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  • Ciudadano Toriello

Agonía de la democracia guatemalteca

“Libertad, democracia, ley, reputación o posición oficial, dejaron entonces de ser consideradas útiles por el pueblo; ya que aún la magistratura del tribuno, concebida para limitar el abuso del poder, era evidentemente culpable de abusos e indignidades.” Apiano, el Alejandrino, historiador romano de origen griego (c.95 – c.165 ddC); quien describe cómo del asesinato de los hermanos Graco a manos del Patriciado, se llegó a la muerte de la República, a manos de Julio César.


En una sociedad auténticamente democrática, los partidos políticos sirven de intermediarios entre las aspiraciones cívicas de los ciudadanos y el Estado. En primer lugar, son entidades de derecho público que no tienen “dueño”, sino organizaciones multitudinarias en las que mediante el debate público y las elecciones internas, se definen las plataformas programáticas de la entidad y sus candidatos a representarlas en la contienda electoral general. En una democracia madura, existe sólo un puñado de partidos de larga duración cuyas ideologías son conocidas con relativa exactitud por el votante promedio, quien sólo necesita conocer mejor acerca de la calidad ciudadana de los candidatos y detalles acerca de sus propuestas específicas, para articular las aspiraciones de los grupos de opinión que realmente existen en la sociedad. De cuando en cuando, si los partidos existentes no articulan una sentida demanda ciudadana, surgen nuevas agrupaciones sin mayores cortapisas, para satisfacer cualquier demanda ciudadana insatisfecha. Eso -según lo demuestra la Historia- conduce al “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” del que hablaba Abraham Lincoln. Como es obvio, ése no es el caso de Guatemala.


A través del pacto de 1985, tras un sangriento y traumático “conflicto armado interno” (causado, a su vez, por las características tercamente feudales de nuestra sociedad), cansado el pueblo de la violencia y presionados por actores internacionales también cansados de patrocinarlos, los grandes titiriteros de nuestro país arribaron a una especie de armisticio tácito. Así, (i) los empresarios más acaudalados, (ii) las mafias herederas de “los oficiales que ganaron la guerra” y (iii) las de unos cuantos exguerrilleros cooptados -también adeptos a las trampas y al pisto, concibieron nuestro actual “sistema político sin partidos políticos”, para darle un hipócrita cariz “democrático” a una periódica -y amañada- transmisión no-violenta del poder. Ninguno de estos tres grandes titiriteros era de veras creyente en la democracia -por distintas razones, aún hoy la consideran peligrosa o inconveniente- aunque todos aceptaban en 1985 que era ya necesario adoptar ostensiblemente sus formas, por razones de inevitable pragmatismo. Los grandes empresarios pensaron que lograrían “controlar” esta dizque nueva democracia de fachada, pues el sistema se diseñó para que el poder, en realidad, sólo se pudiera “comprar” con mucho pisto, que era lo que ellos tenían en abundancia. Fieles a su tradición cultural, empezaron a reformular sus continuadas maniobras para “sub-contratar” operadores políticos, que a cambio de tener acceso a “las mieles del poder”, cimentarían el poder de las élites para continuar imponiendo la voluntad de “la mayoría de la minoría” a toda la Nación. Pero lo que no previeron fue que los otros dos grupos habían adquirido grandes habilidades para “ordeñar” el presupuesto nacional durante la recién terminada “guerra interna” y que con sus cada vez más abundantes dineros malhabidos, les disputarían la hegemonía en ese sucio dizque “juego democrático”, cada cual con la “sub-mafia” de su preferencia. El sistema, además, no “congeló” las reglas de juego en la propia Constitución, sino que delegándolas en una Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP), las dejó en manos de los beneficiarios directos del corrupto sistema, con lo cual se aseguró el progresivo deterioro adicional del régimen; pues con esas facultades, en Guatemala, “los lobos han terminado pastoreando a las ovejas”...


Con las actuales “reglas de juego”, el perverso régimen logra que (i) la participación política se desmotive (se promueve la apatía, por aquello, fácilmente demostrable, de que “la política es sucia”) y se dificulte (los jóvenes no se incorporan automáticamente al “padrón electoral” al sacar su DPI, sino que tienen que hacer otro trámite, engorroso y difícil). Que mediante engorrosos y onerosos trámites, (ii) los partidos políticos se constituyan en efectivos “filtros” de cualquier propuesta política “peligrosa”, al ser “vehículos electorales” cuya “tarjeta de circulación” puede ser vetada por las venales “autoridades de tránsito político” (el RENAP, la CGC y sobretodo, el TSE), en cualquier momento. Dentro de los “partidos” el (o los) “inversionista(s)”, mediante una burda “política transaccional” (“vos te vas de alcalde, a vos te daremos ‘la primera casilla’, tu sobrina será Concejal en aquella muni”, etc.), se transan puestos “de representación popular” a cambio de favores tasables o de dinero en efectivo. Con ello, se alienta la proliferación de varios grupos de “empresarios de la política” que invierten en una especie de “juego de ruleta”, ofreciendo “vehículos electorales al mejor postor” a potenciales candidatos que tengan “caudal político” tasable; lo que como mínimo, contribuye a diluir cualquier competencia real que desafíe al sistema. Así, el régimen logra imponer al Presidente de la minoría y se asegura de que queden colocados “representantes del pueblo”, extraídos de listados de anónimos e incondicionales operadores; y a continuación, con el Ejecutivo y el Legislativo así tomados, Cortes y Tribunales poblados de jueces venales que resolverán, ordinariamente, “al mejor postor”. Finalmente, (iii) la “temporada eleccionaria” y el debate político público, se circunscriben a un cortísimo período, en el que cualquier nueva propuesta se ahoga entre un abrumador “ruido publicitario” y en el que no se ventilan ideas o propuestas, sino que se impulsan inocuos e insulsos lemas de mercadeo, que embauquen o confundan más al electorado. Y a eso le llamamos aquí, “democracia”...


