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  • Foto del escritorCiudadano Toriello

Golpe fallido, pero aún no plenamente derrotado...

“Mañana que la Patria se presente / a reclamar sus muertas libertades... / ...el mismo pueblo que hoy tus plantas lame / (con) el dedo inexorable de la Historia / te marcará, como a Nerón, ¡infame!” – fragmento de un poema de Ismael Cerna, bardo del indómito espíritu del guatemalteco de bien, muy a propósito para cantárselo a quienes hoy pretenden cercenar nuestro voto libre.


Lo que se suponía nunca debía pasar, pasó. Por primera vez desde que se echó en marcha en 1985, la estructura del tramposo sistema político guatemalteco está amenazando los intereses de sus propios titiriteros. En efecto, en vez de tener en estos momentos al electorado en proceso de legitimar la elección para Presidente a favor de uno de los ungidos del régimen y en contra de la cínica “exguerrillera y admiradora de Chávez”, hoy, esos titiriteros, enfrentan lo que para ellos es una debacle. En un sorpresivo giro de su voto de protesta, el pasado 25 de junio el pueblo de Guatemala logró - taimadamente y de manera casi increíble- insertar a la segunda vuelta a un candidato presidencial no-controlado por el sistema. Consiguientemente, un cambio real en las más altas esferas del poder se percibe ahora como posible. Los guardianes del régimen no lo vieron venir y por eso, esa impensable opción, a diferencia de otras que lograron eliminar a tiempo, “se les coló”. Ya no pueden ahora forzar a la mayoría silenciosa a escoger como “menos peor” a uno de sus rufianes “derechistas”. Por eso, el liderazgo ultra-conservador guatemalteco se encuentra en el terrible dilema de tener que auspiciar al “voto por Zandra”, su antiguo, odiado, pero efectivo “petate del muerto”, o romper la institucionalidad que ellos mismos crearon para asegurar su continuado dominio. Para aumentar la angustia de los beneficiarios del régimen, la sola idea de que ahora es posible un gobierno diferente, ha encendido la esperanza de un pueblo cien y otras mil veces esquilmado y por eso, los continuistas ven con horror que cada vez más gente sucumbe a la tácita promesa rebelde que encierra el nostálgico grito de ¡viva Arévalo!


El asunto ha resultado desgarrador para ese pensamiento ultra-conservador que mutatis mutandi, abierta o solapadamente, por las buenas, o ejerciendo insoportable presión, ha gobernado a Guatemala el 90% del tiempo durante los últimos doscientos años. Se enfrentan a una opción electoral con la que no hay componenda posible y que amenaza revertir la regresión institucional que se puso en marcha desde la expulsión, contra la voluntad mayoritaria, de la CICIG; lo cual les resulta imperdonable y hasta impensable. Bernardo Arévalo ha declarado públicamente que “se asesorará” con los jueces, fiscales y abogados que están en el exilio por su vinculación a la antigua Comisión internacional, para re-iniciar el abortado -pero popular- combate a la corrupción y en consecuencia, gente que hoy ostenta el poder o que bajo ese poder se cobija, ve un horizonte de confiscación de bienes mal habidos, vergonzosos secretos develados y en muchos casos, cárcel o vida de prófugo. Frente a tal panorama, una cerrada oposición a este inexorable desenlace se ha puesto en marcha...


