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  • Ciudadano Toriello

Malestar en la Cámara de los Lores

Según decía Plutarco, el estado natural -y primitivo- del hombre es la anarquía. Pero la anarquía, por aquello de la implacable ‘Ley del más fuerte’, conduce a la tiranía y ésta, tras revestirse de explicaciones místicas o ideológicas, a la Monarquía o a algún otro tipo de despotismo. Al poder absoluto lo desafían sus pares rivales, lo que conduce a la Oligarquía -como en los regímenes feudales- que al evolucionar en busca de equilibrios, puede -aunque nó automáticamente- conducir a la Democracia. Las aspiraciones populares desbocadas también pueden conducir de la Democracia, nuevamente, a la anarquía, cerrando un círculo que ‘se repite sin fin’. El genio romano -según Plutarco- tomó elementos de la Monarquía (el Consulado), de la Oligarquía (el Senado) y de la Democracia (La Asamblea Popular), para desembocar en la República, un sistema estable y poderoso -de pesos y contrapesos- que perduraría por largo tiempo. Un clima social decadente, no obstante, con la pérdida efectiva de los equilibrios republicanos, condujo en la Roma antigua a un renovado despotismo -esta vez ‘imperial’- y finalmente a la debacle anarquista, con su "noche de los mil años". Durante el Renacimiento, el estudio de los clásicos buscó derivar lecciones de la Historia y condujo a la búsqueda de un "Contrato Social Explícito" - las Constituciones- aspirando a limitar la arbitrariedad de los gobernantes y así preservar permanentemente el espíritu republicano: la división de poderes del Estado en un organismo Ejecutivo, un Legislativo y un Judicial. El reparto de los frutos de la civilización, sin embargo, puso presión sobre los sistemas republicanos, dando lugar a la búsqueda perpetua de un "orden nuevo de cosas", que postuló Hegel y que aprovecharon los marxistas para introducir un nuevo -pero no menos cruel- despotismo. Fucuyama creyó que con el derrumbe del muro de Berlín y de la Unión Soviética habíamos llegado, por fin, "al fin de la Historia"; pero aún no cante victoria, ciudadano, parece que "aún nos falta un cacho"...



En el S.XVII los ingleses le pusieron coto a su Monarquía -decapitaron al Rey- a través del vigoroso alzamiento de sus “señores” feudales, iniciando su larga marcha hacia la democracia. A diferencia de sus vecinos franceses, que siguieron la violenta ruta revolucionaria, los ingleses, quizá por su temperamento más flemático, evolucionaron del violento episodio inicial, pacíficamente, hacia una democracia, la “monarquía constitucional” -curiosamente, sin Constitución explícita. Por eso el Parlamento inglés conservó una aristocrática y anacrónica “Cámara de los Lores” que sólo gradualmente y a regañadientes, fue cediendo poder a la “Cámara de los Comunes” en el Organismo Legislativo-Ejecutivo del “Reino Unido”. Guatemala, junto a sus hermanos centroamericanos, se independizó bajo el influjo de la Revolución Francesa y la Independencia de los Estados Unidos, adoptando formalmente el sistema republicano. No obstante, como la Independencia de la América Latina coincidió con la derrota de Napoleón y el retorno del absolutismo a Europa, la influencia del conservadurismo europeo alentó el surgimiento de los autócratas latinoamericanos que anulaban en la práctica al auténtico republicanismo, aunque no obstante, se veían confrontados, recurrentemente, por "el mal ejemplo" de la república norteamericana en ascenso. La primera Guerra Mundial (1914-1918) terminó con las dinastías monárquicas europeas y puso a los EEUU al frente del liderazgo mundial. Consiguientemente, el impulso democratizador empezó a desafiar con más éxito al conservador espíritu autocrático latinoamericano, un accidentado proceso que aún no termina...