Si el sistema hubiese conducido a “la cura” de esta sociedad enferma, el pueblo, aunque fuera a regañadientes, lo habría aceptado. Pero lejos de atacar la problemática socio-económica de fondo y evolucionar hacia fórmulas más civilizadas de convivencia, el régimen ha profundizado nuestra perpetua crisis. Nos mal gobierna hoy una amorfa y difusa coalición de mafias, cada cual aferrada a su feudo, cual garrapata, succionando toda fuente de gasto público, y cooperando casi automáticamente, en sus tácitos intereses comunes. La corrupción, consustancial al régimen, le roba al pueblo, de manera cada vez más descarada, sus escasos recursos, afianzando un sistema en el que nada, realmente, cambia; y así, la ineficaz fórmula de bajísimos impuestos, “mano de obra barata” y un “Estado castrado”, como gran política “de desarrollo”, se mantiene, todo a costa de que las mafias roben sin cortapisas. El gobierno de Timo Chenko, que pasó “a segunda vuelta” habiendo obtenido ¡menos del 6.5% del voto de los ciudadanos en edad de votar!, ilustra la caducidad e inmoralidad del sistema. Como es sabido, en “la segunda vuelta” el régimen recurre a algún “petate del muerto” (la infaltable “amenaza comunista”) para orillarnos, pese a nuestras reservas, a ungir “al menos pior”. Así, una mafia segundona y mediocre, habiéndose untado abundantemente con los recursos del Estado, hoy se apresta a perpetuar al régimen en el poder. Sabiendo de su impopularidad, el actual gobierno ahora se conforma con meter a Suguelito al Congreso y a pactar la impunidad del doctor sin pacientes, ya sea con una o con otra de las representantes naturales de “la vieja política”; aunque ambas personifiquen a dos mafias rivales. El pueblo sabe que ambas cooperaron y cogobernaron con Giammattei. En ese sentido, Zandra y Sury son lo mismo: una garantía de impunidad para Timo Chenko y con diferencias de estilo, una garantía de que todo, en el fondo, seguirá igual. Con un agravante: si las mafias que hoy persiguen a jueces, fiscales y voces disidentes -y que han venido tomando, hasta a la fuerza si les parece necesario, a todas las instituciones que puedan contrapesarlos- se consolidan otros cuatro años en el poder, ya no será posible defenestrarlos “por las buenas”; nos aguardaría, tristemente, otra vez, un futuro de sangre, sudor y lágrimas...


Por todo lo anterior, la Alianza para el Rescate de la auténtica República Democrática (ARDE), un espontáneo grupo político informal, inició hace meses un acercamiento con distintos actores políticos. Siendo que no había tiempo de iniciar el largo y oneroso trámite de hacer un nuevo “vehículo electoral”, se conjeturó que era necesario intentar lograr un pacto entre políticos “en circulación” que estuvieran dispuestos a iniciar la lucha para defenestrar, por la vía electoral, al régimen. En una primera etapa, se abordó a un puñado de partidos que estuvieran tanto a la izquierda como a la derecha del espectro, para proponer (i) una agenda mínima común, que por su naturaleza, fuera considerada aceptable por un amplio abanico político; (ii) una “primaria a la Tortrix”, para pre-seleccionar un solo Candidato Presidencial que aglutinara, en vez de dispersar, al insatisfecho 70%; y (iii) la adopción pública del compromiso implícito en el pacto. Pero más de tres décadas de consolidar la cultura política actual, no han pasado en vano. No se logró. Entonces, bajo la premisa de que “la política es el arte de lo posible”, ARDE buscó y “se topó” con un vehículo electoral cuyo “dueño” decía estar dispuesto a darle cabida íntegra a su propuesta. En un consciente ejercicio de inevitable política transaccional, y pese a las advertencias de que estábamos lidiando con “el Plan B de Zandra”, se pactó que ARDE definiría a los integrantes del Organismo Ejecutivo de su potencial futuro gobierno, mientras que los organizadores del “Partido Nosotros”, definirían a todos los demás aspirantes a cargos de elección popular de la entidad. Rudy Guzmán, yerno de Sandra, afirmaba grandilocuentemente que quería estructurar una opción de veras independiente de su suegra. Decía buscar el efecto de combinar una candidatura Presidencial que generara entusiasmo en el electorado, con su relativamente amplia organización en el interior del país. Pero el choque “de culturas políticas” devino inevitable y la semana pasada, se evidenció que las posturas del dueño del “partido del Gallo” no eran sino una farsa más. De hecho, analistas amigos nos empezaron a advertir desde hace varias semanas, que habiendo doña Zandra detectado la naturaleza de nuestra propuesta, ordenó que “entretuvieran la nigua” lo más posible, para evitar que ARDE, a última hora, encontrara cualquier otro vehículo electoral aún disponible. Quedan ocho semanas para ver si tal designio se materializa y ARDE no logra materializar su propio “Plan B”. Mientras tanto, ARDE continuará buscando cómo contribuir a que el nefasto régimen que nos desgobierna, no se consolide...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 24 de Enero de 2023"

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