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  • Ciudadano Toriello

Intento de secuestro de la libertad de expresión

“La censura del gobierno (de Giammattei) a un periódico (impreso, de circulación nacional) demuestra que éste (el actual gobierno guatemalteco) le teme a la verdad.” – Acápite del artículo “Miedo y Aversión en Guatemala”, en la página editorial del Washington Post, del 5 de Agosto de 2022. El descrédito de este gobierno ya es prácticamente universal...


Desde los tiempos en que nos iniciamos con Chepe Zamora como dos de los cinco socios fundadores de Siglo Veintiuno (ese que hoy es una grotesca caricatura de lo que un día fue), me sentí incómodo con el género periodístico de la sátira política basada en el chisme, que entonces encarnaba el mítico mesero “Güicho Cantoral”. Mi postura, no obstante, resultó minoritaria en el Consejo Editorial de aquel matutino del siglo pasado, que ya desde hace tres décadas consideró que en un país como éste, en el que la denuncia de los abusos de poder con frecuencia resulta “dañina para la salud” del denunciante, dicho género periodístico podría representar una de las pocas “válvulas de escape” que en nuestra sociedad tendría la frustración que causan los actos venales de los poderes fácticos, de otra forma inimpugnables. Acompañando la “licencia literaria” de esa sátira semanal con un más profesional y convencional periodismo investigativo (también nutrido, inescapablemente, de fuentes similares), Chepe continuó en elPeriódico con la fórmula que le ha permitido desnudar la grotesca realidad de nuestra vida pública y ser reconocido nacional e internacionalmente como un eficaz crítico de un régimen hipócrita y profundamente inmoral. Ello implicaba la aceptación de que el ideal de un periodismo en el que se separa nítidamente la relación de los hechos de la opinión y toda opinión, sobretodo aquella que es acusatoria, tiene fuente plenamente identificada, de facto enmascararía la realidad debido a una comprensible y precautoria autocensura de los testigos de los hechos, en una sociedad en la que -no nos engañemos- no existe un verdadero Estado de Derecho. Algo reconocido aquí por muchos desde la época de la Independencia, cuando algunos periódicos de entonces (Don Melitón, El Indicador, La Antorcha, etc.) y personajes como Arce, José Cecilio del Valle, Pedro Molina y los hermanos Barrundia, entre otros, cultivaron entusiastamente el género.


Indiscutiblemente, una sección como el actual “Peladero” ocasionará de cuando en cuando inevitables “daños colaterales” (gente inocente, que no es stricto sensu, “persona pública”, quizá injustamente señalada) y por eso, su conducción entraña una enorme responsabilidad cívica, que Chepe ha asumido siempre con lucidez, humildad y valentía. Si Guatemala contara con una administración de justicia eficiente, tal actitud, mas la ecuánime y pronta aplicación de las leyes contra la injuria, la calumnia y la difamación, sería suficiente para mitigar los riesgos de este controversial género periodístico. De hecho, si nuestra sociedad no estuviera tan podrida como está, este género periodístico no sólo sería innecesario, sino no sería, como hoy, tan apetecido por el público. Equilibrar la necesidad social de contar con un canal de expresión realmente abierto a la denuncia con el imperativo de no dañar inocentes, además, es una tarea complicada; en un entorno polarizado en el que todas las fuentes tienen agendas propias y en el que no faltará quien ocasionalmente pretenda aprovecharse de las circunstancias, fingiendo potestades que no tiene (como la de ofertar “un blindaje” a un personaje cuestionable -pero inexplicablemente crédulo- en relación a “no aparecer mencionado”, supuestamente a cambio de oportuna coima). Así que con sus luces y sus sombras, con sus errores y sus aciertos, el hecho es que la ciudadanía consciente ha podido contar con un medio periodístico que genuinamente arroja luz sobre la auténtica naturaleza de nuestra oprobiosa vida política y en especial, sobre los deleznables desmanes que los gobiernos de turno, naturalmente, siempre han preferido que permanezcan ocultos. Por eso todos los corruptos odian a elPeriódico y viceversa, toda la ciudadanía consciente se siente directamente agredida con la abusiva detención, mediante torpes escusas y güizachadas prefabricadas, de José Rubén Zamora...


