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  • Ciudadano Toriello

El Norte, sin Triángulo y el Triángulo, sin norte...

“La hazaña ya fue realizada, el clavo ya fue metido. Hispanoamérica ya es libre y si no manejamos tristemente mal nuestros asuntos, será inglesa.” – George Canning, Secretario del Exterior y eventual Primer Ministro británico; cuando a partir de 1825 se declaró presto a desafiar “la doctrina Monroe”, que proclamaba que “América es para los americanos”, instruyendo a sus enviados a rondar este Continente en busca de mercados, ventajas y territorios para “la pérfida Albión”. Mentor e inspiración del cónsul Frederick Chatfield (1801-72), “enviado extraordinario y ministro plenipotenciario” de la Gran Bretaña (1833-51), peculiar personaje obsesionado por la carrera de hacer un canal interoceánico en el istmo centroamericano antes de que lo lograran los EEUU y el primero en invocar el viejo principio del derecho romano sobre “la ocupación efectiva” – el “Uti possidetis”, para “legalizar” el despojo de Belice, de las Islas de la Bahía en Honduras y de “las Mosquitias”, frente a la nueva y débil República Federal de Centroamérica (1824-42).


El evidente parentesco histórico, cultural y sociológico entre Honduras, El Salvador y Guatemala, aunado al reconocimiento de que la satrapía orteguista en Nicaragua y la más evolucionada morfología sociopolítica de Costa Rica requieren de un “tratamiento diferenciado”, condujo a los pragmáticos analistas norteamericanos -amigos de simplificar y establecer “estándares” comunes- a acuñar el término “triángulo norte de Centroamérica”, en el diseño de su política exterior para esta región. Pero aunque haya más diferencias entre un yucateco y un sonorense, o entre un regiomontano y un oaxaqueño, que entre chapines, guanacos y catrachos, resulta que todos los primeros se sienten igualmente mexicanos, pero a muchos en estas latitudes eso del “arreglo triangular centroamericano”... “les molesta”, porque cada quien “se siente gallo” en su gallinero e ingenuamente pretende un inviable trato completamente bilateral. Para terminar de contrariar a los usuarios norteamericanos de la nueva terminología, por añadidura, lejos de seguir convergiendo hacia escenarios de cada vez mayor similitud, los acontecimientos recientes en torno al “trifinio” efectivamente han conspirado en dirección contraria. Honduras se le ha adelantado a Guatemala en el camino hacia la consolidación de ese híbrido entre una élite ultra-conservadora decadente y una agresiva cleptocracia ascendente, perdiendo toda pretensión de ser una República con un gobierno no de hombres, sino de leyes (con un Presidente hoy acusado por los norteños de narcotráfico, pero ayer “avalado” por Donald Trump para re-elegirse inconstitucional y fraudulentamente); al tiempo que el hartazgo de la ciudadanía con la corrupción del sistema ha producido el fenómeno de un nuevo “despotismo efectivo” en El Salvador, que tiene “en el bote” o prófugos, a varios expresidentes salvadoreños ladrones y a Bukele en el pináculo de la popularidad “porque el pisto alcanza, cuando nadie roba”...


