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De marxólogos a neofascistas

Cuando el estrepitoso fracaso de la violenta “Revolución Cultural” propiciada por Mao Zedong y sus herederos (los de “la banda de los cuatro”) para “retornar a la esencia del comunismo”, se hizo inocultable hasta para los mismos jerarcas del Partido Comunista chino, un movimiento de retorno a la racionalidad fue liderado por Deng Xiaoping, en aquel inmenso país. Receloso del gran protagonismo, Deng supo orquestar, tras la muerte de Mao (ocurrida en 1,976), un discreto pero firme tránsito del socialismo radical fracasado a una crecientemente liberalizada economía de mercado, que para sorpresa de tirios y troyanos, produjo una sorprendentemente rápida, aunque aún muy desigual, prosperidad. La “nomenclatura” existente en el Partido Comunista, no obstante, aunque permitió, recelosa, aquella herejía, lo hizo de tal forma que los antiguos tiranos comunistas quedaran en la cúspide de lo que vino a resultar en un nuevo “Capitalismo Dirigido”, autoritario y militarizado, con todo y su eternizado “líder máximo”, como el sistema que alguna vez soñó Mussolini…

Posteriormente, tras la caída del muro de Berlín, en 1,989 y el derrumbe de la Unión Soviética, en 1,991, astutos miembros de la anterior KGB, tomaron nota del fenómeno chino y lograron hacer una “versión eslava” del “modelo chino”. Resultado de eso es que hoy existe la Rusia de Vladimir Putin, así como la China de Xi Jinping, con sus banderas y sus desfiles de misiles cohabitando con símbolos del consumismo occidental, como los celulares y las laptop, pero sin auténtica libertad política. Los antiguos austeros comunistas son hoy prósperos capitalistas “de Estado”, eso sí, rodeados de toda la opulencia y la parafernalia “de seguridad” e intimidación, que en otras latitudes se asocia con el gansterismo. Quizá por eso, ese “nuevo estilo” político haya “pegado tanto” en las versiones latinoamericanas del “socialismo del siglo XXI”, que desde Chávez hasta Ortega, y pasando por Evo, Correa y naturalmente, Maduro, hoy caracterizan a nuestras “izquierdas”. Pero no se equivoque, amigo lector, siguen teniendo inocultables tendencias despóticas…

El asunto viene a cuento porque en Guatemala, después de todo lo que esta nación ha sufrido por las intransigencias de nuestros extremistas de todos los signos, vienen marxólogos (que no han leído a Marx pero que veneran toda la iconografía marxista) reciclados a amenazar con repetir la historia del Conflicto Armado Interno, como lo acaba de hacer, por internet, un “subcomandante” no se cuántos... Y como tenemos un gobierno más preocupado en “echar a Iván y a la CICIG” que en hacer valer la Ley, hoy cualquier grupúsculo de delincuentes con supuesto “olfato político”, “toma una carretera”, o vende electricidad “del pueblo” (robada), o quema maquinaria, o toma una hidroeléctrica “que le hace daño a la madre Tierra”, sin que el Estado diga “esta boca es mía”. Y al decir Estado, me refiero a la Cortes de Justicia, a los diputados y por supuesto, e nuestro flamante Ministro de Gobernación (muy ocupado en “purgar” a los buenos elementos de la institución policial) y a su nunca bien ponderado Presidente viajero de la República…

El asunto es preocupante no sólo porque un país necesitado de inversión y fuentes de empleo difícilmente lo logrará con semejantes “incentivos”: sufrir ataques violentos en contra de inversiones que han cumplido con todas las formalidades legales, o en su defecto, “ser suspendidos” por una Corte que prevarica en contra de garantías constitucionales; sino también porque los actos de los “fascistas de izquierda”, les “dan alas” a los “fascistas de derecha”, que también existen, y que aprovechan este tipo de incidentes para “echarle agua a su molino” e insistir en que volvamos al viejo “y seguro” sistema de corrupción…

Ya los guatemaltecos hemos estado antes, por mucho tiempo, “entre dos fuegos”. Así que prepárese ciudadano, para no desperdiciar las elecciones del 2,019. Esta vez, debemos hacer un profundo análisis de qué proponen, quiénes son y qué pretenden, los candidatos a gobernarnos. Deslindar el grano del xilote. Ya no podemos seguir en manos de neofascistas, ni de la izquierda, ni de la derecha…

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