Como primera providencia, han procedido a exacerbar los temores de una asustadiza clase alta y media alta, que consciente de la abismal desigualdad que caracteriza a la polarizada y subdesarrollada sociedad guatemalteca, es propensa a ver amenazantes “comunistas” hasta debajo de las piedras. “Te van a quitar la finca”, “van a meter desconocidos a vivir a tu casa”, “van a hacer de Guatemala una nueva Venezuela”, les dicen. Así, un programa de gobierno que sería visto en cualquier parte del mundo civilizado como muy moderado, es visto entre la mayoría de la minoría guatemalteca, como la antesala de un infierno social caracterizado por el enfrentamiento de clases. A los “miwatecos” no les cabe en la cabeza que se trata del tipo de programas que -en Alemania, en Japón, en Canadá o en Taiwán, por ejemplo- ha hecho políticamente viable a un capitalismo moderno e incluyente, y que contrario a temores deliberadamente propagados, tiende a reducir el resentimiento social. Es la vieja patraña con la que los que no quieren que las cosas realmente cambien, han venido justificando -egoístamente- a sus gobiernos de rufianes “de derecha”, para mantener intactos sus obsoletos privilegios y con ello, las características semi-feudales del país. Y ahora, tragándose sus anteriores palabras, recomendando ¡votar por Zandra!, “que ya probó lo bueno” y que por tanto, es “la menos peor”; porque es, digamoslo así, sobornable...


Pero saben que esto no basta. La mayoría de la gente en Guatemala no tiene ni finca ni gran mansión y por ello el discurso “anti-comunista” sólo tiene efectos limitados. Entonces complementan el mensaje del miedo al comunismo con otra de sus patrañas favoritas: el temor a un gobierno que anticipan “hereje”, que destruirá no sólo la propiedad privada, sino “lo más sagrado”, la familia, la religión. Sacando de contexto excesos y abusos en torno a la creciente tolerancia y aceptación occidental acerca de la diversidad sexual presente en la naturaleza, aseveran mentirosamente que “en contubernio con la ONU” y otros imaginarios monstruos “gloabalistas”, un gobierno de Arévalo podría resultar destruyendo “nuestros valores cristianos tradicionales” y hasta “volviendo hueco a tu hijo”. Ignorando el sabio principio liberal de separación entre Iglesia y Estado, han reclutado a un puñúsculo de obsoletos y millonarios talibanes tropicales para hacer de la próxima elección, un -falso- “asunto de consciencia”. Así, la que una vez cínicamente se divorció para poder hacerse del poder -como hasta hace poco un hipócrita Presidente homosexual de closet que declaró a Guatemala “capital pro-Vida”- resulta hoy “campeona” de los valores familiares y cristianos. A este circo le añaden las “cajas de resonancia” de la peculiar fauna fascistoide guatemalteca, dizque defensora de “nuestra soberanía” y en la que destacan personajes como Giusseppe Paparatti, el de los anteojos negros “a la Tachito Somoza” (quien no se los quitaba ni para ir a la función de cine de las nueve de la noche), despotricando contra “el criminal gobierno de Biden”, que es -según estos trasnochados- quien realmente “nos quiere imponer a Semilla”; o el descarado vocero de la “Liga Pro-Nutria” pidiendo públicamente -en su desesperación- ¡un golpe militar! para, una vez más, “salvarnos del comunismo”. O aquel abogado “re-Constituyente” de la “Guatemala Amoral”, “sin visa”, dizque defendiéndonos de la “intromisión extranjera”, como una mala caricatura de Charlie Chaplin mezclado con Adolfo Hitler. O el “cienpalabrasporminuto”, Yoabrigo Dolo, que “prueba, técnicamente”, que “todos -los que no son golpistas- son chairos”. Ni hablar de Napo Mientes-Ruin y su infaltable Güizache que no le Falla, inventando crímenes espurios a cualquier disidente del oprobioso régimen que nos desgobierna -como el infamemente torturado preso político José Rubén Zamora- pero justificando cualquier abuso de poder de los golpistas, en “defensa de la legalidad”...


