Buscar
  • Ciudadano Toriello

Al rescate del espíritu del 2015

“Cada pueblo tiene el gobierno que se merece.”- Lapidaria frase del absolutista Joseph-Marie de Maistre (1753-1821, Conde del Reino de Sardinia, “amigo de Papa, Rey y verdugo”). Si bien la sentencia fue acuñada como una denuncia conservadora de los excesos de la Revolución Francesa, tiene una irrefutable lógica que se aplica por igual a la tolerancia de gobiernos de cualquier signo ideológico que resulten despóticos o ilegítimos.



En reciente entrevista antes de morir, el historiador y constitucionalista Jorge Mario García La Guardia señaló que el actual régimen político guatemalteco, por su evidente desdén hacia los equilibrios institucionales republicanos, estaba creando nuevas condiciones pre-revolucionarias. Consideración no desdeñable en estos días en los que nos encaminamos al septuagésimo séptimo aniversario (77 años) de la Revolución de Octubre de 1944, que nos recuerda que el pueblo guatemalteco a veces también despierta. La década de 1944 a 1954, representó uno de los poquísimos períodos (el otro fue de 1929 a 1939, cuando aún éramos República Federal) en los que hubo progreso real hacia una República de todos los ciudadanos. Pero los procesos que la Revolución del 44 puso en marcha, al igual que los de los “liberales históricos” (emblematizados en Guatemala por Mariano Gálvez), fueron violentamente abortados o adulterados por reacciones conservadoras empeñadas nó en corregir sus errores y sus excesos, sino en impedir todos los cambios de fondo e imponer procesos regresivos. El 90% de nuestra vida independiente la hemos vivido viendo cómo nuestros gobernantes, contra la voluntad del pueblo, tratan de detener las agujas del rejoj. Por eso estamos como estamos. Por eso aún somos una sociedad atribulada, confrontada entre sus partes e innegablemente injusta y atrasada.


Algo similarmente esperanzador al “octubrismo” se empezó a perfilar en el 2015: hastiado de gobernantes que en vez de propiciar la salud y la educación para todos, la construcción de esenciales infraestructuras básicas y la provisión por el Estado de seguridad y justicia, llegan a posiciones de gobierno, fundamentalmente, a robar cuanto puedan; el pueblo de Guatemala se manifestó en calles y plazas para defenestrarlos. Lo logramos, pero poco nos duró el gusto. A pesar de que se ha hecho evidente la conexión entre el robo al erario, el financiamiento de las elecciones y la perpetuación de nuestro atraso, empezando con “Jimmy” y siguiendo con “el doctor Timo Chenko”, hemos visto cómo se ha puesto en marcha un nuevo proceso regresivo: tras expulsar a la CICIG, (1) se abortó la lucha real contra la corrupción, desintegrando un largo esfuerzo por modernizar a la policía nacional, persiguiendo a los fiscales comprometidos en el combate al crimen y viciando los procesos mediante los cuales se integran los tribunales de justicia, para garantizar la impunidad de la cleptocracia que nos gobierna; y (2) se abandonaron los procesos destinados a resolver la grave problemática nacional, afianzando la estructura de control del poder político y de paso robándole al pueblo algo más crucial: su esperanza en un futuro mejor. La lección del 2015 es clara: no basta con manifestar en las calles y plazas, el movimiento cívico de rescate nacional debe articularse políticamente; de lo contrario, sólo seguiremos llorando, pública o privadamente, nuestras desgracias colectivas...


