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  • Foto del escritorCiudadano Toriello

Los agresivos estertores de un régimen que agoniza

“Una bestia acorralada sólo tiene dos salidas: atacar o huír. Y cuando es una víbora a quien se le cierran estas dos opciones, terminará mordiéndose a sí misma.” – De conocimiento popular.


Enfrentado a una inesperada opción electoral con la que no hay componenda posible, el régimen político guatemalteco está encarando un dilema existencial: mantener una bochornosa alianza con su antigua némesis y otros corifeos de la narco-cleptocracia que nos gobierna para tratar de prevalecer, una vez más, sobre la voluntad mayoritaria; o romper su propia institucionalidad, para eludir el juicio del votante, por anticiparlo adverso. La alternativa remanente es la debacle plena y por eso, la bestia, acorralada, se torna errática y peligrosa. Pero vamos por pasos:


El régimen cuya crisis terminal hoy presenciamos, es de larga data. Sus orígenes históricos se remontan al nacimiento de nuestra nacionalidad misma y su manera ultra-conservadora de pensar ya forma parte de nuestra cultura cotidiana. Por eso, aunque parezca ocioso, es útil analizar sumariamente el largo proceso, para entender mejor cómo ese pensamiento ultra-conservador ha prevalecido el 90% del tiempo durante los últimos doscientos años y así anticipar lo que está por venir. De esa cuenta, es preciso señalar que en un primer momento (1821), la minoría pudiente de aquel entonces empezó por propiciar una falsa “independencia” del sistema imperial español “antes de que la declarara, de hecho, el mismo pueblo”. Pero de inmediato y burlando el mandato de la recién firmada Acta del 15 de septiembre de convocar a una Asamblea electa popularmente para decidir nuestra forma de gobierno, esa élite proclamó nuestra anexión al “primer Imperio Mexicano”, mediante la simple “consulta” a los ayuntamientos que eran controlados por ella misma y apoyándose militarmente en el propio Agustín de Iturbide. El objetivo era evitar lo que Lincoln describiría después como ese peligroso “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo”. Consumada la traición a la naciente República, no obstante, el primer e ineficaz experimento monárquico mexicano se desplomó en pocos meses por su propio peso y la Asamblea Nacional Constituyente del istmo no pudo dejar de ser convocada. Desprestigiada y abochornada, la élite guatemalteca guardó un perfil bajo mientras nuestras entonces mejores mentes redactaban la Constitución Federal de 1824; pero Centroamérica ya estaba asumiendo, desde su mismo parto, una de las primeras consecuencias gravosas de los tempranos desmanes ultraconservadores: el cercenamiento de la provincia chiapaneca, consumado mediante un pleibiscito “supervisado” por las tropas mexicanas (al mando de Vicente Filísola) que el Clan Aycinena había “invitado”, para favorecer sus designios, al antiguo Reino de Guatemala...


Pasado el trauma de la debacle iturbidista y frente a la realidad de nuestra primera estructura institucional formal, los aycinenistas recurrieron a mecanismos que se volvieron parte intrínseca de nuestra tradición política: la hipócrita utilización del vocabulario y las formas republicanas, mientras simultáneamente no se escatimaban esfuerzos para subvertir los mismos propósitos esenciales de nuestra entonces nueva arquitectura constitucional. Primero fue el fraude electoral (1825) mediante el cual los ultraconservadores (aliados con los liberales “pragmáticos” que encabezaba el añilero salvadoreño Manuel José Arce) traicionaron al “sabio” José Cecilio del Valle; un conservador inteligente y culto, pero al mismo tiempo respetuoso de las formas republicanas recién adoptadas, y por ello, “no-confiable” para las élites aycinenistas, robándole la primera Presidencia federal. Con esa manzana envenenada en el seno de la nueva República, llegó nuestra primera guerra civil (1826-1829), y a su término, nuestros primeros diez años de vida realmente republicana (1829-1839), bajo el liderazgo de Mariano Gálvez en el Estado de Guatemala y de Francisco Morazán, en la Presidencia de la República Federal. Aquello resultó intolerable para nuestros archi-conservadores, quienes desde su dorado exilio propiciaron una nueva Guerra Civil (1837-1842) por interpósita mano, al cabo de la cual Rafael Carrera y sus “montañeses” quedaron ungidos, de facto, al frente de una ridícula monarquía aldeana, sin Constitución. Aunque a costa de ver fracturada a la original Patria Grande en siete pedazos, una belicosa “noche de treinta años” a cargo de sus rufianes, le permitió al Clan Aycinena conservar el monopolio del comercio exterior del añil y seguir siendo “los señores” de Guatemala por tres décadas más, hasta que su propia estupidez los quebró...


