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TRG: ¿el Tren Republicano de Giammattei?

“…el Gobierno de Guatemala se halla en disposición de contratar varias líneas férreas que crucen el territorio de la República y … recibirá… las propuestas que nacionales y extranjeros quieran hacer para la construcción de las siguientes: Una de Guatemala al Puerto de San José, en el Pacífico. Una del Puerto de Champerico … que deberá tocar la Villa de Retalhuleu y seguir a unirse con alguna de las líneas férreas mexicanas. Una de Guatemala a la ciudad de Salamá… (y) … Una de Guatemala a los Puertos de Izabal o a Santo Tomás, en el Atlántico…” - Acuerdo Gubernativo emitido el 19 de marzo de 1,873, por el General Justo Rufino Barrios, en ese momento Presidente interino de Guatemala.


Hace unos días me topé en “YouTube” con un video (https://youtu.be/N3Uncu-rL1q0) en el que nuestro Presidente electo, el Dr. Alejandro Giammattei, presenta lo que parece ser el gran Proyecto de su próximo gobierno, el Tren Rápido de Guatemala, “TRG”. Con agradable sorpresa escuché al Dr. Giammattei hacer una elocuente y persuasiva introducción a un planteamiento que refleja una propuesta coherente de desarrollo económico, social y político, que en un país “normal” se habría presentado desde el inicio de su campaña política, para el debate público del caso. Me imagino que la búsqueda de capitales de inversión y alianzas con México y Estados Unidos para hacer realidad este proyecto en Enero del 2,020, a partir “del 14 a las 14”, explican en buena medida los ajetreados viajes recientes del Dr. Giammattei, así como la inusual presencia en el país de representantes de compañías chinas que están haciendo posible la construcción de la nueva “Ruta de la Seda” que unirá a China con Europa, África, la India y el Medio Oriente. Aunque he sido opositor del Dr. Giammattei (apoyé a otro candidato durante la pasada contienda electoral), sinceramente deseo que lo que percibo son los propósitos que animan al TRG, por el bien de Guatemala, tengan éxito. De hecho, me propongo hacer desde esta columna periodística semanal y de manera respetuosa, varios consejos públicos al futuro Presidente, para que su esperanzador proyecto “no se descarrile”, sino que “se desempeñe mejor”. Para ello, hay que empezar por refrescar un poco nuestra memoria histórica…


Tras arrebatar, por su “destino manifiesto”, más de la mitad de su territorio a México (desde la Luisiana hasta California) en el siglo XIX, los Estados Unidos (desde entonces, “from sea to shining sea”) vivieron una sangrienta confrontación entre las dos visiones de país que se albergaban en su seno. Por un lado, el capitalismo democrático e incluyente que se había venido desarrollando espontáneamente en el noreste de su actual territorio, transitando de una sociedad de prósperos granjeros a una de urbes industriales de amplia clase media; y por otra, en “el Sur”, un “capitalismo de plantación”, en el que una minoría de origen europeo, propietaria de grandes latifundios, se hacía inmensamente rica con el sudor de una mayoritaria pero paupérrima mano de obra esclava, de origen africano, que producía un par de productos agrícolas (tabaco y algodón) “de exportación”. Los sureños eran menos en número de habitantes y menos desarrollados en infraestructura, tecnología y capacidad industrial, pero siendo muy taimados, tenían un efectivo control político del Senado, desde donde bloqueaban las iniciativas que pretendían homogeneizar el sistema socioeconómico de toda la Federación, conforme a los exitosos conceptos norteños. El asunto terminó en una Guerra Civil (1,861-1,865) en la que murieron más de 600 mil estadounidenses y se zanjó legislativamente, entre otras cosas, con la prohibición de la esclavitud en toda esa república y con la propagación de la “sociedad de granjeros”, mediante los “Homestead Acts” que inició Abraham Lincoln en 1,862. A México, por otra parte, “le llovió sobre mojado”, pues aprovechando que los EEUU estaban “muy ocupados” con su Guerra Civil como para hacer valer “la doctrina Monroe” (la de “América para los americanos”), el pomposo y casi ridículo Napoleón III invadió a nuestro vecino. Benito Juárez, con la simpatía (y “el cargo de consciencia”) de un gobierno estadounidense que “olvidaba” armamento cerca de la frontera que luego “encontraban casualmente” los juaristas, logró atrapar y fusilar en Querétaro al teledirigido “emperador” Maximiliano en 1,867 y tampoco tardaron mucho los prusianos de Bismark en humillar definitivamente al francés en Europa, en 1,870. Con el triunfo de Juárez se inició la segunda ola liberal en la región, pues el zapoteca le facilitó 300 rifles de repetición, de factura norteamericana, a Miguel García Granados y fue así que un puñado de liberales guatemaltecos derrotaron en 1,871 al gobierno conservador de Vicente Cerna, cuyos efectivos usaban todavía fusiles de un tiro, con bayoneta en la punta. Con esa ola llegaron al poder Porfirio Díaz en México y Justo Rufino Barrios en Guatemala. Ambos cayeron seducidos por la promesa de una receta de “modernización” que incluía ferrocarriles, telégrafos e inversión extranjera, pero que tras décadas de accidentado desarrollo, sólo logró trasplantar al “capitalismo de plantación” que había derrotado Lincoln, a esta parte del mundo. Tanto en México como en Guatemala, la prosperidad de sólo unos pocos, resultó a la postre en Revolución, en México, entre 1,910 y 1,920 y en Guatemala, en 1,944. Por eso es importante que esta nueva iniciativa ferrocarrilera se aproveche también para acercarnos a la sociedad de pequeños propietarios, de creciente clase media, como la que auspició Abraham Lincoln; mediante la participación accionaria de la ciudadanía, que a cambio de su cesión de necesarios activos republicanos, termine generando una generalizada dotación patrimonial ciudadana


Sí, Dr. Giammattei, ahí está la clave: dele acciones de su gran Proyecto a todos los ciudadanos, inclúyalos en este gran proyecto republicano y genere un consenso nacional que no hemos tenido desde que mataron a Arana en “el puente de la Gloria”, en 1,949. Tampoco deje de oír a los chinos, para que los gringos sepan que usted tiene “un Plan ‘B’, just in case”. Finalmente, ármese de paciencia: Barrios vió llegar el Ferrocarril de San José a Guatemala después de once años de haber “oficializado su proyecto”, en 1,873. Llegar hasta el Atlántico tomó hasta 1,908 y Estrada Cabrera tuvo que “vender el alma” de Guatemala a la United Fruit Company (UFCO) en 1,915 para que todo el sistema ferroviario se interconectara. Fue hasta 1,930 cuando los alemanes de la AEG lograron conectar por tres años “a Xela”, porque nunca hubo suficientes fondos para los propósitos republicanos… Pero ¡ánimo! estamos en el 2,019 y las circunstancias son otras. Si aprendemos de la Historia, usted será recordado como el Presidente que inició “el despegue” de Guatemala. De lo contrario, con usted a la cabeza, a Guatemala, de nuevo, “la dejará el tren”…

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