Así, Honduras está quedando marginada de las discusiones “a alto nivel” con el Norte, por razones obvias; mientras que Nayib Bukele, a la par de muchos aciertos, está jugándose una arriesgada apuesta al acercarse mucho a los dos rivales globales de mayor consideración para los EEUU: una hasta ahora mal contenida Rusia expansionista y una China que exhibe su músculo militar en Hong Kong y que está en peligrosa ruta de confrontación con el Tío Sam en torno a Taiwán. De rebote y pese a su terca insistencia en la regresión de facto de la lucha contra la corrupción, Guatemala es el único vértice del triángulo que ha quedado con algún nivel de interlocución diplomática ostensible, aunque no muy lejano de un potencial “retiro de la zanahoria”, que no sería extraño fuera sustituido por un palo, de “sección triangular”. Esquinando a Honduras hasta llegar a un “modus operandi” con los otros dos, la diplomacia norteña probablemente se empeñe en evidenciarle a Bukele la desfavorable relación costo/beneficio de insistir en sus tendencias autocráticas y más aún, los riesgos de congraciarse demasiado con quienes en última instancia, son regimenes despóticos, claros exponentes de un nuevo “fascismo de izquierda”, a los que la nueva administración Biden les está entretejiendo un nuevo “detente”, reminiscente de la “primera Guerra Fría”. A Guatemala, no seamos ingenuos, le esperan acciones norteamericanas independientes de la estudiada pero torpe “indiferencia” de nuestro gobierno. El anacrónico e ineficaz sistema político guatemalteco nos arrastra, en cámara lenta, a un próximo escenario electoral “peruano”, con todo y “la hija del dictador”. Sí, ciudadano, si nos descuidamos, en dos años y pico estaremos en el trágico predicamento de tener que escoger entre “el candidato de CODECA” y la poliándrica “hija del general”, avalada por una CC confeccionada para tal efecto. Y eso no lo desconocen “en la Embajada”. Por eso no es vana especulación que se está preparando un gran proyecto de infraestructura, de gran impacto para los tres “del triángulo”, que efectivamente conducirá a (i) la reducción de las presiones migratorias hacia el Norte; (ii) una mayor presencia estratégica sobre la región; y (iii) la profundización de la interrelación económica entre aquel gran mercado y estas tres economías subdesarrolladas. Pero como “ya no da el espacio”, ese será tema de subsequentes columnas...


En ese contexto y ocupado por el prematuro “desgaste” que su mal manejo de la pandemia y su desacertada conducta en la integración de las cortes de justicia le ha ocasionado, el gobierno guatemalteco recibe la postura del gobierno beliceño frente a la CIJ en el más inexplicable de los silencios. El “sigilo” con el que el nefasto “Acuerdo Especial” fue cocinado por el canciller de Alvaro Colom en 2008, en el que se abandonó nuestra histórica condición de exigir el “criterio procesal de equidad” (Ex aequo et bono) y en el que no se tomaron previsiones para garantizar la imparcialidad del Tribunal que se integrará para conocer el caso, parece no haberle dejado muchas lecciones a nuestros diplomáticos. El canciller Pedro Brolo “se va a Moscú” (para tratar de enmendar “la metida de pata” -o el dolo- de haber entregado el 50% del valor de las vacunas -sin flete- sin siquiera contar con un programa de entregas); se va sin publicar previamente la postura de nuestro gobierno ni la respuesta del beliceño ante la CIJ, ahora que ya no hay justificación alguna para mantener tal “reserva”. Los reporteros de elPeríodico que han inquirido por el tema en el MINEX han recibido “la callada por respuesta”. Ojo, ciudadano: Guatemala tiene otros SEIS MESES para preparar su réplica a la postura beliceña. Y es en ese período que el recurso de “Amicus Curiae” puede someterse a consideración de los magistrados, para abundar con argumentos que nuestros “astutos” diplomáticos “olvidaron” invocar. Grave responsabilidad histórica recaerá sobre nuestros representantes si se añaden más torpezas a la larga lista de nuestras acciones oficiales, como no hacer del conocimiento de la ciudadanía asuntos que además de ser cuestión de mandato constitucional, son de evidente interés público...


CAMINO A LA HAYA: Como ya hemos insistido antes, el 8 de junio se cumplieron los seis meses que tenía el gobierno beliceño para plantear su postura en la CIJ, respondiendo a la de Guatemala, del 8 de diciembre del 2020. Ya no hay excusa para que nuestro gobierno guarde en secreto su planteamiento y la respuesta beliceña. No obstante, el Canciller Brolo aún no hace pública esta información, para que Guatemala se beneficie del estudio que más ciudadanos hagan del aspecto formal de la controversia. ¿Qué espera el MINEX?


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 22 de Junio de 2021"

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