Nos enfrentamos a un régimen político probadamente astuto: la entente de 1985 entre grandes empresarios, guerrilleros derrotados militarmente y “los oficiales que ganaron la guerra”, estructuró un sistema en el que el debate político real está proscrito y sólo se permiten opciones inocuas, con “candidatos mudos”, que eso sí, “reparten el pastel” entre todos sus cómplices, a través de consentir el múltiple saqueo del erario. El habilidoso sistema utiliza “trampas estructurales” que inhiben el surgimiento de auténticas opciones políticas frescas, de facto limitando “el menú electoral” a dos gastadas y estériles recetas, que se dan por “sobre-entendidas”: el electorado debe “escoger” entre “los que no quieren que las cosas cambien” y “los amigos de repartir lo ajeno”. Estos últimos, reducidos a papel de espanta-pájaros, para preservar la dominancia de los primeros y manteniendo al pueblo desinteresado en la política, hastiado y desesperanzado. Así, dos minorías que no representan al 70% del electorado, juegan un corrupto jueguito en el que a los neo-marxistas se les permite sobrevivir (y quienes, a su vez, le apuestan a que su “paciencia estratégica” algún día -más temprano que tarde, suponen- “les dará fruto”, como en El Perú); todo ello para que asustados “con el petate del muerto”, los votantes dizque legitimen a esa amorfa coalición de ultraconservadores, narcos y cleptócratas que detenta el poder. El cuadro político pre-electoral ya se devela frente a nuestros ojos: aproximadamente dos docenas de “vehículos electorales” -parte de la estrategia divisiva que utiliza el sistema- se posicionan desde ahora para que mediante sus prácticas transaccionales y entre codazos y zancadillas, puedan tomar la posición de “porta-estandartes” de las dos recetas: por un lado, definiendo quien será, tras “la primera vuelta”, la opción “de CODECA”, para enfrentar a los que aspiran a perfilarse como los porta-estandartes “de la derecha real”, los verdaderos beneficiarios corruptos del sistema. Así que si el movimiento ciudadano no se articula inteligentemente, tendremos en un par de años, la disyuntiva “peruana”: una batalla mercadológica grotescamente burda -como si se tratara de vender electrodomésticos o cervezas- entre neo-marxistas y ultraconservadores, con estos últimos comprometidos, hasta el tuétano, con mercaderes, narcos y una cada vez más descarada cleptocracia. Se tratará, fundamentalmente, de “comprar” el voto, no sólo con promesas de “hueso”, sino con rifas, parrandas masivas, “vales” de fertilizantes y otras novedades por el estilo (“a la Baldizón”), donde la abundancia de dineros mal habidos es “el secreto del éxito”. El vacío intelectual del proceso político emblematizado desde ya con “pre-candidatos” que utilizan ridículos disfraces y “eventos” para “llamar la atención” o que hasta se filman ¡”haciendo popó en el monte”! para demostrar que dizque son “puro pueblo”...


Ya no hay tiempo de fundar “al partido ideal”, ciudadano. Tiene usted que involucrarse para que el movimiento cívico penetre a un puñado de los vehículos electorales existentes exigiendo coincidencias hacia una agenda política de RENOVACION REPUBLICANA. Pero no se desespere, ya ha empezado a ocurrir. Es la estructura informal de liderazgo de la sociedad en espontánea y discreta acción. Está ocurriendo porque muchos ciudadanos responsables ya saben que de lo contrario, el nefasto sistema actual continuará consolidándose, haciendo más difícil cualquier reforma futura. El reloj no se detiene: es ahora o nunca. Por eso lo exhorto a decir como ya lo están haciendo muchos: BUSCO UN PARTIDO que se comprometa a: (1) Re-iniciar “la limpia” que empezó CICIG; (2) Iniciar el proceso de “Dotación Patrimonial Ciudadana”, para materializar una profunda transformación socio-económica del país; (3) Marchar hacia la cobertura universal del IGSS, para lo cual el Estado debe empezar por pagar la deuda que le tiene pendiente; (4) Dejar de impedir el desarrollo del Corredor Interoceánico de Guatemala (CIG), que iniciará el proceso de “despegue económico” nacional; y (5) Iniciar a través de este último (el CIG), el proceso de persuasión que conducirá a la restauración política de una renovada República Federal de Centroamérica.


No tenemos por qué renunciar a nuestro derecho a tener un gobierno decente. No tenemos por qué renunciar a la perspectiva de un vigoroso despegue económico, con un capitalismo moderno e incluyente y apoyado en instituciones republicanas verdaderamente democráticas. No tenemos por qué renunciar a tener un futuro nacional. Pero para ello, el ciudadano consciente debe involucrarse políticamente. Si usted no se mete con la política, la política terminará metiéndose con usted. Recuerde que en última instancia, la lógica del conde de Maistre interpela implacablemente nuestras indiferencias: es cierto, cada pueblo tiene el gobierno que se merece...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 19 de Octubre de 2021"

245 vistas1 comentario

Entradas Recientes

Ver todo