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  • Ciudadano Toriello

La encrucijada guatemalteca en perspectiva Histórica

“¿Permitiremos que se repitan los males cuyas consecuencias deploramos todavía?.” – Benito Juárez (1806-1872); presidente mexicano, padre del Liberalismo mesoamericano.



América Latina -y Guatemala no es la excepción sino probablemente el epítome del fenómeno- ha estado enzarzada en un prolongado enfrentamiento entre dos fórmulas políticas perdedoras: por un lado, (i) un régimen ultra-conservador que aunque con ropaje formalmente republicano y en lenta evolución modernizante, sigue tercamente aferrado a sus resabios feudales, herencia de su pasado colonial (“la derecha” extrema); y por otro, (ii) un obsoleto y nostálgico neo-comunismo, que pese a la contundente evidencia histórica de que el marxismo-leninismo en donde quiera y cuantas veces se ha ensayado, no produce prosperidad generalizada sino conduce inexorablemente a un despotismo infame, sigue teniendo en este sub-continente apasionados panegiristas que lo defienden con fervor cuasi-religioso (la “extrema izquierda”). La fórmula de una república auténticamente democrática, con un capitalismo incluyente y regulado, es la gran ausente aquí. Y ésto a pesar de que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), al norte de los trópicos, esta última receta -que permite un abanico de opciones, al centro del espectro político, todas respestuosas de libertades reconocidas legalmente- derrotó a la extrema derecha en todo el Septentrión y luego, tras la caída del muro de Berlín (1989), obligó a Rusia y a China a “aggiornar” sus regímenes comunistas, como resultado de su indiscutible prosperidad.


No hay que ser profesor universitario para entender cuál de los tres es el mejor sistema: cuando nuestros ciudadanos de a pie “votan con los pies”, no emigran al “paraíso” cubano, venezolano o nicaragüense, sino a los EEUU, Europa o Canadá. Y tampoco se quieren quedar aquí. A juzgar por los resultados de “la primera vuelta” de nuestro pasado ejercicio electoral, aproximadamente siete de cada diez electores rechazan ambos extremos, aunque al final el sistema les niegue una opción a su gusto. Sin embargo, nuestros ultra-conservadores parece que no entienden ésto: ellos se sienten -o hipócritamente simulan ser- dizque “liberales” y “democráticos”, mientras conspiran contra la separación de poderes y subvierten los esfuerzos por reducir las desigualdades extremas que nos caracterizan, vedándonos la auténtica paz y prosperidad que anhelamos. Desconocen que todos los países hoy desarrollados pasaron por un proceso deliberado -y con frecuencia violento- de desmantelamiento de sus estructuras feudales, generando decididamente una amplia clase media, a través de haber reducido sus anteriormente también abismales índices de desigualdad. Tanto en la Europa occidental como en los EEUU, desde mediados del S.XIX, se tomaron medidas político-económicas destinadas a ampliar la propiedad y el ingreso real, más allá de pequeñas élites, para crear sociedades de consumo. He aquí el meollo de la cuestión: la desigualdad sí importa, pues sólo su reducción hace al capitalismo políticamente viable, además de hacerlo funcionar mejor. El asunto viene a cuento, porque aquí hay prestigiosas universidades privadas y sesudos “tanques de pensamiento” que afirman lo contrario. Recientemente, por ejemplo, circuló en redes sociales una entrevista en la que un representante de nuestra “universidad libertaria” le da tribuna a un intelectual chileno para “regañar” a su pueblo y de paso, a todo el pueblo latinoamericano, por estar “obsesionados” con la igualdad. Explicaba el profesor que los gringos “son prósperos porque ellos sí respetan el éxito individual y no son envidiosos”, como nosotros. No mencionó a Lincoln ni a la Guerra Civil que tuvo que ocurrir para abolir la esclavitud, el capitalismo de plantación y darle tierra a sus desposeídos. Tampoco menciona en la entrevista el airado profesor, que la riqueza latinoamericana, en general, no ha sido creada -a la Steve Jobs- aportando cada vez mejores satisfactores en un mercado competitivo, sino usualmente como resultado de la cercanía al poder político de turno y creando oligopolios protegidos por el Estado -a la Carlos Slim. Tampoco explicó que el origen de la riqueza de las élites latinoamericanas fundamentalmente parte de la originariamente corrupta distribución de tierras de la Nación a pequeños grupos de allegados al gobernante de turno y no de aportes al bienestar general a través de mejores productos y servicios y por eso se hace necesaria una corrección histórica. No entienden los ultraconservadores que no se trata de perseguir una quimérica igualdad a ultranza, sino de disminuir las desigualdades abismales que le roban “elasticidad” al juego de la oferta y la demanda y por ello conducen a la corrupción y al desprestigio del sistema...