Sin embargo, no en balde apodan a Zandra “la Tarántula”. Seguramente estos aliados de ocasión de los que hoy goza su candidatura, no olvidan que entre esos arácnidos peludos la hembra tiene fama de devorar al macho después de copular. Mal prospecto para un gobierno en el que la diva Presidente -de llegar “a la guayaba”- tendría, además, al Congreso y a todas las Cortes bajo su control. Y como ya lo hizo Timo Chenko, de plano “se les va a encaramar”. Por eso, para los ultra-conservadores más “duros”, ni Zandra es solución. No queda de otra: hay que impedir “a puro tubo” que se realice “la segunda vuelta”. “Repitamos la elección”. Hay que lograr que el pueblo -como casi siempre ha sido- realmente no tenga verdadera opción. “Encuentren el pelo en la sopa, muchá”. Es en ese contexto que hay que entender las grotescas acciones “legales” emprendidas por el Ministerio Público de “la Comosiama” Porras, la que usa los anteojos de diadema. Su subordinado incondicional, el fiscal Curruchiche, utilizando a aquellos jueces, “Fredy” y “Jimy” (“de una sola M...”; no como aquel mentiroso que decía que no era ni corrupto ni ladrón, que es “de doble M...”), “descubrió” -extemporáneamente, “fuera del momento procesal oportuno”- ilegalidades que dice cometió Semilla en su proceso de inscripción (sin que haya habido oportunidad de que los sindicados hayan sido oídos y vencidos en juicio) y sobre esa precaria base “ordenó” la eliminación del candidato opositor de la inminente segunda vuelta. No les importó que el Artículo 92 de la LEPP señale taxativamente que no se puede suspender, no digamos eliminar, a un Partido Político una vez iniciado el proceso electoral. Ni que el Juzgado del juecesito “ad hoc” sea de rango menor al TSE. Según la CPRG el TSE es un órgano independiente del Estado, no supeditado a ninguno de los otros tres poderes y la LEPP es de rango constitucional. Ergo, una disposición de un Tribunal de rango menor no tiene competencia ni jurisdicción para contravenir sus resoluciones. El MP está actuando ilegalmente y así lo declaró oportunamente el TSE y lo ratificó la CC, aunque desde una postura “gallo-gallina” que no termina de poner a Curruchiche y a sus secuaces en su lugar...


Para justificar sus acciones, los golpistas -todo rompimiento del orden constitucional con el propósito de acceder ilegalmente al poder es técnicamente un golpe- quieren convencer a los incautos que “hubo fraude electoral” y que “lo justo es que se repitan las elecciones”. Y la verdad es que hubo irregularidades antes, durante y después de la asistencia a las urnas y hay muchos responsables, incluyendo, principalmente, al TSE. Incontables alcaldías y diputaciones -como por ejemplo el bochornoso caso de la Municipalidad de Guatemala- son probablemente casos de “crímenes aún sin castigo” (en posterior columna sobre los resultados de Fiscal Digital, ahondaré al respecto). Pero paradójicamente, en la elección que realmente preocupa a los golpistas, la que justifica a “la segunda vuelta”, toda la evidencia documental indica que las irregularidades no son lo suficientemente significativas como para alterar los resultados. Nos protegió “la ley de los grandes números” y “el ojo ciudadano”. Así que resoluciones judiciales al margen, no hay justificación “moral” para su golpe, miwateco...


El dilema de hoy es claro, ciudadano: en caso tengamos “segunda vuelta”, (1) o tomar partido por una “exguerrillera” corrupta, hoy aburguesada y “comprable”, con Congreso y Cortes bajo su control, PARA QUE TODO SIGA IGUAL; o (2) votar por una novata y quizá un poco ingenua opción social-demócrata, para empezar a movernos hacia una sociedad menos corrupta y menos desigual. Una en la que nuevos partidos políticos auténticos, en el futuro se alternen pacíficamente, mediante elecciones libres, en el poder. Con todos los riesgos que ello pueda implicar, porque la naturaleza humana no se puede cambiar (por eso elegimos Presidente y no Rey). Pero en caso el régimen tercamente insista en romper el orden Constitucional, nos tocará articular a los patriotas algo mucho más grave: una decidida resistencia ciudadana; inicialmente, mediante la -también contemplada en la Constitución- desobediencia civil.

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