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¿Y después de Maléfica?

La sociedad guatemalteca está pagando caro su pecado de haber permitido que entrásemos al siglo XXI sin haber desarrollado auténticos partidos políticos. En repúblicas sanas y progresistas, los partidos son instituciones “de intermediación” entre el Estado y la Sociedad, que tienen una ideología definida, foros de discusión interna y que seleccionan a sus candidatos a cargos de elección popular, mediante procedimientos democráticos como las “elecciones primarias”. En Guatemala no es así. Un pequeño grupo de poderosos empresarios decidió hace varias décadas que eso era “demasiado peligroso” en un país como Guatemala, tan polarizado socialmente y por ende tan propenso a ser seducido por los “cantos de sirena” del omnipresente “comunismo internacional”. Consiguientemente, contribuyeron a construir un sistema político en el que no había discusión política real, sino únicamente opciones “sanitizadas” por una subyacente ideología conservadora, con los candidatos “transados” tras bambalinas. Estas “opciones políticas” se vendían al público como quien vende una nueva marca de jabón y para eso se necesitaba muchísimo dinero, del que ningún otro grupo podía disponer legalmente, garantizándoles a aquellos empresarios un virtual “poder de veto” en las transmisiones del poder presidencial. Sonaba muy bien: las élites económicas (supuestamente conscientes de qué es lo mejor para el país) tenían un sano control “democrático” del sistema político y nos conducirían al progreso pacífico y generalizado. Después de la firma de la paz, sin embargo, algunos exoficiales militares, esos que sentían tener derechos especiales “por haber ganado la guerra”, entraron a disputarles el control del juego a aquellos empresarios, apoyados en el fruto de sus negocios turbios, en particular los que se desprendieron de su control “contrainsurgente” de las aduanas. Como táctica mercadológica, empezaron a “salpicar” sus propuestas con elementos extraídos de la otra ideología subyacente en Guatemala, el Socialismo. No tardaron los exguerrilleros y los “intelectuales de izquierda”, amamantados por “las sobras del 5%” de la USAC, en resultar con una fuente similar de recursos para “habilitarlos” en la disputa, ahora “pacífica”, por el poder, blandiendo una oferta de “socialismo light”, también “sanitizado”, para no “volver a los pencazos”. Llegamos así al sistema político que “regía” en el 2,015: grandes empresarios (con dinero propio), exoficiales corruptos (con dineros sustraídos al erario) e “intelectuales de izquierda” (también con dinero corrupto) eran los únicos con el pisto suficiente para contar con “maquinarias electorales” efectivas, turnándose agriamente el poder, en un sistema político cada vez más “transaccional” (te doy, pero vos me dás), pero aún “teledirigido” tras bambalinas, que nos daba a escoger entre los que “no quieren que nada cambie” y los que “nos van a redimir repartiendo lo ajeno”...


Fue ahí que se presentó el fenómeno CICIG/Iván Velásquez. Al sistema lo “desnudaron en público” y la indignación ciudadana forzó las renuncias de la Baldetti y de Pérez Molina. Primero cayó la maquinaria del “partido Patriota” (lo que puso al heredero de esa maquinaria, el “Sipi” Sinibaldi, “pies en polvorosa”) y después también cayó la maquinaria del “partido Líder”, de Manuel Baldizón. Pero empezaron a “rascarle el ala” hasta al empresariado y ahí la reacción no se hizo esperar: un temor visceral a la pérdida del control social condujo a una efectiva oposición al proceso, salvando de “la guadaña” a la UNE de Sandra Torres y conduciendo a un torpe“rebrote” del sistema corrupto dentro del gobierno de Jimmy Morales. Sinceramente enardecidas, nuestras conservadoras clases altas y medias, nunca creyeron que le tocaría el turno a la tercera maquinaria, pues para ellas todo era, en el fondo, una conspiración “del Socialismo Internacional”, un “golpe blando” de “los chairos” de la ONU para entronizar a Sandra. Pero resulta que el origen del proceso no había sido la ONU, sino “la línea institucional” del departamento de Estado, expresión de una política bipartidista de combate a la corrupción latinoamericana, hoy boicoteada –cosas veredes, amigo Sancho- por el propio Presidente Donald Trump. Así que a tragos y rempujones, conforme estornuda o mira para otro lado el tosco ocupante de la Casa Blanca, el proceso de depuración continúa y Sandra también sigue en la mira de la lucha contra la corrupción... Aquí, hoy, es la debacle del sistema: en el actual proceso electoral, las tres señoras que el electorado conoce “se meten zancadilla” unas a otras. Zury probablemente no sobrevivirá la Semana Santa como candidata del Conservadurismo nacional, pues la CC, “mosqueada” por el boicot de facto a Thelma, confirmará la inconstitucionalidad de su pretensión presidencial. Thelma, incapacitada legalmente para competir, intentará, con abundante auxilio extranjero, someter a proceso a Sandra y aún si no lo logra, debilitará enormemente su imagen y su competitividad electoral. Mientras tanto, exceptuando un par de remanentes del viejo sistema, docena y pico de desconocidas “opciones nuevas”, intentan competir “cuesta arriba”, sin derecho a publicidad tradicional, sin organización y la mayoría, sin pisto. El viejo sistema se defiende... aunque también se derrumba ante nuestros ojos, y como consecuencia, no se ve claro qué surgirá de sus escombros...


Son los dolores de parto del nuevo sistema, ciudadano, del que habrá de surgir. Ese en el queusted se tiene que involucrar, para que haya esperanza. No olvide el poder de “la estructura informal de liderazgo de la sociedad”, esa que impidió (creando consciencia cívica) que en las elecciones pasadas, Baldizón y Sandra llegaran al poder. Contemple usted la candidatura de Luis Velásquez Quiroa, nacido en Joyabaj, Quiché: ciudadano moderado, convencido de las bondades del capitalismo incluyente. Haga su tarea: consulte la ideología que hoy se debate al interior del Partido UNIDOS, vaya a “www.ciudadanotoriello.com”. Su opinión cuenta, otros lo escuchan. Hoy cada celular, cada computadora, es un arma en la defensa de la República y de la libertad. Si usted es un ciudadano decente y trabajador, usted tiene influencia con parientes y amigos. La batalla no está perdida. Sepa que la construcción de nuestro próximo sistema político será el desafío de los próximos cuatro años. La “estructura informal de liderazgo” de nuestra sociedad, “tendrá que meterse en política” y eso lo incluirá a usted. Tenemos que forzar a los partidos a explicitar sus ideologías, a debatir internamente, a hacer elecciones primarias, a volverseverdaderos Partidos, con cientos de miles de afiliados, que dando “cincuenta pesos anuales por shola”, hagan innecesaria la presencia de “los financistas”. Tiene usted una cita con la Patria, ciudadano. La Historia es lapidaria: cada pueblo tiene el gobierno que merece...

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