La creación de la clase media en otras latitudes ha recurrido a tres mecanismos, cada uno con sus luces y sus sombras: (i) los compensadores sociales (seguros, subsidios focalizados, comunicaciones, educación y salud accesibles, etc.); (ii) presión política para mejorar el ingreso de las mayorías (generación de condiciones para que aumente el empleo, legislación laboral inteligente, adecuada regulación de la relación obrero-patronal); y (iii) ampliación de la base patrimonial, mediante alguna fórmula de dotación patrimonial a los ciudadanos. Prácticamente todo eso es “tabú” para las élites latinoamericanas, que defienden a capa y espada la tesis del “derrame de prosperidad”, esa que busca “no hacer olas” (no hacer cambios reales) y que acaba de fracasar políticamente de manera estrepitosa en Chile. Para preservar el “status quo” socio-económico, en contra de la voluntad de las mayorías, las élites han recurrido a sistemas electoralmente tramposos y a una casta de políticos mercenarios que han sacrificado la construcción de la república de todos los ciudadanos, a cambio de tolerancia para hacer del erario una amplia fuente de instantáneas riquezas mal habidas. Mientras las carreteras, las escuelas y los hospitales se caen a pedazos, el sistema de administración de justicia no funciona y el futuro se nos escapa de las manos...

Esta actitud ultra-conservadora nos viene de lejos en Guatemala: ha estado en el poder el 90% del tiempo durante los últimos dos siglos. Cuando nos independizamos, con tal de preservar el indefendible monopolio del comercio exterior del minúsculo pero poderoso Clan Aycinena, provocó la guerra civil que dio al traste con la unión centroamericana y nos trajo “la noche de los treinta años”. Posteriormente, tras la crisis del añil que su miopía les impidió anticipar, hizo un “matrimonio de conveniencia” con “el indio Carrera” (a quien hizo monarca aldeano) en lo que el cultivo de la cochinilla nos daba un período de transición hacia la época del café. Tras la Revolución de 1871, convenció a aquellos falsos “liberales” a transformar la adopción del sistema de propiedad privada, en una solapada pero obvia consolidación del Capitalismo de Plantación. Siguió con la “república bananera’, para darle un cariz “moderno” -ferrocarrilero y telegráfico- a un régimen que seguía siendo esencialmente semi-feudal y además, profundamente vendido al capital extranjero. Tras la Revolución del 44, por su profunda aversión a los cambios y su desconfianza hacia las instituciones democráticas, recurrió al rompimiento constitucional y desencadenó la terca confrontación que aún nos caracteriza y que ahora -tras la firma de “la paz firme y duradera”- se resume en el pleito de “chairos” y “fachos”. Un extremo necesita al otro, para justificar su existencia y por eso, ambos insisten en dividirnos y polarizarnos. Para que “en la segunda vuelta” nos obliguen a escoger, una vez más, entre el cáncer y el sida...


Hasta ahora, el pueblo guatemalteco se ha tragado la píldora. Probablemente el sida sea peor que el cáncer, aunque no mucho; a la larga, ambos nos quitan la vida. Los ultra-conservadores debieran tomar nota de que aquellos que querían conservar al régimen del Zar para no perder sus privilegios, negándose a las reformas propuestas por los liberales, fueron quienes al final crearon las condiciones para que tomaran el poder los bolcheviques, en la Rusia de 1917. “Tanto va el cántaro al agua, que al fin se rompe”. Ver también lo que ha pasado recientemente en El Perú, Chile y Honduras; y lo que puede pasar próximamente, en Colombia. “Cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar”...


Así que tenemos que romper este círculo vicioso, ciudadano. Por eso se está organizando una amplia coalición que nos saque de esta “trampa latinoamericana” en las próximas elecciones. No permanezcamos indiferentes ante la nefasta conspiración que pretende, una vez más, ponernos a escoger entre la cleptocracia y los neo-marxistas. Estemos prestos a levantar esa “carpa grande” en la que de entrada haya dos partidos democráticos, “uno a la izquierda y otro a la derecha del centro”, para que el amplio electorado moderado que nos caracteriza, pueda descartar ambos extremos. Que esté comprometido a combatir frontalmente y de veras, a la corrupción. Que promulgue una Ley de Dotación Patrimonial ciudadana, para iniciar nuestro camino hacia la creación de una mayoritaria clase media. Que universalice la cobertura del seguro social, en este país que hoy desampara a los más débiles. Que cese de conspirar contra el despegue del Corredor Interoceánico de Guatemala, inminente motor socio-económico de una nueva prosperidad generalizada. Que recobre el liderazgo de Guatemala, en propiciar la futura restauración de la unión centroamericana...


El pueblo guatemalteco sabe que las cosas no están bien, ciudadano. No está bien que un gobierno con cada vez menos legitimidad, conspire abiertamente en contra de una sana administración de justicia. No está bien que la mayoría de la población haya perdido la esperanza en un mejor futuro y sólo piense en emigrar. No está bien que los magros recursos del Estado se constituyan en permanente “piñata” de funcionarios venales. Así que aunque aún no lo crean los soberbios corifeos de la cleptocracia, el cambio se avecina. Esté atento, ciudadano, la Patria pronto espera poder contar con usted...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 1 de Febrero de 2022"

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