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  • Ciudadano Toriello

A ver cuánto dura esta torpe dictadura

“En la casa del poderoso no hay más lugar para escupir que en su cara.” – Diógenes, el Cínico, filósofo griego del Siglo IV, A.C.


Una de las características de la “democracia de fachada” instaurada por el pacto tácito de 1985 ha sido que “los controles” ejercidos sobre los derechos “teóricos” de la ciudadanía cuenten, en todo momento, con una creíble “coartada republicana”. A la oligarquía guatemalteca (que según mi ya fallecido profesor del MIT, Lester Thurow, se diferenciaría de una “aristocracia” al carecer de un liderazgo moral sobre la sociedad que a juicio de la ciudadanía compense sus privilegios heredados), eso le había permitido justificar su convivencia con la corrupción y ciertos abusos de poder, al atribuírles calidad de “males necesarios”, para dizque “preservar nuestras libertades”. Así, el recelo hacia toda opción política reformista y el concomitante apoyo, supuestamente a regañadientes, a opciones sabidamente ineptas y ladronas, se ha justificado en las últimas décadas con aquel chapinísimo refrán de que “más vale malo conocido, que bueno por conocer”. El objetivo real de los titiriteros, desde luego, ha sido menos noble y más bien, pecuniario: preservar una estructura socio-económica de bajo costo laboral y fiscal, que aunque anticuada y políticamente inestable por los desgobiernos permitidos, resulte muy rentable para las fuerzas oligopólicas dominantes. Como hasta ahora lo ha sido. Por eso, como dijo Roosevelt, muchos han aceptado sin rubores que “podrá ser un hijo de puta, pero es nuestro hijo de puta”. Al fin y al cabo, “son ladrones, pero no comunistas”. O más al punto: “los permitimos ladrones -y sobornables- para que no sean chairos”. Porque “con éstos, todo es cuestión de pisto”, por tanto, “los podemos comprar”. Así ha sido y algunos ingenuos creen que así sigue siendo... ¿O ya nó?


Hasta hace poco, un débil control sobre el encumbramiento de los rufianes de turno se hacía posible gracias al “veto de facto” que ex militares y grandes empresarios ejercían sobre las restringidas opciones que se le presentaban al electorado -“controlado”- en cada elección, a través del oscuro financiamiento de las “campañas políticas”, en un sistema diseñado para que el poder se tenga que comprar, y caro. Pero hoy, como -para algunos “de manera imperdonable”- evidenció la CICIG, esa parte del pacto ya no está funcionando bien para los titiriteros tradicionales. La corrupción y el crecimiento del crimen organizado (al principio controlado casi exclusivamente por grupos afines a los ex militares) han proliferado a tal punto, que se han constituido en fuente independiente de financiamiento electoral. A eso ha contribuido, además, entre otros factores, el ascenso de los ex guerrilleros asimilados al sistema, también auto financiados con la corrupción (¿aló, Sandra?). O sea que aquí hay “pecado” tanto de “la derecha” como de “la izquierda”. Más de tres décadas sin la consolidación de verdaderos partidos políticos (pero eso sí, con diputados “a la carta”, que gracias a los “listados de desconocidos”, no representan, realmente, al electorado y que por tanto, han decretado “reglas de juego” diseñadas para que priven los presupuestos publicitarios sobre las auténticas propuestas políticas), están “pasando factura”. “Hemos creado un monstruo” – me confesó un expresidente de la Cámara de Industria, ya fallecido, al comentar cómo la -admirada por muchos- “unidad especial” contra secuestros (que como el 007, tenía “licencia para matar”), había traidoramente asesinado a los diputados salvadoreños -de la “aliada” ARENA- al Parlacén, para robarles un ilegal alijo millonario, en aquel sonado caso, aún no plenamente esclarecido, de tiempos de Berger. “Ya nadie está a salvo”, me dijo, “así que habrá que prepararse, porque guerra es guerra”. Luego vino “la toma” de Pavón y el llamado a la CICIG, a la que los mismos que entonces la trajeron, hoy son quienes más la vilifican y repudian. “Fue más allá de lo pactado”, es la queja; porque -la CICIG- develó delitos (aunque menores, dicen) “de los chancles, también”. Por eso “hubo que echar” a esa invitada que les empezó “a oler mal”, dizque por chaira, nó por “tocarle los huevos al león”. Y entonces creyeron que “sanseacabó”, que las cosas volverían a estar bajo control; pero el problema no desapareció, sólo se “transmutó”. Como con la Hidra mítica, se cortaban tres, cuatro cabezas, pero surgían siete más. Hoy, ni más ni menos, los antiguos operadores del régimen, en algo así como “la rebelión de los guardaespaldas”, se han independizado de sus antiguos titiriteros y contra todo pronóstico, han escalado socialmente y en las esferas gubernamentales, actuando cada vez más, sin “cuidar las formas”. Restándole cada vez más legitimidad al régimen, que además, desdibujado, está resquebrajándose por dentro. Timo Chenko y sus secuaces -de muchas maneras- emblematizan ese fenómeno y consiguientemente, el sistema se encuentra en crisis y buena parte de nuestras élites ha entrado en “pánico existencial”. El país, es evidente, “se les fue de las manos”...


