’...”. “¡Ahh!... y reprimir y/o ningunear a las opiniones críticas, ‘pistear’ o ‘asustar’ a los medios que no estén colaborando (casi todos los que no forman parte del sistema mercenario de la televisión abierta y sus derivados radiales) y ‘a la hora de la hora’ saturar el espacio con agresivo ‘marketing’ populachero. Y no olvidar ‘el departamento de trucos y bromas’ para el mero ejercicio electoral físico (cuando puede que ‘haya que volarse’ a otro molesto par de candidatos) y para el conteo de votos... ¿o será que, mejor, ‘siendo prácticos’, pactamos de nuevo con Zury, muchá?” “Al fin y al cabo, ‘la vieja guardia’ tanto de empresarios (que ya olvidaron el ‘Jueves Negro’) como de ex militares, tienen un ‘espíritu tribal’ más afín a Zury que a Sandra”...


El cuerpo social guatemalteco necesita urgentemente dos cirugías radicales para no morirse del cáncer que se lo está comiendo por dentro: (i) una radical reforma política, que le arrebate al “Pacto de Corruptos” la facultad de mantener las tramposas “reglas de juego” que los mantienen en el poder pese al repudio mayoritario. Fundamentalmente, tenemos que cambiar -cosa que ellos, los beneficiarios de este sistema de elección, no harán por las buenas- la forma en que elegimos a nuestros representantes al Congreso: tienen que ser menos, electos por nombre y apellido, y en distritos pequeños, sin “listas nacionales”. Cuenta-dantes, sujetos al escrutinio popular y a la vindicta publica. Lo que implicará desde obtener mayoría calificada en el Congreso, hasta, probablemente, modificar nuestra Constitución. Además, (ii) una radical cirujía socio-económica, que agresivamente propicie el ensanchamiento de nuestra clase media consumidora, para empezar a tener esperanza fundada y generalizada en un futuro mejor. Estas dos “intervenciones quirúrgicas” de nuestro cuerpo social requieren de “un tsunami” de votos, que dada la debilidad del régimen no es imposible. Eso sí, el 70% debe salir de su apatía y parálisis por desconsuelo y adoptar una nueva estrategia: no basta, como han venido haciendo algunos grupos políticos de izquierda democrática, buscar una convergencia de toda la izquierda, “a la Petro”. Guatemala, pese a las similitudes, no es Colombia. Quizá por su turbulenta historia o quizá por haber heredado razgos idiosincráticos inescrutables que sería inútil analizar aquí, el hecho es que la mayoría es hoy de talante moderado y buena parte de ella desconfiaría en este momento de una propuesta de la que teme que (a) su celo reformista termine “matando a la gallina de los huevos de oro” y (b) que fácilmente derive hacia la agenda de los grupos radicales, que nos encamine a una versión tropical de “la dictadura del (aquí casi inexistente) proletariado”. Tampoco van a funcionar, por otra parte, vehículos de supuestos “outsiders” o de “gente de derecha” bien intencionada, que sostengan que “limpiarán la cosa pública” y que como supuesta gran novedad “harán que se simplifiquen y respeten las reglas de juego”, si nó se propician convergencias más amplias, con auténticas agendas reformistas. La mayoría “ya no cree en cuentos”. El pueblo quiere un cambio real y aún no lo ve en el horizonte, el sistema no se lo ofrece. En otras palabras, sin perjuicio de que más adelante nos volvamos a tirar los platos a la cabeza, todas las fuerzas que creen en la República Democrática y el Estado de Derecho, a la izquierda y a la derecha del centro, haciendo a un lado sus diferencias, deben converger en una amplia coalición política, sobre la base de una agenda política mínima, para salvar a la República. Como lo oye. Si estos rufianes que nos desgobiernan se consolidan en el poder, sólo nos esperan décadas, otra vez, de sangre, sudor y lágrimas. Ha llegado el momento de que todos los moderados nos unamos contra el régimen. Todos los creyentes en los equilibrios de la democracia republicana, a la izquierda y a la derecha del centro, unidos en las próximas elecciones contra la corrupción, contra la farsa, contra el inminente naufragio...


En una república funcional, los ciudadanos que integran el electorado estarían ya, en estos momentos, evaluando públicamente las propuestas de las diferentes facciones internas de un puñado de partidos políticos de larga data, mediante debates y elecciones primarias. Inscribiéndose fácilmente en los partidos existentes que los acogerían con entusiasmo. Eso nos llevaría, eventualmente, a escoger entre las grandes corrientes de opinión que efectivamente existen en nuestra sociedad, las cuales se alternarían en el poder a lo largo del tiempo, como en la mayoría de los sistemas auténticamente democráticos, según al público “le apriete más el corazón, o la bolsa”. En Guatemala, tristemente, las cosas aún no son así, pues sólo hemos sido una hipócrita simulación de democracia. La participación política y el debate público se desalientan oficialmente y se restringen a un ridículamente corto período en el que un “ruido publicitario intenso” ahoga la auténtica confrontación de propuestas. El propósito, por diseño, es que se imponga la voluntad “de la mayoría de la minoría”. Esta minoría gobernante de facto, se ha ido distanciando paulatinamente de la vieja oligarquía tradicional, a la que “el país se les fue de las manos”, y es hoy una minoría de rufianes, cada vez menos cuidadosa de “guardar las formas” a la que nos tenía acostumbrada la anterior “democracia de fachada”. Por eso, necesitamos una fórmula heterodoxa que supla las inexistentes bondades de una auténtica institucionalidad republicana. Eso es la Alianza por una República Democrática (ARDE), un movimiento político informal, que continuará dialogando con todos los grupos que estén dispuestos a eventualmente suscribir, en público, una agenda política mínima común. En ausencia de elecciones primarias y con “las reglas de juego” hechas para impedir el auténtico juego democrático, recurriremos a los métodos de medición de la opinión del electorado que parezcan más convenientes. Sobre esas bases, alimentaremos de información a la ciudadanía y haremos nuestras soberanas recomendaciones, las de ARDE. Esté atento, ciudadano, la estructura informal de liderazgo de la sociedad será nuestro conducto directo al pueblo...


Guatemala lleva tres cuartos de siglo de buscar una fórmula de convivencia democrática que le de fundadas esperanzas de un futuro mejor a la mayoría. Esa búsqueda ha sido confrontativa y violenta. Frustrante. Llevamos miles y miles de muertos, en ambos lados del espectro político. Ya es hora de superar esa historia; esa guerra, ya terminó, supuestamente ¡desde 1996! Aunque seguimos sin haber construido la República de todos los ciudadanos. Por eso, ciudadano, no debemos desoír el aún relevante discurso de Lincoln, que a pesar de la distancia en el tiempo y la geografía, sabiamente nos aconseja no permitir que esos compatriotas muertos -con sus sueños, sus ideales, sus miserias y sus equivocaciones- hayan todos muerto en vano. Debemos involucrarnos, vencer la apatía y el cómodo conformismo y levantar la voz. Para que no perezca, aquí, en Guatemala, el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 6 de Septiembre de 2022"

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