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  • Ciudadano Toriello

Carta de Navegación para un Ejecutivo rebelde

“Si lo podemos soñar, lo podemos hacer.” – frase atribuida a Walt Disney (1901-1966), tras una vida de increíbles realizaciones.


“Sigamos soñando” – me comentó un amable y asiduo lector, tras leer mi columna “la Guatemala posible”. Y efectivamente, sigamos soñando: soñemos que el régimen no logra impedir que se articule una expresión concreta de nuestra demanda política insatisfecha. Que los operadores del sistema no la logran ahogar impidiendo (i) la “nominación” de sus candidatos en alguno de nuestros deliberadamente deslucidos “vehículos electorales”, que nó auténticos partidos; que no la logran descalificar en (ii) un amañado proceso de “inscripción”, a cargo de un TSE bajo justificada sospecha pública; y (iii) que no logran impedir que en cortos tres meses su mensaje auténticamente renovador llegue a la mayoría del electorado, para que éste, contra todo pronóstico, imponga inusualmente su voluntad frente al ensordecedor y multimillonario ruido publicitario de las mafias que hoy nos desgobiernan. Ya en ese punto, entonces, ¿qué?


Guatemala ha sido estafada múltiples veces a lo largo de su Historia. Con tal de preservar sus privilegios monopólicos en el comercio exterior, en 1821 las minorías pudientes nos dieron una “Independencia sin República”, empequeñeciéndonos territorialmente y retrasando la vida social civilizada por medio siglo. Y volvieron a hacerlo en 1871, “lavándose la cara” con una revolución dizque “liberal”, cuando a pesar de habernos ofrecido un régimen constitucional de propiedad privada, lo que hicieron, en realidad, fue consolidar nuestro semi-feudal Capitalismo de Plantación, ese de la dualidad latifundio-minifundio, el de una sociedad de muchos siervos y pocos señores. Y hasta entre 1944 y 1954, la soñadora Revolución de Octubre fracasó en hacer de ésta una “república de modestos propietarios”, de amplia clase media, dejándonos atrapados en el terco conflicto entre una izquierda radical que pretende redimirnos “con el -corrupto, ineficaz y despótico- reparto colectivo (¿?) de lo ajeno” y una ultra-derecha que -seamos claros- “lo que realmente quiere, es que nada cambie”. Por eso, a partir del pacto entre grandes titiriteros de 1986 (entre los grandes empresarios, los oficiales “que ganaron la guerra” y algunos exguerrilleros amañados), nos tienen hoy sometidos a este sistema político sin partidos políticos, que serían esas hasta ahora inexistentes instituciones de derecho público de larga data, con afiliaciones masivas, con plataformas programáticas conocidas y con procesos democráticos internos para la selección de sus candidatos. En vez de eso, los guatemaltecos “gozamos” de una democracia de fachada, en la que sin mayor debate público, nos ponen a escoger entre una abultada oferta de candidatos que mayoritariamente sólo ofrecen diferentes versiones de “más de lo mismo”; para orillarnos con la masiva propaganda insulsa que financian sus abundantes dineros malhabidos, a “elegir” al dizque “menos pior”. Asustándonos -eso forma parte del sistema que mañosamente nos impone la voluntad de la mayoría de la minoría- con un (o una) convenientemente visible “comunista”, el infaltable “petate del muerto”. Para que ya con un gran ladrón al mando, eso sí, “defensor de nuestros valores cristianos”, un Congreso de “representantes” desconocidos, en su mayoría miembros de las mafias y electos con la sistémica trampa de nuestros “listados nacionales”, con ése nuestro perenne fraude estructural, hagan leyes “al mejor postor” y nombren a venales y “manejables” magistrados, que impidan efectivamente que el Estado de Derecho se haga realidad. Así que sigamos soñando, ciudadano. Soñemos que no logran impedir que el pueblo articule una auténtica expresión política de sus legítimas aspiraciones y que llevamos a la Presidencia a un verdadero líder. No cabe duda: si lo logramos, aquí va a arder Troya...


Porque tal líder debería gobernar conforme a los siguientes cinco grandes ejes de acción política: (i) tendría que llevar a cabo un proceso que efectivamente expulse del poder a la Cleptocracia, “sacudiendo al zapotal” hasta despojarlo de todos sus frutos podridos (¡al bote todos los ladrones del erario y de vuelta al pueblo lo robado!); (ii) tendrá que re-activar el proceso de construcción de una efectiva red de compensadores sociales (en salud, educación, trasporte público y seguridad) que alivie el predicamento de las grandes mayorías, iniciándolo con el pago de la semi-centenaria y más que multimillonaria deuda del Estado al IGSS; (iii) tendrá que darle acceso a la ciudadanía a la pequeña propiedad, mediante la Ley de Dotación Patrimonial Ciudadana, que combinará la distribución de acciones de una cartera de grandes proyectos republicanos en infraestructura y servicios, con facilidades para la adquisición de vivienda digna; (iv) tendrá que hacer detonar el proceso de inversión local e internacional masiva, mediante el cese del sabotaje contra el Corredor Interoceánico de Guatemala; permitiendo se realice ese visionario proyecto del que tres administraciones corruptas sucesivas han intentado apropiarse, para hacer de Guatemala una próspera bisagra del comercio marítimo mundial y transformando, de paso, la estructura macro-económica del país; y (v) deberá iniciar un auténtico proceso de diálogo regional, que algún día nos lleve a la restauración de la Patria Grande, la original, la vilmente asesinada por los aycinenistas, República Federal de Centroamérica...