Una territorialmente muy disminuida Guatemala (“más vale ser cabeza de ratón que cola de león” decían los aycinenistas) tuvo entonces una nueva oportunidad para construir la “república de todos los ciudadanos”, en 1871, con la llamada Revolución Liberal. Sus artífices, no obstante, fruto del maridaje entre los hijos de los montañeses de Carrera (para entonces ya relativamente prósperos “poquiteros” de la grana, un cultivo de transición hacia el café) con las hijas de la aristocracia del añil venida a menos, pronto adoptaron actitudes similares a las de la anterior oligarquía colonial, dando lugar a un “aycinenismo sin Aycinenas”. El pensamiento ultra-conservador, con nuevas caras, estaba de nuevo presente, “con disfraz liberal”, en el poder. Por eso, la adopción del “régimen de propiedad privada”, que estaba conduciendo a verdaderos “milagros económicos” en otras latitudes mediante la creación de sociedades de muchos pequeños propietarios, aquí se tradujo en un corrupto y desigual reparto latifundista de las tierras sin dueño del país (que pasaron -en primera instancia- a muy pocas manos, las de los allegados al nuevo poder “revolucionario”) y en la adopción de leyes laborales coercitivas que garantizaran un abundante aprovisionamiento de mano de obra cuasi-servil para las nuevas plantaciones de café. Todo lo cual vino a afianzar la estructura social semi-feudal que heredamos del período colonial. El modelo se consolidó aún más con la entrega de las mejores tierras cultivables del país y otras concesiones monopólicas, a una empresa extranjera que eventualmente se conocería como “la compañía frutera” (UFCO). Poderosa propietaria de las plantaciones de fruta que financiarían la construcción de nuestro sistema ferroviario y telegráfico, con los que nuestra economía se “modernizó” y se insertó a los mercados internacionales, al costo de convertirse en una envilecida y dependiente “república bananera”. Como un similar proceso de desarrollo desigual había conducido a la violenta Revolución de 1910 en el vecino México, sucesivas dictaduras “liberales” guatemaltecas se “curaron en salud”, adoptando amplias medidas represivas “preventivas”, al estilo de otros gobiernos autoritarios entonces en ascenso en otras partes del mundo. Hasta que en el eufórico ambiente creado por la derrota de los gobiernos fascistas en Europa durante la Segunda Guerra Mundial, “la presa se desbordó” el 20 de octubre de 1944, fecha en la que Guatemala, finalmente, entró a la auténtica modernidad...


No da el espacio de un artículo periodístico como éste para tratar con ecuanimidad el complejo período de nuestra “primavera democrática” (1944-1954). Pero baste decir que en 1954 la soñadora Revolución de Octubre fue prematuramente abortada y por tanto se quedó corta en hacer de ésta la añorada “república de todos los ciudadanos”, la de “muchos modestos propietarios”, la de una amplia y mayoritaria clase media. Enfrentada a grandes enemigos locales y extranjeros, lastrada por sus inocultables excesos y errores y pese a sus innegables logros sociales -muchos de los cuales aún perduran, el pensamiento ultra-conservador afloró de nuevo y provocó el trágico rompimiento del hilo constitucional iniciado por la Constitución de 1945. Aquello nos dejó atrapados en el estéril y terco conflicto entre una izquierda radical que pretende redimirnos con el reparto colectivo de lo ajeno y una ultra-derecha que lo que realmente quiere, es que nada -de lo fundamental- de veras, cambie... Tras la firma de una “paz justa y duradera” con la que se trató de dar epílogo al “conflicto armado interno” subsiguiente, llegamos a nuestra actual “democracia de fachada”. Una en la que el auténtico debate público se ha inhibido y en la que las opciones políticas reales han venido “pre-aprobadas” con operadores de decreciente calidad moral. Una en la que el persistente pensamiento ultra-conservador, una especie de “neo-aycinenismo”, ha venido logrando forzar al electorado a elegir recurrentemente a uno de sus cada vez más cuestionables ungidos; presentado usualmente como “el menos peor”, al oponerlo a quien tenía el rol de infundir el consabido “miedo al comunismo”. Una en la que crecientemente voraces y abusivos rufianes están a cargo de la cosa pública, a cambio de que el régimen se mantenga. Es ya momento en que la vileza de las mafias “a cargo de gobernar” ha superado hasta las peores expectativas de sus antiguos patrones, algunos de los cuales se ven compelidos a abandonarlos en esta hora amarga, en la que no les queda más que apoyar a su anterior “petate del muerto”. Y es ese juego el que ¡mágicamente! mediante una perspicacia popular inesperada, se rompió el pasado 25 de junio, cuando el pueblo insertó a Bernardo Arévalo a “la segunda vuelta”, dentro del actual proceso eleccionario...