Pero tampoco Timo Chenko está seguro. No tiene un poder como el de Maduro, por ejemplo, en el que todos los hombres oficialmente en armas están permanentemente vigilados por la inteligencia y la contra-inteligencia que le proveen los en eso muy experimentados cuadros cubanos, de manera tal que cualquier conato de insurrección al ser detectado puede ser inmisericordemente sofocado no sólo mediante la inmediata ejecución de los involucrados, sino por el temor a terribles represalias contra parientes y otros seres queridos. Aquí todavía estamos en la etapa de los sobornos y las amenazas de procesos legales amañados. Por eso, “el Ogro” todavía tiene que caminar sobre la cuerda floja de las apariencias legales, disimulando sus berrinches con ropajes “soberanos” y “respeto” -¡oh, cinismo!- a la “independencia de poderes”. Haciendo como que sus abusos, son “la institucionalidad, funcionando”. Casi nadie le cree, pero por eso todavía trata de que le pasen “leyes ad-hoc”; porque su poder, por abusivo que actualmente sea, terminará formalmente -y en realidad, disminuirá mucho antes- en Enero del 2024, “el catorce a las catorce”. De hecho, la mazorca ya se le está desgranando: se le rebelan un grupo de alcaldes que se sienten extorsionados; se le rebelan diputados previamente comprados, echándose para atrás con iniciativas de Ley ya pactadas con el Ejecutivo; y “las dos doñas” (que pese a sus amenazas de “no dejarlas correr” siguen empequeñeciendo a su oportunista ungido en las encuestas) ya le están “sacando las uñas”. Él, a su vez, siente la presión de que probablemente sea encausado, “a la Juan Orlando Hernández”, cuando al terminar su período, Joe Biden siga siendo Presidente de los EEUU y Todd Robbinson probablemente siga siendo aún “big Honcho” en el Departamento de Estado. Porque podría ocurrir que una nueva correlación de fuerzas elimine la “inmunidad de los diputados al Parlacén” por Decreto Legislativo, como en Honduras. O podrían encausarlo aquí mismo, por los múltiples latrocinios de su gobierno. La “bola de cristal” está nublada. Hay en el régimen una incertidumbre inusual. Por eso Timo Chenko odia a la prensa independiente, a esa que expone la ya inocultable corrupción de su gobierno. De ahí su desesperación y sus errores de juicio. Su obsesión por “teledirigir” la integración de las Cortes y las entidades contraloras. Su arrebatado cuanto ridículo intento de iniciar, a través de “Miguelito” una nueva “dinastía” política, desafiando audazmente a los titiriteros tradicionales. De ahí el origen de sus emotivos zarpazos, contra jueces y fiscales, contra periodistas, contra opositores y en especial, contra José Rubén Zamora, a quien mientras más trata de hundir, en realidad, a ojos del pueblo, más eleva...


Claro que también cuenta con sus corifeos y adláteres. En un país tan polarizado como éste, siempre es posible encontrar gente dispuesta “al besamanos” y a que “del árbol caído, se haga leña”. Ahí está, por ejemplo, el Pastor amigo de “la Reina del Sur”, a quien le molestó mucho que en vez de “Cash”, elPeriódico se refiriera a él como “Wash” Luna, tras enterarse de sus relaciones “de vecindad” con la ex presidiaria de la DEA o de las “ofrendas” de la ex Vicepresidente guatemalteca que guarda prisión preventiva, Roxana Baldetti. Por eso, ese apóstol posmoderno de helicóptero y “caballos pura sangre”, utilizó su púlpito de lujo para ensañarse, innecesariamente, con el periodista encarcelado por denunciar la corrupción de los poderosos. ¿Qué habría dicho aquel Nazareno, crítico de los fariseos? Sí, muchos encuentran en el uso y ocasionales errores de la controversial sátira periodística la excusa para congraciarse con el poder y hacerle “la upa” a las medidas anti-democráticas o para ventilar sus anhelos de venganza por reales o imaginadas ofensas. Convenientemente olvidan que ese género periodístico -con sus luces y sus sombras- se hizo cívicamente útil para darle cauce a denuncias como la del escándalo de las “vacunas Sputnik” o el de la “alfombra mágica” que trajeron “a regalar” aquellos sospechosos rusos y de los que de otra forma sabríamos muy poco. Sí, pese a todo, todavía hay quienes pretenden “tapar el sol con un dedo” y defender lo indefendible. Son los mismos que siguen esperando que aquel que nos llamó “hoyos de mierda” vuelva a la Casa Blanca y así “salve” a este régimen, en peligro desde que “los comunistas” del Partido Demócrata desplazaron al golpista y proto fascista Donald Trump del centro de poder del imperio...


Pero no hay que perder la perspectiva, amable lector. Aquí son, apenas, si mucho, un 15% del electorado. Eso sí, una facción astuta que aprovechando la existencia del 15% opuesto, hoy encarnados de la manera más convincente por CODECA, planean repetir su consuetudinaria fórmula para imponer su visión minoritaria a toda la nación: atomizar a la oposición (propiciando las dos docenas de “vehículos electorales” que vienen) para que sólo los extremos “pasen a segunda vuelta” y así, nos veamos forzados, de nuevo, a elegir “al menos pior”. Así que ahí está el desafío, ciudadano: lograr que el 70% logre converger hacia una opción unificada de los amantes de la vida en república, en auténtica democracia, aunque unos estén más a la izquierda y otros más a la derecha del centro. Nó, no es fácil. Pero es imprescindible para que no se impongan, de nuevo, esos que creen que todos los chapines somos ignorantes, indiferentes o “estamos en venta”. Para que reformemos el sistema. Porque en esta coyuntura histórica si nó hay reforma, se consolidará la dictadura. Y si la dictadura sigue “apretando la tuerca”, a nadie debiera sorprender que el pueblo amanezca un día, hablando, otra vez, de Revolución...


"Publicado en la sección de Opinión de elPeriódico el 30 de Agosto de 2022"

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