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Soberanía selectiva

“¡No sea bruto! ¿No se da cuenta de que se hizo presente todo el Cuerpo Diplomático?”- dijo tras la línea telefónica don Manuel Estrada Cabrera. “...¡Ahh!... señor Presidente” -ripostó el ‘General de División’, José Reyes - ” ...pero si usted quiere... ¡primero ‘ajusilo’ al Cuerpo Diplomático!” – Supuesta conversación a distancia con relación a la represión de la manifestación “Unionista” del 11 de marzo de 1920, en la que el ejército cabrerista disparó contra la multitud indefensa que marchaba sobre la séptima avenida de la zona cuatro en dirección a la antigua Escuela Politécnica, donde el sátrapa obligaba a reunirse a la Asamblea Nacional ‘bajo la sombra de las bayonetas’. Dos días después, los diputados unionistas invitaron al Cuerpo Diplomático a acompañar las sesiones de la Asamblea Legislativa, con el propósito de inhibir las acciones represivas del gobierno contra la oposición; en consecuencia, los cabreristas los acusaron de invitar a los extranjeros a inmiscuirse en los asuntos internos de Guatemala, “mancillando nuestra soberanía”. La presión diplomática, no obstante, funcionó: la oposición, sintiéndose observada y respaldada por el mundo civilizado, continuó expandiendo su radio de acción. En un mes, se multiplicaron los “clubes unionistas” en todo el país, sin que el gobierno pudiera impedirlo. Así, a las 9:30 a.m. del 8 de abril, terminó la dictadura de los 22 años: la Asamblea declaró loco al mandatario y mediante el decreto No. 1022, dictaminó que el Presidente “no se encontraba en su sano juicio y que por lo tanto, no era apto para seguir gobernando el país”. La reacción de Estrada Cabrera fue desencadenar la sangrienta “semana trágica”; pero a esas alturas, ya ni la anunciada “muerte de muchos” pudo detener a la rueda de la Historia...



Traigo a colación el fin de la dictadura cabrerista ¡hace un siglo!, porque la semana pasada circuló en redes una airada recriminación al Cuerpo Diplomático acreditado en el país, en particular, al “grupo irregular” denominado “G13”, ni más ni menos que los representantes de “la crema y nata” del mundo capitalista industrializado. El apasionado mensaje, que es sucedáneo de una “acción legal de amparo” en contra de los diplomáticos, forma parte de una multiforme cruzada del ultraconservadurismo chapín, para contrarrestar lo que perciben como una ofensiva diplomática para ayudar a preservar el último bastión del entramado institucional guatemalteco que no está efectivamente penetrado por la alianza de facto entre nuestros conservadores y la narcocleptocracia local, la CC. Diputados oficialistas también se negaron a recibir a un grupo de enviados del gobierno de Biden, sumándose a los que ahora “le sacan la lengua” a los extranjeros. Estos súbitos “defensores de nuestra soberanía”, por supuesto, no dijeron “esta boca es mía” cuando la trinca Jimmy-Jovel-Degenhart “se allanó” al humillante y degradante pacto del “tercer país seguro” con Mr. Trump. Ni le reclamaron a la actual Magistratura de la CC cuando no señaló las obvias inconstitucionalidades del “referendo sobre Belice”, en el cual se violaron prevenciones constitucionales que vienen desde tiempos del Dr. Arévalo, para no entrar perdidos de antemano a la Corte Internacional de Justicia a defender los legítimos intereses patrios sobre esa quinta parte del territorio nacional. Nó, los Yovanis Paparattis guatemaltecos ven lo de la soberanía con una óptica selectiva: hoy se sienten agredidos por la comunidad internacional en su obcecación por castrar a la CC, pero son de los que celebran, por ejemplo, el rol intervencionista que jugó en 1954 aquel embajador de nombre John Emil Peurifoy -quien también gustaba de los tacuchitos blancos como Yovanni, sólo que bien planchados, por cierto- y quien vino al país a amedrentar y/o sobornar a los oficiales militares guatemaltecos, para no presentarle resistencia al “ejército de liberación nacional”, dirigido por “el ungido” de la CIA, el coronel Carlos Castillo Armas. Son los mismos que también funjen como patéticos trompistas tropicales, los que envían y re-envían “memes” en los que se celebra la reciente “victoria” del frustrado Tacho Somoza del Norte en el juicio político llevado a cabo en el Senado norteño, pues así “se les dá una lección a esos chairos del Partido Demócrata”...


Lo que aquí está realmente en juego -al margen del apoyo o del rechazo de actores internacionales- es la reforma o la preservación de este hipócrita sistema político falsamente democrático. Este sistema en el que las reglas de juego están hechas para inhibir la auténtica discusión política, que premia a los “candidatos mudos”, esos que no se pronuncian nunca, pero que después llegan a pedir su voto, con cancioncitas insulsas y promesas vacías. Tenemos un sistema de partidos políticos que no son verdaderos partidos, en los que no hay ideología, no hay democracia interna, no hay siquiera militancia -aunque fuera transaccional- estadísticamente significativa y cuyo fin último es que no cambie nada. Son “partidos” que aliados a los narco-caciques provinciales, ponen alcaldes de feria y venden posiciones en las “listas -cuasi anónimas- de diputados” a cambio de oscuros “recursos de campaña” (que después se devuelven, con “obra pública”, sobrevaluada). En los que los votantes no sabemos “que hay detrás” de cada opción política y terminamos escogiendo “de los males, el menos”. Donde la mayoría -siempre hay honrosas excepciones- termina haciendo “mercadeo político” ... corrompiendo instituciones con “pequeñas” pero numerosas (y lucrativas) trampas. Tenemos un sistema en el que el poder se obtiene, en última instancia, a través de la eliminación progresiva de las opciones contrarias... Ese es el sistema que hoy se siente acosado por los nuevos vientos que soplan del Norte y presa del pánico, quiere doblegar cuanto antes la independencia de la CC y quiere tener lo más pronto posible a todo el OJ, “alineado”...


Pero ya hay una resistencia ciudadana. Y sí, esa resistencia ciudadana parece gozar ahora del apoyo de lo más granado de la comunidad internacional. Los tiempos empiezan a ser propicios para la reforma, cosa que no pasa desapercibida para los cinco electores de la CC, encabezados por el Presidente de la República. Por eso ese apoyo internacional multiforme es bienvenido y es crucial, aunque insuficiente. La tarea de fondo es de nosotros, ciudadano. De la mayoría de los guatemaltecos que ni queremos continuar con eso de que “nada cambie”, observando impávidos cómo la cleptocracia nos carcome, ni tampoco vernos derivar hacia la “venezuelización” de Guatemala a la que aspiran algunos trasnochados neomarxistas. El sistema está herido, más no aún de muerte y se defenderá. Así que alerta, ciudadano, vienen “tiempos interesantes”...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 16 de Febrero de 2021"

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