Estos cinco ejes programáticos implican una crítica reconstrucción de “las reglas del juego”. Obligarán a una revisión pública de nuestra estructura de ingresos y egresos gubernamentales. Requerirán de muchas reformas, y en algunos casos, hasta de reformas constitucionales, conforme a los procedimientos contemplados por el propio pacto Constitucional. Por eso, conducirán a un casi inevitable enfrentamiento entre tal Ejecutivo y el muy probable “próximo peor Congreso de la Historia”. Y habrá pleito también con las ilegítimas Cortes y Tribunales amañados con los que este pútrido sistema “nos ha dotado”. El nuevo líder deberá empezar por hacer cesar la distribución de coimas y favores a los diputados y a los jueces. Por vigilar que nadie más pueda sobornarlos y por que desaparezcan las “plazas fantasma”. Por exigir la renuncia de varios operadores venales en diversos organismos. Por impedir la sobrevaloración en la provisión de bienes y servicios al Estado. Por hacer normal la carga tributaria. Y el régimen se resistirá. Pondrá “el grito en el cielo” y “se rasgará las vestiduras”. Pero el líder informará al pueblo de todos sus movimientos. Pedirá la opinión de todos los sectores sociales. Hará encuestas, y si es necesario, hasta llevará a cabo un Referéndum. Llevará al pueblo y a la Prensa a las orillas del Hemiciclo parlamentario y a los estrados de las Cortes. Para que el pueblo conozca quiénes son los patriotas y quiénes los farsantes. Señalará con firmeza cuando los funcionarios traicionen el mandato popular. Gobernará con el pueblo, no contra él. La mayoría, hasta hoy silenciosa, lo respaldará entusiastamente, ciudadano. Y el régimen se resistirá, pero no tanto que nos canse. Pronto verá el régimen que su resistencia será superada; que la Historia, finalmente, con la participación de la mayoría del electorado, ¡con el 70%!, nos alcanzará...


¿Y que por qué sostengo que esto es más que un sueño? Porque el régimen es un monigote con pies de barro. Porque sé que es un tigre de papel. Es inmensamente impopular y sólo nos gobierna porque nos hemos dejado. Tampoco lo quieren los del Norte ni los representantes de la Comunidad Internacional que aquí cuenta. No lo quiere la Prensa (con excepción del corrupto monopolio de la TV abierta que habrá que arrancarle al mexicano de Miami, el tal González), ni lo quiere la inteligencia del país. ¿Y qué tiene? Pues pisto, ciudadano; malhabido, pero mucho pisto. Y las voluntades a sueldo de sus múltiples corifeos y adláteres, enquistados, a la brava, en las instituciones republicanas o en los “net-centers” mercenarios. Tiene también sobornados, de una u otra manera, a muchos de los que dirigen las armas oficiales del país; pero a diferencia de Maduro, por poner un ejemplo, no los tiene tan “agarrados” (como sí los tiene el venezolano, con una red implacable de contra-espionaje y de disuasivos mortales), que efectivamente pueda impedir una -esperamos siga innecesaria- rebelión.


Hay un 15% del electorado que aún, pese a la condundente evidencia histórica, todavía cree en los peligrosos “cantos de sirena” del trasnochado leninismo latinoamericano. Son irrelevantes. Hay otro 15% que por miopes o por temer la pérdida de sus privilegios, lo que quieren es que, en realidad, nada cambie. Son los que dicen que somos “chairos”. Esos son el verdadero enemigo. Los que compran voluntades, los hábiles creadores de mayorías inexistentes, los que creen que porque al pueblo lo han mantenido en la ignorancia y en la pobreza innecesaria, podrán seguir manipulándolo siempre. En un régimen auténticamente democrático, no tienen chance alguno de prevalecer. Por eso no son, no pueden ser, demócratas. Por eso, solapadamente, favorecen las fórmulas autocráticas. Y ahí entra usted, ciudadano, con su labor cívica “a nivel hormiga”. Porque usted constituye el espinazo de la estructura informal de liderazgo de la Nación. Porque usted puede contribuir, decisivamente, a cambiar la voluntad colectiva de la sociedad. A cambiar la indiferencia y el fatalismo. A impedir que nos dividan hasta hacernos oposición estéril. Tiene usted el hasta ahora impensado poder de la libertad de expresión en las redes sociales “orgánicas”. En aquellos canales de expresión que no están sujetos al “boicot publicitario” con el que “colaboran” algunos malos empresarios, sometidos al régimen. Lo tiene usted en la magia de la palabra hablada. Somos el 70% los que queremos una Patria digna, verdaderamente soberana, dotada de un capitalismo moderno, próspero, incluyente; con un régimen político que sea auténticamente democrático. Usted puede decirle nó a un pasado que se niega a dar paso al futuro que merecemos y con su ejemplo y liderazgo, cambiar nuestro destino. Sí, la hora del 70% ya llegó. No podemos darnos el lujo de que se consolide en el poder esta dictadura corporativizada en ciernes. Ya no podemos permitir que nos engañen aquellas que representan a -o que son- “la vieja política”. Nó, ciudadano. Esté atento. Vienen meses cruciales para el futuro de la Patria. Ya el asunto debemos tomarlo en nuestras manos. Recuerde: indefectiblemente, “cada pueblo tiene el gobierno que se merece”...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 3 de Enero de 2023"

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