El asunto viene a cuento porque recientemente las redes sociales registraron una airada reacción en contra del surgimiento de una nueva organización empresarial, el “Consejo Nacional Empresarial” (CNE), una ráfaga de “aire fresco” en el ambiente institucional local. A pesar de contar con señaladas figuras como el exitoso empresario Luis Von Ahn, o entidades exportadoras excepcionalmente exitosas como Fedecocagua, o jóvenes empresarios intelectuales promisorios como Phillipe Hunziker (Sophos) ó Estuardo Porras Zadik (Single Farm Coffee), los corifeos del pensamiento conservador chapín no han dudado en calificarlos de inmediato como “ilustres desconocidos “ y “oportunistas”, con “agenda de izquierda” o de “falsa derecha”. La visceral reacción de nuestros conservadores, los mismos que ven “chairos” hasta debajo de las piedras y quienes consideran que el binomio Biden/Harris es el “inicio del comunismo en los EEUU”, tiene una razón subyacente muy cercana a lo pecuniario: a falta de un Senado reconocido explícitamente en nuestra Constitución, “el patriciado” chapín ha entretejido a lo largo de los años una compleja estructura institucional que le permite co-gobernar, sin la sanción del electorado. El CACIF (y sus adláteres) cuenta con representación automática en la Junta Monetaria, en el IGSS, en ZOLIC y ¡decenas! de instituciones estatales, sin tener que postularse a elección alguna y consiguientemente, contribuye a escribir “las reglas del juego”, a gastarse el Presupuesto Nacional y a influenciar nombramientos clave, es decir, co-gobierna. Una entidad como el CNE podría venir a disputarle al vetusto CACIF dichas representaciones automáticas, forzándolos a competir por tales prebendas institucionales gratuitas. De hecho y para mayor preocupación de nuestros conservadores (quienes a veces sueñan con un Bukele, de ellos), apenas el viernes pasado la Asamblea Legislativa de nuestros vecinos al sureste, siguiendo los lineamientos renovadores del Presidente “Millennial”, cercenaron dichos privilegios a la ANEP (el CACIF de los salvadoreños). En realidad, lo que correspondería revisar es todo ese sistema “corporativista” (en donde también instituciones “de izquierda”, como la USAC, se han venido recetando crecientes cuotas de poder) que no se ha traducido en impulsos creativos hacia una mejor república, como lo ilustran elocuentemente nuestras “comisiones de postulación”. En otras palabras y salvando las distancias en el tiempo y en el espacio, la inmediata reacción hostil de nuestros conservadores hacia el CNE es equivalente al resentimiento que sintió “la Cámara de los Lores” cuando “ilustres desconocidos y arribistas” empezaron a disputarles el poder en el Parlamento inglés, a través de “la Cámara de los Comunes”...



El CACIF y sus adláteres han perdido autoridad moral para arrogarse la representación de todo el empresariado guatemalteco. Su silencio y a veces su complicidad directa al no desafiar a una cleptocracia que hoy por hoy le propina múltiples zarpazos a la sociedad guatemalteca, les ha restado relevancia histórica. Ni siquiera han abogado por un sistema de seguridad social medianamente decente. Por supuesto que los políticos tradicionales son incapaces de alzar su voz frente a este triste papel, pues aún aspiran a sus dádivas (que palidecen frente a las del crimen organizado); pero ésa es la triste realidad. ¿Dónde está su gallarda defensa de las libertades ciudadanas cuando el régimen persigue y encarcela a los disidentes, cuando co-opta a los tres poderes del Estado, cuando ignora los legítimos intereses de la Patria en Belice? ¿Cómo explica su silencio frente a los intentos de cerrar la FECI, el burdo robo del erario en la adquisición de vacunas o el inconstitucional cercenamiento de las funciones de la Vicepresidencia? Por eso algunos empresarios se preguntan si no estarían mejor representados con estos “ilustres desconocidos”, con unas Cámaras... nó de “los lores”, sino “de los comunes”.



Y mientras algunos empresaurios locales agonizaban con el tema del CNE, la semana pasada Nayib Bukele envió un mensaje grabado a la “Conferencia Bitcoin” de Miami anunciando que había enviado un Proyecto de Ley a la Asamblea Legislativa, para hacer de esa criptomoneda una “moneda de curso legal en El Salvador”. Entre otras cosas, eso significa que en Guatemala se podrá comprar y vender bitcoin como cualquier otra “divisa extranjera”, dinamizando el mercado monetario local... Pero ya es “mucho pescado para un solo almuerzo”, así que abordaré este revolucionario acontecimiento en mi siguiente columna...



CAMINO A LA HAYA: Cuando el fruto de generaciones incestuosas (seguros “casorios” entre primos y parientes), Carlos II, “el hechizado” ya no pudo ni tener un hijo, a su muerte, la Corona Española quedó acéfala. La consiguiente “guerra de sucesión” (realmente, la verdadera primera guerra mundial) enfrentó a las potencias de la época en todos los mares y en todos los continentes. La “pérfida Albión”, Inglaterra, resolvió tomar ventaja del asunto y “le dio licencia” a sus ladrones de mar, los piratas, para atacar a las naves españolas como “actos de guerra”, desde sus escondites en todo el Mar Caribe. Ahí arranca, realmente, nuestro “problema de Belice”. Hoy se cumplen los seis meses que tenía el gobierno beliceño para plantear su postura en la CIJ, respondiendo a la del gobierno guatemalteco. Ya no hay excusa, entonces, para que nuestro Ministerio de Relaciones Exteriores guarde en secreto cuál ha sido nuestro planteamiento y cuál su réplica. Exhorto al Canciller Brolo a publicar ambas posturas, para que Guatemala se beneficie del estudio que sus ciudadanos hagan del aspecto formal de la controversia. Tomen nota, “defensores de la soberanía”; esto es más importante -y patriótico- que plantar a cuatro gatos con pancartas diciéndole a doña Kamala: “Yanki go home”...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 8 de Junio de 2021"

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