La “fabricación” del caso contra Zamora se “justifica” frente a la opinión pública, en el resentimiento -en algunos casos, comprensible- de quienes se han sentido injustamente o con razón, señalados por “el Peladero”; aunque la mayoría de esos “indignados” sean culpables de latrocinios escandalosos y motivaciones ulteriores. Adicionalmente y éste es el meollo del asunto, el gobierno aprovecha que una decreciente mayoría de nuestra minoría “pudiente” desea “castigar” a Zamora y a elPeriódico, porque “siente” que éste ha estado favoreciendo peligrosamente a los enemigos, “mayoritariamente chairos”, de un régimen empeñado en culminar la regresión institucional a la que dio lugar el retiro de la CICIG. El ataque a Zamora es, entonces, la secuela lógica de haber copado las cortes y la mayoría del entramado institucional de la República. Ahora hay que “capturar” a la opinión pública, silenciando a la disidencia. Se pretende dizque “detener al comunismo” y asegurar la continuidad de un régimen que logre que nada, realmente, cambie. El mecanismo ha sido lo que en los EEUU llaman un “entrapment”, la gestación de una situación en la que la víctima se vea inescapablemente atrapado. Así, atosigado financieramente por un implacable boicot publicitario, rodeado de “fuentes” que le ofrecen “información y recursos”, lo graban ilegalmente durante semanas, a la espera “del primer resbalón”. Confundirán conceptos como el soborno (inaplicable a quien no es funcionario público), la extorsión (simulada) y la “insuficiente” cuentadancia (también inaplicable a quien no maneja fondos públicos); dando a entender que sus actividades normales (como hablar con todo tipo de personajes y andar siempre a la caza de fondos para pagar la siguiente planilla) son, de alguna manera, cuestionables. Alargan los procesos, buscando el desgaste, el drenaje financiero, la desesperación. Aún falta que terminen de desembuchar el resultado de sus alambicadas maquinaciones y emboscadas, pero una cosa ya es clara para todo aquel que no quiera dejar de ver lo evidente: un gobierno de ladrones, ya claramente desenmascarado, intenta vengarse de uno de sus más señalados críticos y sentar un precedente que le permita continuar su marcha hacia la impunidad. Pero ya el genio se salió de la botella. Ya no se puede “tapar el sol con un dedo”. Hoy hay criterio independiente, y también hay internet. El pueblo ya sabe cuál es el origen del abuso y quienes son, realmente, los delincuentes y los ladrones...


Vienen tiempos de definiciones, ciudadano. Al cerrarse los espacios institucionales para la canalización de la legítima indignación cívica, se crean las condiciones para la manifestación y la protesta. El pueblo ve con desagrado como, con sus acciones, el gobierno pretende ahogar las avenidas de expresión democrática, amañando desde ahora el próximo ejercicio eleccionario para garantizarse continuidad en la impunidad. Envalentonados, creen que todo es cuestión de dinero, que gracias a sus latrocinios, les abunda. Creen que “los ricos” y la alta clase media seguirá “comprando su jarabe”, perdonando su corrupción en aras de “detener a los chairos”. Y que “los pobres”, están demasiado preocupados por sobrevivir como para escapar a su “reparto de espejitos”. Y que a los demás, los confundirán con una sobreoferta de opciones y ahogando la libertad de expresión, para que sus planes no sean evidenciados. Por eso ahora atentan contra la libertad de prensa. Recuerde: sin libertad de prensa, sencillamente, no hay libertad. Sí, la cosa está que ARDE. La Patria necesita de sus mejores hijos. Esté usted atento. Diga usted también: no nos callarán...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 9 de Agosto de 2022"

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