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  • Ciudadano Toriello

Aquella proverbial luz al final del túnel...

“Los Estados del Istmo..... hasta Guatemala formarán, quizá, una asociación. Esta magnífica posición, entre los dos grandes mares, podrá ser con el tiempo el emporio del Universo. Sus canales acortarán las distancias del Mundo; estrecharán los lazos comerciales de Europa, América y Asia y traerán a tan feliz región los tributos de las cuatro partes del Globo. ¡Acaso sólo allí podrá fijarse algún día la Capital de la Tierra! como pretendió Constantino que fuese, el Bizancio, la del antiguo hemisferio...”- Simón Bolívar, en la “Carta de Jamaica”, Kingston, 6 de septiembre de 1815.



Al agonizar el siglo pasado, un grupo de visionarios encabezados por un piloto aviador retirado de nuestra Fuerza Aérea, Guillermo Catalán España, soñó con hacer realidad en Guatemala el sueño de Bolívar que está consignado en el acápite. No teniendo ni la chequera de Aristóteles Onassis, ni la fuerza coercitiva de una entidad estatal, la única ruta posible era, por supuesto, la de la paciente persuasión racional. En un sostenido esfuerzo de aproximaciones sucesivas y al amparo de garantías constitucionales y sus consiguientes facultades legales, se llevó a cabo un largo proceso que incluyó análisis de fotografías aéreas, geo-posicionamiento satelital, estudios topográficos de campo e investigación catastral, y así se definió una ruta interoceánica que tiene virtudes únicas, como la de que estando al norte de Panamá, sólo requiere remontar una altura dos y medio veces menor que la requerida en el istmo de Tehuantepec. Resultó, además, una ruta que por la peculiar geografía de la península yucateca y la isla de Cuba, representa menos millas náuticas entre Shanghai y Nueva York que las que implica el paso por el istmo mexicano. En el proceso hubo que contratar expertos locales y extranjeros para hacer estudios técnicos y financieros, y personal de campo para identificar plenamente las rutas; así como para llevar a cabo las pacientes negociaciones -haciendo frente a los rumores y a la consabida maledicencia de los eternos agoreros de la impotencia chapina- con los propietarios, individuales la mayoría, pero algunos institucionales, de casi cuatro mil terrenos...


El proceso sufrió una crisis de confianza cuando, a principios de siglo, llegaron noticias de la inminente expansión del Canal de Panamá; pero nuevos estudios demostraron que aún con la ampliación, dicho Canal presentaría serios problemas de congestionamiento y dificultades técnicas para mayor expansión, extremos ya confirmados a partir del inicio de operaciones del Canal ampliado, en 2016. Todo aquello, naturalmente, requirió de algo más que “cascaritas de huevo huero”, pero la nobleza del sueño siempre contó con espontáneos y entusiastas apoyos, que aportando ya fuera servicios directos o sacrificando ahorritos de muchos soñadores, hicieron posible el milagro. Poco a poco, la magia de la cooperación pacífica y la buena voluntad, generó un fenómeno tan inusual, que el Proyecto mereció, no sólo el entusiasta apoyo de entidades multilaterales de desarrollo y hasta la curiosidad del Congreso norteamericano, sino, también, premios internacionales, por la originalidad, pertinencia, futuro impacto y enfoque social de la iniciativa. En el área de influencia del Corredor Interoceánico de Guatemala (CIG), la promesa de desarrollo que implicará para poblaciones tradicionalmente ignoradas o marginadas, creó grandes simpatías y hasta “ilusión popular”, cosa que se manifiesta a través de una Plataforma Social y Política en la que participan 44 municipalidades, 9 mancomunidades, 224 entidades agrícolas, 3 comunidades indígenas y aproximadamente, 1200 comités locales. Una conjunción de voluntades de más de nueve mil familias directamente involucradas y la justa fracción de los futuros beneficios que se compartirá con las entidades locales ya mencionadas (que representan a cientos de miles de integrantes), propiciaron la gestación de sendas declaraciones de apoyo municipal y la adhesión de otros grupos locales a este proyecto que -vale la pena señalar- el propio Estado de Guatemala ya declaró “de interés nacional” (AG No. 270-2013) hace más de lustro y pico. Así y pese a un sinfín de vicisitudes que le voy a abreviar, amable lector, un singular inmueble de 372 Kms. de largo y 140 mts. de ancho, con acceso a ambos océanos y con varias zonas de apoyo logístico y áreas de amortiguamiento ambiental, quedó integrado como una casi inverosímil e inusual propiedad privada de miles de accionistas, en esta sorprendente y maravillosa Guatemala...