Junto al miedo visceral de los ultra-conservadores a un desborde del celo reformador, la esperanza de que algún día “se cumpla la promesa rota” de 1944, quedó anidada en la memoria colectiva. Eso es lo que ha estado aflorando en el electorado desde que el pueblo se percató de que hay un candidato que no es controlado por el sistema. Bernardo Arévalo ha declarado públicamente que “se asesorará” con los jueces, fiscales y abogados que están en el exilio por su vinculación a la antigua CICIG, para re-iniciar el abortado -pero popular- combate a la corrupción. En consecuencia, el pueblo lo aclama, pues la corrupción ha venido ahorcando a la sociedad. Pero lamafia que hoy ostenta el poder o que bajo ese poder se cobija, ve un horizonte de confiscación de bienes mal habidos, vergonzosos secretos develados y en muchos casos, cárcel o vida de prófugo; consecuentemente, quiere impedir tal desenlace a cualquier costo. Saben que en una contienda sin trampa, recibirán una paliza en las urnas y por eso no quieren que se consume “la segunda vuelta”. Con aparente falta de eco en una oficialidad que no conoció el conflicto armado interno, que ha sido educada en las universidades y que por la vía de sus relaciones familiares y sociales comparte las inquietudes de la sociedad en general, el tradicional golpe militar al que el pensamiento ultra-conservador ha recurrido en pasadas circunstancias similares, parece inviable. Por eso sólo queda “el golpe técnico”, que también parece crecientemente inviable, o alternativamente, el tratar de “comprar” una vez más, la elección. De apostarle nuevamente al poder del dinero sobre una poblacicón que no ha sido rescatada de la ignorancia y de la indigencia. De ahí vienen los desesperados esfuerzos por pintar de comunista y promotor de la diversidad sexual al que ahora es, sin lugar a dudas, el espontáneo candidato del pueblo. De ahí viene el esfuerzo por unir a todas las facciones de la cleptocracia contra el enemigo común, poniendo a disposición de Zandra, todos los recursos del régimen. De ahí viene la expectativa de que se materialice cualquier “sorpresa”, por heterodoxa que suene...


Pero para frustración de los titiriteros del régimen, mientras más lo intentan, más consolidan la oposición del pueblo. Un pueblo que por primera vez en muchos años, ve un rayo de auténtica esperanza. Lo que quizá sea visto por algunos cínicos como un espejismo, que quizá sea ingenuo y hasta exagerado, pero que en la percepción popular, es real. La apuesta del régimen es que queda suficiente ignorancia y pobreza como para que sus trucos, pese a todo, aún funcionen. El pueblo sólo tiene a su estructura informal de liderazgo, que debe persuadir a los escépticos, a los atemorizados y a los incautos. Sin mayores presupuestos, de boca en boca y “por las redes”. Es la batalla de la inteligencia contra el dinero sucio. La eterna batalla de la decencia, contra los recursos malhabidos. La de David contra Goliat. Y en esta hora crucial, contamos con usted, amable lector, con su palabra, con su ejemplo, con su opinión. En esta hora crucial, no nos falle, ciudadano...

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7 Comments


edmundovg1952
Aug 03, 2023

Muy buena reseña de la vida nacional, de la usurpación, de la injusticia, del clamor del pueblo. Gracias por el artículo, en estos momentos sirve de estímulo y motivación, para el desubicado pueblo que guiado por la mafia y la religión, no acepta que hoy hemos cambiado, que hoy nos guía la información, que hoy si tenemos una esperanza, que hoy vamos por semilla.

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Juan José Celada
Juan José Celada
Aug 03, 2023

Es un honor leer al ciudadano Toriello apellido ilustre nacido en los pocos atisbos de libertad, un brevísimo resumen de nuestro doloroso nacimiento el cual puede leerse exhaustivamente en el famoso libro "La Patria del Criollo" del grande Severo Martínez Peláez.

No dudé ciudadano Toriello que los que el sistema nos permitió leer y escribir estaremos sin fallarle a esta amada patria, porque quizá podamos, no sin sentir los estertores de la bestia, ver una Guatemala diferente, quizá el sueño nacido a mis 17 años cuando como maestro vi la verdadera cara de la pobreza de nuestro pueblo, no quisiera morir llorando por este país que me sigue doliendo.....gracias por sus palabras Ciudadano Toriello

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Armando Najarro Arriola
Armando Najarro Arriola
Aug 02, 2023

Todo claro con "pelos y señales" (datos, pues), que evidencian estudio y preparación. ¿Habrá un derechista capaz de responder a esto de la misma forma? Creo que entre todos no son capaces de responder a un ensayo de historia nacional breve. Ejemplar.

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Anibal Perez
Anibal Perez
Aug 02, 2023

Caramba! Una lección de historia condensada y acelerada, justo para estos tiempos que corren antes de "la segunda". Para quienes previamente hemos leído al "ciudadano Toriello", es de fácil asimilación esta columna y lo confrontamos con los hechos que no solo testimoniamos, sino padecemos a resultas del calibre inmundo de este gobierno que, todavía, parece que no sabemos cómo diablos se aupó en el ejecutivo y sigue ahí aun, no solo con la nula gestión gubernamental, sino la cada vez podrida y abiertamente criminal "actividad" propia de sicarios. Bajo estas consideraciones y el contenido de este preclara columna, una pregunta inquietante asciende: si así el gobierno, ¿para qué diablos el Estado?

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edrapero
Aug 02, 2023

Todavía estamos a tiempo de un cambio razonable, maduro, equilibrado y firme. La necedad del Pacto de Corruptos y su incapacidad de reconocer su caducidad y su consecuente derrota puede llevarlos a cometer actos viles, execrables e insospechados, obligando así a reacciones populares que resulten como un remedio peor que la enfermedad.

El voto es nuestra arma.

Ojalá se respete.

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