Pero he aquí que “cuando se juntan los mares”... ánimas amargas siembran la discordia. Algo hay de aquello que “en aguas revueltas, ganancia de pescadores”. Muchos de los usuales agoreros del fracaso empezaron a constatar, contrario a sus expectativas, el interés del capital internacional en este Proyecto (uno que concita la inversión de miles de millones y otros tantos similares de generación de nuevos ingresos). Eso propició que se despertaran las ambiciones y recrudecieran las envidias. El proyecto, concebido con dos puertos privados nuevos de gran calado, conectados por rieles para alta velocidad, súper-carretera y diversidad de ductos, está destinado a convertirse en un nuevo motor económico como el que en su momento fueron, primero el añil y la grana, luego el café, después el Mercado Común Centroamericano, y ahora, mientras no las frenen también, las remesas de nuestros migrantes. El CIG implicará el surgimiento de una nueva, fresca, sana e independiente fuente de poder económico, cosa que desde luego molesta a algunos y a otros los motiva a ver cómo -sin legitimidad alguna- “sacan tajada”. La construcción de las infraestructuras y su posterior operación, generará realmente, el por otros tan cacareado “muro de prosperidad”; que aquí, además, provocará que “los ojos del mundo” se enfoquen “24/7” sobre una franja de territorio en la que antes muchos encontraban un “paraíso sin Ley”. Primero fueron políticos y “operadores” cercanos al poder, que pretendiendo “ayudar” al Grupo Promotor original, trataron de embarcarlo en el dudoso mundo del capital negro internacional, para después, arrebatarle el control. Luego, supuestamente astutos “tiburones” del capital guatemalteco tradicional, como en una mala película de Hollywood, asumieron que podían desplazar del liderazgo del proyecto a sus genuinos líderes naturales, con aquella actitud de que “son gente de medio pelo, que ni siquiera se sabe vestir”; quienes además de auspiciar una sucia campaña negra, han tratado de entrampar interminablemente al proyecto en algunos tribunales venales, al ver frustrado su fallido intento de llevar a cabo un “take-over” hostil. Finalmente, esa oscura amalgama de rufianes -que tan fácilmente “coexiste” con nuestros gobernantes actuales- y que cuenta con “grupos de choque”, hicieron patente su violenta presencia, causando, por ejemplo, la excecrable muerte de una cuadrilla de topógrafos y negociadores del CIG, para enviar el mensaje de que “sin su -ilegítima- anuencia” no habría proyecto (la población local se organizó para denunciar el atropello y las autoridades, para variar, no han hecho mayor cosa). Todo esto llevó a que los frustrados asaltantes del proyecto, en amorfa coalición, optaran finalmente por impedir la ejecución del proyecto, a favor de otras opciones técnicamente menos eficientes -en realidad, inviables- pues, “o lo hacemos los de la foto, o no se hace”. Así, el CIG, tristemente, ya lleva dos décadas y seis mártires... Sí, esa amorfa coalición de malos empresarios, funcionarios corruptos y archiconservadores que sojuzga a nuestra Patria, sigue evidenciando que sólo son “como el chucho del hortelano; que ni come, ni deja comer”...


El CIG, como el Ave Fénix, no obstante, avanza “contra viento y marea”. Es una empresa organizada conforme al ordenamiento jurídico nacional, cuyo patrimonio real (el valor de su inmueble único) es ya superior al patrimonio del mayor de los bancos del país (y pese a ello, increíblemente, un torpe banco comercial local, haciendo eco de maledicencias e inconfesables presiones y evidenciando su inverosímil miopía, se negó ¡a la simple apertura de cuentas bancarias de la sociedad anónima que representa al proyecto!). Mientras tanto, las rutas de comercio mundial siguen evidenciando tanto su crecimiento exponencial como su saturación (el reciente incidente en Suez, la incapacidad del canal de Panamá para darle paso a los buques “de nueva generación” y el “apretacanuto” actual de los puertos californianos, lo atestiguan). Consiguientemente, grupos internacionales de inversión, con renovado interés, se acercan al Proyecto para viabilizar su ejecución, que en una primera etapa, se ha concebido para un trasiego anual de ¡diez millones de contenedores! Suscita interés, además, la menos complicada e inusual condición privada del proyecto (sin peligro de cargar “de mordidas” al emprendimiento); así como el plan de expandir en el futuro sus economías de escala para propiciar un nuevo transporte interno de mercancías y personas al interior de los tres países del Trifinio. Mediante la utilización de activos ociosos que se propone obtener, entregando el 49% de su valor, a todos los ciudadanos de a pie, en forma de acciones preferentes, en cada república, éste será un novedoso ensayo del capitalismo popular e incluyente que tanta falta nos ha hecho. ¡Ah... pero el gobierno del doctor Timo Chenko y sus ministros prefieren darse por no enterados! Quizá sea porque aquí no habrá “alfombras persas” u otros “argumentos” similares de persuasión, o quizá no. Pero el hecho es que pese a que según sendas declaraciones oficiales, el Estado de Guatemala considera al CIG “de utilidad pública e interés nacional”, nuestras autoridades exhiben una estudiada indiferencia, que en ocasiones llega a la velada insinuación de un posible e hipócrita “veto de facto” hacia cualquier solicitud internacional de colaboración. Torpemente, hay actores insertados en el aparato de poder nacional que equivocadamente creen que el CIG “es competencia” (que hay que eliminar) para darle viabilidad a otros proyectos “similares”, algunos de dudosa sensatez...


Lo que queda claro es que el CIG no es del agrado de esa alianza de grupos ultraconservadores con la cleptocracia que co-gobierna el país y por tanto, no hay que contar con ellos. En consecuencia, habrá que contribuir a que su aherrojamiento del futuro del país, cese pronto. Guatemala está destinada a convertirse en una bisagra de dos grandes circuitos trasoceánicos y a ser un próspero y futurista centro logístico de alcance mundial. Sucederá, sólo es cuestión de tiempo. Parafraseando al poeta guatemalteco Fray Matías de Córdoba (c. 1798): “...La tentativa de abatir al hombre que por su ingenio y su virtud se eleva ... hiere (sólo) al que ingenuamente (desconoce) ... que a sus (maquinaciones resulta) superior (la) inteligencia”...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 12 de Octubre de 2021"

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